Al rechazar en referéndum la reapertura de las negociaciones para entrar en la Unión Europea, Islandia ha desmentido la idea según la cual la adhesión es, en un momento de turbulencias globales, la perspectiva insoslayable para las democracias del entorno. No es así, como demostraron el sábado los islandeses en un referéndum en el que el no se impuso con un 52,8% de votos. Los votantes han considerado que ya bastaba con la pertenencia al Espacio Económico Europeo (EEE) y a Schengen, que les permite acceder al mercado único y disfrutar de la libre circulación de personas, aunque sin derecho a voto en la legislación comunitaria que luego debe aplicar. El resultado priva a la UE de una economía próspera que habría podido incentivar la candidatura de países como Noruega, y de socio en el flanco ártico, región geopolítica y económica decisiva en las próximas décadas. La consulta es un golpe a la autoestima europeísta, pero encierra otra lección: la pertenencia no es la única forma de relación con un club que, cada vez más, necesitará otras formas de acercar a sus aliados europeos aunque no sean miembros de pleno derecho.. Seguir leyendo
El rechazo a negociar la adhesión, aun siendo un revés para la UE, muestra que hay más de una vía para integrarse en ella
Editorial. Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional. El rechazo a negociar la adhesión, aun siendo un revés para la UE, muestra que hay más de una vía para integrarse en ella. El audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.. Un partidario del ‘sí’ a la reanudación de las negociaciones para la adhesión de Islandia a la UE agita una bandera europea, el pasado domingo en Reikiavik.Marco Di Marco (Associated Press/LaPresse). Al rechazar en referéndum la reapertura de las negociaciones para entrar en la Unión Europea, Islandia ha desmentido la idea según la cual la adhesión es, en un momento de turbulencias globales, la perspectiva insoslayable para las democracias del entorno. No es así, como demostraron el sábado los islandeses en un referéndum en el que el no se impuso con un 52,8% de votos. Los votantes han considerado que ya bastaba con la pertenencia al Espacio Económico Europeo (EEE) y a Schengen, que les permite acceder al mercado único y disfrutar de la libre circulación de personas, aunque sin derecho a voto en la legislación comunitaria que luego debe aplicar. El resultado priva a la UE de una economía próspera que habría podido incentivar la candidatura de países como Noruega, y de socio en el flanco ártico, región geopolítica y económica decisiva en las próximas décadas. La consulta es un golpe a la autoestima europeísta, pero encierra otra lección: la pertenencia no es la única forma de relación con un club que, cada vez más, necesitará otras formas de acercar a sus aliados europeos aunque no sean miembros de pleno derecho.. Este país de 400.000 habitantes, sin ejército propio y fundador de la OTAN, pidió entrar en la Unión Europea en 2009, después de la crisis financiera, pero la economía islandesa se recuperó pronto y esto llevó a pensar que el paraguas europeo ya no era necesario, por lo que las negociaciones se detuvieron en 2013. La iniciativa de retomar las discusiones llegó después de una crisis de otro tipo: la que Donald Trump provocó al regresar a la Casa Blanca en 2025 y amenazar con anexionarse la cercana Groenlandia. Su embajador en Reikiavik llegó a referirse a Islandia como “el futuro Estado número 52”. Y, sin embargo, ni la inestabilidad en una región ártica donde las potencias se disputan el predominio militar y económico ni el hostigamiento de Trump convencieron a los votantes para acercarse todavía más a Bruselas. Al final ha pesado más en la decisión la defensa del sector pesquero, que supone un 40% de las exportaciones y un pilar de la economía nacional. Un sí no habría significado el ingreso inmediato y habría quedado supeditado a un futuro referéndum tras las negociaciones; el no les cerrará la puerta al menos durante unos años. Es lógica en este sentido la decepción de muchos europeístas y no es sorprendente la alegría de las fuerzas eurófobas que celebran el resultado.. Pero las declaraciones celebratorias de Marine Le Pen en Francia o Nigel Farage en Reino Unido son engañosas: los islandeses no han cuestionado su integración en las estructuras europeas, ya muy avanzada gracias a Schengen y el EEE. Y al rechazar el ingreso pleno renuncian también a participar en la toma de decisiones, lo que supone una cesión de soberanía, la palabra fetiche de estos partidos. Como el Brexit, cuyos efectos en la economía y la sociedad nadie envidia y ningún otro estado ha querido imitar, el Frexit con el que Le Pen coqueteó en el pasado sería algo muy distinto al caso islandés. La señal que envía Islandia no es, como pretenden estos dirigentes radicales, de repudio al modelo europeo. Es otra: hay una geometría variable en la integración. Esto puede ser más útil que nunca a la hora de anclar a Ucrania en la UE —aunque esté lejos de cumplir los requisitos— o para buscar la vía para acercar a Canadá e inventar otras forma de cooperación. Europa, tan cuestionada desde dentro como desde fuera, todavía está en condiciones de ejercer una fuerza de estabilidad y derecho en el mundo.. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Opinión. Opinión Editorial. Referéndum. Islandia. Referéndum UE. Brexit. EEE. Espacio Schengen. Unión Europea. Ártico. Pesca. Comisión Europea. Ucrania. Canadá. Marine Le Pen. Nigel Farage. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
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