Durante siglos, observamos el cielo nocturno y nos parecía relativamente sencillo: miles de estrellas visibles a simple vista y, gracias a los telescopios, millones de galaxias. Pero la mayor parte del universo permanece oculta para nuestros ojos. Muchos de sus fenómenos más violentos y energéticos no emiten luz visible, sino radiación en otras longitudes de onda. Si a eso le sumamos que cerca del 95% del universo está compuesto por materia y energía oscura (imposible de ver), es lógico que el cosmos no se muestre en todo su esplendor. Pero…. Ahora, un nuevo mapa cósmico ha revelado una parte de ese universo invisible y ha sacado a la luz 13,7 millones de objetos que antes permanecían ocultos. El avance procede de un enorme proyecto internacional basado en el radiotelescopio europeo Low-Frequency Array. Utilizando esta red de antenas distribuidas por varios países de Europa, los astrónomos han creado el mapa de radio del cielo más grande y detallado jamás realizado, parte del llamado LOFAR Two‑metre Sky Survey. El resultado se ha publicado en Astronomy & Astrophysics.. El mapa contiene señales procedentes de 13,7 millones de fuentes cósmicas, desde galaxias lejanas hasta explosiones de supernovas o chorros gigantes de materia expulsados por agujeros negros supermasivos. La mayoría de los telescopios observan el universo en luz visible, la misma que perciben nuestros ojos. Pero muchos de los procesos más energéticos del cosmos producen radiación en ondas de radio, invisibles para nosotros.. Cuando partículas extremadamente energéticas se mueven a gran velocidad dentro de campos magnéticos, algo común cerca de agujeros negros o en galaxias con intensa formación de estrellas, generan potentes emisiones de radio. Detectarlas permite a los astrónomos observar procesos cósmicos que de otro modo permanecerían ocultos. Por eso los mapas de radio pueden mostrar un universo completamente distinto. Donde un telescopio óptico ve una galaxia tranquila, un radiotelescopio puede revelar gigantescos chorros de partículas que se extienden millones de años luz, alimentados por un agujero negro central.. El instrumento responsable de este nuevo mapa, LOFAR, es uno de los radiotelescopios más grandes y sensibles del mundo. No se trata de un único telescopio, sino de una red de 52 estaciones distribuidas por ocho países europeos (España no está entre ellos), conectadas entre sí para funcionar como un gigantesco instrumento virtual de miles de kilómetros de diámetro.. Gracias a esta técnica, llamada interferometría, los científicos pueden captar señales de radio extremadamente débiles procedentes de galaxias muy lejanas. Construir el mapa ha sido un desafío tecnológico enorme. Los astrónomos tuvieron que procesar más de 13.000 horas de observaciones, corregir las distorsiones provocadas por la ionosfera terrestre y manejar volúmenes gigantescos de datos utilizando superordenadores.. Entre los millones de objetos detectados aparecen algunos de los fenómenos más espectaculares del universo: galaxias en colisión, restos de explosiones estelares y enormes estructuras de radio alimentadas por agujeros negros supermasivos. Muchas de estas estructuras nunca habían sido observadas con tanto detalle. Algunas son tan gigantescas que sus emisiones de radio se extienden millones de años luz en el espacio, mucho más allá de los límites visibles de sus galaxias.. El nuevo mapa también ayudará a estudiar fenómenos más sutiles, como los campos magnéticos de la Vía Láctea, las ondas de choque en cúmulos de galaxias o incluso la interacción entre estrellas y planetas en sistemas lejanos. Para los astrónomos, este catálogo es una mina de oro. Con millones de objetos registrados, los científicos podrán buscar fenómenos raros o desconocidos, estudiar la evolución de las galaxias y comprender mejor el papel de los agujeros negros en la historia del cosmos. Y esto es solo el principio: el proyecto ya trabaja en una actualización del sistema, conocida como LOFAR 2.0, que permitirá cartografiar el cielo aún más rápido y con mayor resolución.
Ha sido posible gracias a una de las mayores redes de telescopios: 52 estaciones en 8 países europeos.
Durante siglos, observamos el cielo nocturno y nos parecía relativamente sencillo: miles de estrellas visibles a simple vista y, gracias a los telescopios, millones de galaxias. Pero la mayor parte del universo permanece oculta para nuestros ojos. Muchos de sus fenómenos más violentos y energéticos no emiten luz visible, sino radiación en otras longitudes de onda. Si a eso le sumamos que cerca del 95% del universo está compuesto por materia y energía oscura (imposible de ver), es lógico que el cosmos no se muestre en todo su esplendor. Pero…. Ahora, un nuevo mapa cósmico ha revelado una parte de ese universo invisible y ha sacado a la luz 13,7 millones de objetos que antes permanecían ocultos. El avance procede de un enorme proyecto internacional basado en el radiotelescopio europeo Low-Frequency Array. Utilizando esta red de antenas distribuidas por varios países de Europa, los astrónomos han creado el mapa de radio del cielo más grande y detallado jamás realizado, parte del llamado LOFAR Two‑metre Sky Survey. El resultado se ha publicado en Astronomy & Astrophysics.. El mapa contiene señales procedentes de 13,7 millones de fuentes cósmicas, desde galaxias lejanas hasta explosiones de supernovas o chorros gigantes de materia expulsados por agujeros negros supermasivos. La mayoría de los telescopios observan el universo en luz visible, la misma que perciben nuestros ojos. Pero muchos de los procesos más energéticos del cosmos producen radiación en ondas de radio, invisibles para nosotros.. Cuando partículas extremadamente energéticas se mueven a gran velocidad dentro de campos magnéticos, algo común cerca de agujeros negros o en galaxias con intensa formación de estrellas, generan potentes emisiones de radio. Detectarlas permite a los astrónomos observar procesos cósmicos que de otro modo permanecerían ocultos. Por eso los mapas de radio pueden mostrar un universo completamente distinto. Donde un telescopio óptico ve una galaxia tranquila, un radiotelescopio puede revelar gigantescos chorros de partículas que se extienden millones de años luz, alimentados por un agujero negro central.. El instrumento responsable de este nuevo mapa, LOFAR, es uno de los radiotelescopios más grandes y sensibles del mundo. No se trata de un único telescopio, sino de una red de 52 estaciones distribuidas por ocho países europeos (España no está entre ellos), conectadas entre sí para funcionar como un gigantesco instrumento virtual de miles de kilómetros de diámetro.. Gracias a esta técnica, llamada interferometría, los científicos pueden captar señales de radio extremadamente débiles procedentes de galaxias muy lejanas. Construir el mapa ha sido un desafío tecnológico enorme. Los astrónomos tuvieron que procesar más de 13.000 horas de observaciones, corregir las distorsiones provocadas por la ionosfera terrestre y manejar volúmenes gigantescos de datos utilizando superordenadores.. Entre los millones de objetos detectados aparecen algunos de los fenómenos más espectaculares del universo: galaxias en colisión, restos de explosiones estelares y enormes estructuras de radio alimentadas por agujeros negros supermasivos. Muchas de estas estructuras nunca habían sido observadas con tanto detalle. Algunas son tan gigantescas que sus emisiones de radio se extienden millones de años luz en el espacio, mucho más allá de los límites visibles de sus galaxias.. El nuevo mapa también ayudará a estudiar fenómenos más sutiles, como los campos magnéticos de la Vía Láctea, las ondas de choque en cúmulos de galaxias o incluso la interacción entre estrellas y planetas en sistemas lejanos. Para los astrónomos, este catálogo es una mina de oro. Con millones de objetos registrados, los científicos podrán buscar fenómenos raros o desconocidos, estudiar la evolución de las galaxias y comprender mejor el papel de los agujeros negros en la historia del cosmos. Y esto es solo el principio: el proyecto ya trabaja en una actualización del sistema, conocida como LOFAR 2.0, que permitirá cartografiar el cielo aún más rápido y con mayor resolución.
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