Cambiando el arranque de Hijos de la ira, del poeta Dámaso Alonso, Madrid es una ciudad de miles de toneladas de granito. No existen, desde luego, últimas estadísticas. Basta la contemplación diaria. Plazas, aceras, muros, edificios, rotondas, bancos, bordillos. Casi todos los elementos que construyen el “lego” de una urbe. En los tiempos de Felipe II y Felipe IV la lógica residía en que era la piedra que se extraía de las cercanas canteras de la Sierra del Guadarrama, y El Monasterio de El Escorial fue el modelo arquitectónico de un imperio.. Seguir leyendo
La capital se ha convertido en un paisaje mineral continuo: plazas duras, aceras extensas, rotondas pétreas, enormes superficies impermeables
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Cambiando el arranque de Hijos de la ira, del poeta Dámaso Alonso, Madrid es una ciudad de miles de toneladas de granito. No existen, desde luego, últimas estadísticas. Basta la contemplación diaria. Plazas, aceras, muros, edificios, rotondas, bancos, bordillos. Casi todos los elementos que construyen el “lego” de una urbe. En los tiempos de Felipe II y Felipe IV la lógica residía en que era la piedra que se extraía de las cercanas canteras de la Sierra del Guadarrama, y El Monasterio de El Escorial fue el modelo arquitectónico de un imperio.. Seguir leyendo
