Solía decir Edward Bunker, el escritor recluso, el autor de No hay bestia tan feroz y Perro come perro, el atracador que acabó su vida como actor (se le puede ver en Reservoir Dogs), que hay dos tipos de carrera, y que tienes suerte si puedes elegir la tuya. Porque, dice, aquellos que pasan al lado salvaje a una tierna edad —aquellos que cometen un primer delito por necesidad o tradición familiar—, no les queda otra que seguir ascendiendo por ese camino, porque la sociedad no te quiere de su parte. Vives en otro mundo, el mundo de los malos, y tienes que medrar. Nadie lo entiende, decía Bunker, pero así es cómo funciona. Hay dos mundos. A él, como al protagonista de El amo del corral, la obra maldita del desconocido —y malogrado: se quitó la vida a los 33— Tristan Egolf, le tocó aquel que el sistema no aprueba porque lo contradice, o lo pone contra las cuerdas o simplemente trata de reventarlo. La pregunta es por qué. Y todas las respuestas están en esta novela que jamás encontró editor en Estados Unidos hasta que no fue un éxito fuera.. Seguir leyendo
Solía decir Edward Bunker, el escritor recluso, el autor de No hay bestia tan feroz y Perro come perro, el atracador que acabó su vida como actor (se le puede ver en Reservoir Dogs), que hay dos tipos de carrera, y que tienes suerte si puedes elegir la tuya. Porque, dice, aquellos que pasan al lado salvaje a una tierna edad —aquellos que cometen un primer delito por necesidad o tradición familiar—, no les queda otra que seguir ascendiendo por ese camino, porque la sociedad no te quiere de su parte. Vives en otro mundo, el mundo de los malos, y tienes que medrar. Nadie lo entiende, decía Bunker, pero así es cómo funciona. Hay dos mundos. A él, como al protagonista de El amo del corral, la obra maldita del desconocido —y malogrado: se quitó la vida a los 33— Tristan Egolf, le tocó aquel que el sistema no aprueba porque lo contradice, o lo pone contra las cuerdas o simplemente trata de reventarlo. La pregunta es por qué. Y todas las respuestas están en esta novela que jamás encontró editor en Estados Unidos hasta que no fue un éxito fuera. Seguir leyendo
Solía decir Edward Bunker, el escritor recluso, el autor de No hay bestia tan feroz y Perro come perro, el atracador que acabó su vida como actor (se le puede ver en Reservoir Dogs), que hay dos tipos de carrera, y que tienes suerte si puedes elegir la tuya. Porque, dice, aquellos que pasan al lado salvaje a una tierna edad —aquellos que cometen un primer delito por necesidad o tradición familiar—, no les queda otra que seguir ascendiendo por ese camino, porque la sociedad no te quiere de su parte. Vives en otro mundo, el mundo de los malos, y tienes que medrar. Nadie lo entiende, decía Bunker, pero así es cómo funciona. Hay dos mundos. A él, como al protagonista de El amo del corral, la obra maldita del desconocido —y malogrado: se quitó la vida a los 33— Tristan Egolf, le tocó aquel que el sistema no aprueba porque lo contradice, o lo pone contra las cuerdas o simplemente trata de reventarlo. La pregunta es por qué. Y todas las respuestas están en esta novela que jamás encontró editor en Estados Unidos hasta que no fue un éxito fuera.. Seguir leyendo
