En las laderas del monte Castrove, rodeado de bosques, senderos y pequeños arroyos que descienden hacia la ría de Pontevedra, se alza el monasterio de Santa María de Armenteira. Su iglesia románica, su claustro austero y la tranquilidad que envuelve el lugar atraen cada año a miles de visitantes y peregrinos.. Sin embargo, más allá de su valor histórico y arquitectónico, existe una historia que ha convertido este cenobio en uno de los enclaves más singulares de Galicia.. Cuenta la tradición que su fundador, San Ero, salió un día a pasear por los bosques cercanos al monasterio. Mientras caminaba, absorto en una profunda reflexión sobre el misterio de la vida eterna y el Paraíso, escuchó el canto de un pequeño pájaro. Aquella melodía era tan hermosa que se detuvo para escucharla con atención. Lo que para él parecieron apenas unos instantes terminó convirtiéndose en un viaje imposible a través del tiempo.. Cuando regresó al monasterio, nada era como lo había dejado.. Despertar tres siglos después. La leyenda de San Ero es una de las más conocidas de la tradición medieval gallega. Según el relato conservado durante siglos y recogido incluso por Alfonso X el Sabio en la Cantiga 103 de las Cantigas de Santa María, el abad deseaba comprender cómo era el Paraíso y qué existía más allá de la vida terrenal.. Un día, mientras paseaba por los alrededores del monasterio, quedó cautivado por el canto de un mirlo. Se sentó bajo un árbol para escucharlo y entró en un profundo éxtasis. Cuando recuperó la consciencia y emprendió el camino de regreso, descubrió que los senderos parecían diferentes y que el paisaje había cambiado. Al llegar a Armenteira, los monjes que encontró no lo reconocían. Tampoco él conocía a ninguno de ellos.. Entonces comprendió la magnitud de lo ocurrido: durante aquel aparente instante habían transcurrido trescientos años.. El monasterio. Más allá de la leyenda, los documentos históricos confirman que Ero fue el fundador del monasterio y su primer abad. La primera referencia documental conocida data de 1151 y en ella ya aparece vinculado al cenobio. Inicialmente la comunidad siguió la regla benedictina, aunque en 1162 se incorporó oficialmente a la orden del Císter.. Situado en el municipio pontevedrés de Meis, el monasterio de Armenteira se convirtió durante la Edad Media en un importante centro religioso y económico. Gracias a las donaciones y propiedades acumuladas, vivió una etapa de prosperidad que se prolongó durante siglos.. La decadencia llegó a partir del siglo XV, cuando las dificultades políticas y sociales afectaron a numerosos monasterios gallegos. Sin embargo, la incorporación a la Congregación Cisterciense de Castilla permitió recuperar la estabilidad y acometer nuevas obras durante los siglos XVI, XVII y XVIII.. El golpe definitivo llegó con la desamortización del siglo XIX. Los monjes abandonaron el cenobio y gran parte de las dependencias quedaron arruinadas. Durante décadas el conjunto permaneció prácticamente abandonado y expuesto al deterioro.. La reconstrucción. La recuperación comenzó bien entrado el siglo XX gracias al impulso de Carlos Valle-Inclán, hijo del escritor Ramón María del Valle-Inclán.. Fascinado por el lugar que había inspirado parte de la obra de su padre, promovió junto a un grupo de colaboradores la creación de la asociación Amigos de Armenteira. Gracias a sus esfuerzos se inició una profunda restauración que permitió salvar el monasterio y recuperar buena parte de su antiguo esplendor.. Aquella labor facilitó además el regreso de la vida monástica. Hoy una comunidad de monjas cistercienses mantiene viva la vida religiosa en el enclave.. Joya arquitectónica. Aunque el monasterio ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de los siglos, conserva algunos de sus elementos más valiosos. La iglesia, construida siguiendo los cánones del Císter, destaca por su sobriedad y la armonía de sus proporciones. Presenta tres naves, crucero y una singular cúpula de influencia mudéjar considerada única en Galicia.. Uno de sus elementos más llamativos es el gran rosetón occidental, que filtra la luz del atardecer y crea en el interior una atmósfera especialmente evocadora. A su lado se encuentra el claustro renacentista iniciado en el siglo XVI, alrededor del cual se organizan las distintas dependencias monásticas.. Quizá por eso, al recorrer hoy Armenteira, resulta fácil comprender cómo un paisaje de bosques silenciosos, agua y piedra pudo dar origen a una leyenda que ha sobrevivido durante casi nueve siglos. Una historia que habla del paso del tiempo, de la búsqueda de la eternidad y de un santo que, según la tradición, se sentó a escuchar el canto de un pájaro y despertó cuando ya habían pasado trescientos años.
La leyenda convierte a este espectacular enclave de las Rías Baixas en uno de los lugares más fascinantes del patrimonio gallego
En las laderas del monte Castrove, rodeado de bosques, senderos y pequeños arroyos que descienden hacia la ría de Pontevedra, se alza el monasterio de Santa María de Armenteira. Su iglesia románica, su claustro austero y la tranquilidad que envuelve el lugar atraen cada año a miles de visitantes y peregrinos.. Sin embargo, más allá de su valor histórico y arquitectónico, existe una historia que ha convertido este cenobio en uno de los enclaves más singulares de Galicia.. Cuenta la tradición que su fundador, San Ero, salió un día a pasear por los bosques cercanos al monasterio. Mientras caminaba, absorto en una profunda reflexión sobre el misterio de la vida eterna y el Paraíso, escuchó el canto de un pequeño pájaro. Aquella melodía era tan hermosa que se detuvo para escucharla con atención. Lo que para él parecieron apenas unos instantes terminó convirtiéndose en un viaje imposible a través del tiempo.. Cuando regresó al monasterio, nada era como lo había dejado.. Despertar tres siglos después. La leyenda de San Ero es una de las más conocidas de la tradición medieval gallega. Según el relato conservado durante siglos y recogido incluso por Alfonso X el Sabio en la Cantiga 103 de las Cantigas de Santa María, el abad deseaba comprender cómo era el Paraíso y qué existía más allá de la vida terrenal.. Un día, mientras paseaba por los alrededores del monasterio, quedó cautivado por el canto de un mirlo. Se sentó bajo un árbol para escucharlo y entró en un profundo éxtasis. Cuando recuperó la consciencia y emprendió el camino de regreso, descubrió que los senderos parecían diferentes y que el paisaje había cambiado. Al llegar a Armenteira, los monjes que encontró no lo reconocían. Tampoco él conocía a ninguno de ellos.. Entonces comprendió la magnitud de lo ocurrido: durante aquel aparente instante habían transcurrido trescientos años.. El monasterio. Más allá de la leyenda, los documentos históricos confirman que Ero fue el fundador del monasterio y su primer abad. La primera referencia documental conocida data de 1151 y en ella ya aparece vinculado al cenobio. Inicialmente la comunidad siguió la regla benedictina, aunque en 1162 se incorporó oficialmente a la orden del Císter.. Situado en el municipio pontevedrés de Meis, el monasterio de Armenteira se convirtió durante la Edad Media en un importante centro religioso y económico. Gracias a las donaciones y propiedades acumuladas, vivió una etapa de prosperidad que se prolongó durante siglos.. La decadencia llegó a partir del siglo XV, cuando las dificultades políticas y sociales afectaron a numerosos monasterios gallegos. Sin embargo, la incorporación a la Congregación Cisterciense de Castilla permitió recuperar la estabilidad y acometer nuevas obras durante los siglos XVI, XVII y XVIII.. El golpe definitivo llegó con la desamortización del siglo XIX. Los monjes abandonaron el cenobio y gran parte de las dependencias quedaron arruinadas. Durante décadas el conjunto permaneció prácticamente abandonado y expuesto al deterioro.. La reconstrucción. La recuperación comenzó bien entrado el siglo XX gracias al impulso de Carlos Valle-Inclán, hijo del escritor Ramón María del Valle-Inclán.. Fascinado por el lugar que había inspirado parte de la obra de su padre, promovió junto a un grupo de colaboradores la creación de la asociación Amigos de Armenteira. Gracias a sus esfuerzos se inició una profunda restauración que permitió salvar el monasterio y recuperar buena parte de su antiguo esplendor.. Aquella labor facilitó además el regreso de la vida monástica. Hoy una comunidad de monjas cistercienses mantiene viva la vida religiosa en el enclave.. Joya arquitectónica. Aunque el monasterio ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de los siglos, conserva algunos de sus elementos más valiosos. La iglesia, construida siguiendo los cánones del Císter, destaca por su sobriedad y la armonía de sus proporciones. Presenta tres naves, crucero y una singular cúpula de influencia mudéjar considerada única en Galicia.. Uno de sus elementos más llamativos es el gran rosetón occidental, que filtra la luz del atardecer y crea en el interior una atmósfera especialmente evocadora. A su lado se encuentra el claustro renacentista iniciado en el siglo XVI, alrededor del cual se organizan las distintas dependencias monásticas.. Quizá por eso, al recorrer hoy Armenteira, resulta fácil comprender cómo un paisaje de bosques silenciosos, agua y piedra pudo dar origen a una leyenda que ha sobrevivido durante casi nueve siglos. Una historia que habla del paso del tiempo, de la búsqueda de la eternidad y de un santo que, según la tradición, se sentó a escuchar el canto de un pájaro y despertó cuando ya habían pasado trescientos años.
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