El primer impacto llega antes incluso de cruzar sus muros. Sobre un altozano que domina la ría de Pontevedra, el Monasterio de San Xoán de Poio impone allí su silueta con la calma de quien ha visto pasar más de mil años de historia sin perder su espacio. No es únicamente un edificio: se trata de un conjunto monumental que resume, en piedra, poder, religión y paisaje en uno de tantos enclaves inesperados de Galicia.. A apenas cuatro kilómetros de la ciudad de Pontevedra, el lugar funciona también como antesala natural de las Rías Baixas. Desde aquí, el territorio se abre hacia el Salnés y la ría de Arousa, en un entorno donde la arquitectura monumental se integra sin sobresaltos en el paisaje marcado por el azul oscuro del Atlántico. Poio, bajo este prisma, no se entiende sin su monasterio, que marca el ritmo y la identidad del entorno.. Origen e historia. La fundación del cenobio se sitúa, según la tradición, en el siglo VII de la mano de San Fructuoso de Braga. Sin embargo, los primeros documentos conservados datan del año 942, lo que refleja la dificultad de fijar con precisión sus inicios. Lo que sí está claro es que, desde muy temprano, el monasterio comenzó a acumular poder gracias a donaciones de la nobleza y de la monarquía, convirtiéndose en un actor clave en la Galicia medieval.. Ese crecimiento culminó en el siglo XVI, cuando el cenobio se integró en la congregación de San Benito de Valladolid y se creó un colegio mayor de teología que alcanzó gran prestigio. Fue una etapa de esplendor que impulsó importantes transformaciones arquitectónicas y consolidó su influencia cultural y religiosa.. Dos claustros para entender el tiempo. El visitante se encuentra con dos claustros que resumen distintas etapas del monasterio. El claustro de las Procesiones, de finales del siglo XVI, es una obra renacentista sobria y elegante, con bóvedas estrelladas y una fuente central que remite a la tradición portuguesa. Se trata de un espacio recogido, pensado para el tránsito lento y la contemplación.. Frente a él, el claustro de la Portería o de los Naranjos, construido en el siglo XVIII, abre el conjunto hacia una estética más luminosa. Aquí se encuentra uno de los elementos más singulares del monasterio: el gran mosaico del Camino de Santiago, una obra contemporánea que habla de la historia del lugar y la conecta con la tradición jacobea.. La iglesia barroca. La iglesia del monasterio refleja la superposición de estilos y épocas. Su fachada barroca, flanqueada por dos torres, anticipa un interior en el que conviven elementos renacentistas y barrocos, fruto de un proceso constructivo largo y complejo.. Una vez dentro, el retablo mayor con columnas salomónicas y la capilla del Cristo destacan como piezas clave, junto a una nave amplia cubierta por bóvedas que refuerzan la sensación de monumentalidad. Cada detalle habla de un edificio que se fue construyendo y transformando durante décadas, adaptándose a las necesidades y aspiraciones de cada época.. El hórreo inesperado. En la huerta del monasterio, una estructura rompe con cualquier expectativa: un hórreo de 123 metros de longitud que se sitúa entre los mayores de Galicia. Más allá de su función original, este elemento es una declaración del poder económico que alcanzó el cenobio en la Edad Moderna, sustentado en las rentas agrarias y marinas.. Su tamaño y su estructura, apoyada sobre múltiples pilares, impresionan desde el punto de vista arquitectónico y permiten entender la dimensión de la actividad económica que giraba en torno al monasterio.. Hoy, lejos de ser un espacio detenido en el tiempo, San Xoán de Poio mantiene su actividad religiosa y acoge a una comunidad mercedaria. Además, dispone de hospedería y forma parte de rutas de gran relevancia como la Variante Espiritual del Camino de Santiago o la Ruta del Padre Sarmiento.. Este carácter vivo es, sin duda, uno de sus mayores atractivos. Recorrer sus estancias es algo más que visitar un monumento; supone adentrarse en un espacio que sigue cumpliendo funciones, que recibe visitantes y que continúa formando parte del relato de Galicia.. Uno que avanza, en este caso, entre claustros de piedra y de silencio y que ofrece un legado al que suma una de las joyas menos visibles del conjunto: su biblioteca monástica, que supera los 100.000 volúmenes y está considerada una de las más importantes del país.
A un paso de Pontevedra, este cenobio esconde siglos de historia y un mosaico único del Camino de Santiago
El primer impacto llega antes incluso de cruzar sus muros. Sobre un altozano que domina la ría de Pontevedra, el Monasterio de San Xoán de Poio impone allí su silueta con la calma de quien ha visto pasar más de mil años de historia sin perder su espacio. No es únicamente un edificio: se trata de un conjunto monumental que resume, en piedra, poder, religión y paisaje en uno de tantos enclaves inesperados de Galicia.. A apenas cuatro kilómetros de la ciudad de Pontevedra, el lugar funciona también como antesala natural de las Rías Baixas. Desde aquí, el territorio se abre hacia el Salnés y la ría de Arousa, en un entorno donde la arquitectura monumental se integra sin sobresaltos en el paisaje marcado por el azul oscuro del Atlántico. Poio, bajo este prisma, no se entiende sin su monasterio, que marca el ritmo y la identidad del entorno.. Origen e historia. La fundación del cenobio se sitúa, según la tradición, en el siglo VII de la mano de San Fructuoso de Braga. Sin embargo, los primeros documentos conservados datan del año 942, lo que refleja la dificultad de fijar con precisión sus inicios. Lo que sí está claro es que, desde muy temprano, el monasterio comenzó a acumular poder gracias a donaciones de la nobleza y de la monarquía, convirtiéndose en un actor clave en la Galicia medieval.. Ese crecimiento culminó en el siglo XVI, cuando el cenobio se integró en la congregación de San Benito de Valladolid y se creó un colegio mayor de teología que alcanzó gran prestigio. Fue una etapa de esplendor que impulsó importantes transformaciones arquitectónicas y consolidó su influencia cultural y religiosa.. Dos claustros para entender el tiempo. El visitante se encuentra con dos claustros que resumen distintas etapas del monasterio. El claustro de las Procesiones, de finales del siglo XVI, es una obra renacentista sobria y elegante, con bóvedas estrelladas y una fuente central que remite a la tradición portuguesa. Se trata de un espacio recogido, pensado para el tránsito lento y la contemplación.. Frente a él, el claustro de la Portería o de los Naranjos, construido en el siglo XVIII, abre el conjunto hacia una estética más luminosa. Aquí se encuentra uno de los elementos más singulares del monasterio: el gran mosaico del Camino de Santiago, una obra contemporánea que habla de la historia del lugar y la conecta con la tradición jacobea.. La iglesia barroca. La iglesia del monasterio refleja la superposición de estilos y épocas. Su fachada barroca, flanqueada por dos torres, anticipa un interior en el que conviven elementos renacentistas y barrocos, fruto de un proceso constructivo largo y complejo.. Una vez dentro, el retablo mayor con columnas salomónicas y la capilla del Cristo destacan como piezas clave, junto a una nave amplia cubierta por bóvedas que refuerzan la sensación de monumentalidad. Cada detalle habla de un edificio que se fue construyendo y transformando durante décadas, adaptándose a las necesidades y aspiraciones de cada época.. El hórreo inesperado. En la huerta del monasterio, una estructura rompe con cualquier expectativa: un hórreo de 123 metros de longitud que se sitúa entre los mayores de Galicia. Más allá de su función original, este elemento es una declaración del poder económico que alcanzó el cenobio en la Edad Moderna, sustentado en las rentas agrarias y marinas.. Su tamaño y su estructura, apoyada sobre múltiples pilares, impresionan desde el punto de vista arquitectónico y permiten entender la dimensión de la actividad económica que giraba en torno al monasterio.. Hoy, lejos de ser un espacio detenido en el tiempo, San Xoán de Poio mantiene su actividad religiosa y acoge a una comunidad mercedaria. Además, dispone de hospedería y forma parte de rutas de gran relevancia como la Variante Espiritual del Camino de Santiago o la Ruta del Padre Sarmiento.. Este carácter vivo es, sin duda, uno de sus mayores atractivos. Recorrer sus estancias es algo más que visitar un monumento; supone adentrarse en un espacio que sigue cumpliendo funciones, que recibe visitantes y que continúa formando parte del relato de Galicia.. Uno que avanza, en este caso, entre claustros de piedra y de silencio y que ofrece un legado al que suma una de las joyas menos visibles del conjunto: su biblioteca monástica, que supera los 100.000 volúmenes y está considerada una de las más importantes del país.
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