El camino hasta la entrada con los adoquines era un desafío para los invitados, este año con algo menos de políticos por la campaña electoral. El fresco era tema recurrente para paliar los nervios. Hay noches en Sevilla en las que el Real Alcázar deja de ser un monumento y se convierte en escenario. La XXXI edición de los premios Fernando Lara fue una de ellas. El Patio de la Montería, ese rectángulo de piedra y historia donde los reyes castellanos organizaban sus cacerías y sus cortes, acogió un año más la ceremonia que desde hace 31 años convierte a la ciudad en capital literaria de las letras en español por una noche, la que el Grupo Planeta y la Fundación AXA reservan cada año a la novela en castellano. La ganadora Marta Platel no podía ocultar la emoción tras alzarse con el premio tras la decisión del jurado y consiguiendo los 120.000 euros de uno de los galardones mejor dotados de España. El título de «El baile de las criadas» llega cargado de resonancias –Genet, el servicio doméstico como metáfora, la danza como subversión– y su lectura será inevitable a partir de la pasada noche.. La gala tuvo este año una atmósfera particular, la que imprime la proximidad de las urnas en Andalucía. Con las elecciones andaluzas del 17 de mayo a menos de dos semanas, algunos de los políticos que en otras ediciones habrían ocupado los primeros asientos estaban en otro sitio: en mítines, en platós, en la batalla diaria de una campaña que no descansa ni por las letras. Quien sí estuvo fue el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, así como la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo, que representa a un Gobierno que lleva años reivindicando el papel de Andalucía como territorio de cultura. Su presencia en el Alcázar, cuando tantos compañeros de partido estaban recorriendo la comunidad en autobús electoral, tenía algo de declaración de principios. O agenda bien administrada: venía de un debate en Canal Sur. El Premio Fernando Lara nació en 1996 de la mano de José Manuel Lara Hernández, fundador del Grupo Planeta, como una apuesta explícita por la narrativa y por Andalucía y como homenaje a su hijo. Treinta y un años después, la cita mantiene su doble condición de acontecimiento literario y rito cívico andaluz. Por el Patio de la Montería han pasado Terenci Moix, Umbral, Eslava Galán o Ángeles Caso, entre muchos otros. La nómina es ya, en sí misma, un mapa de la narrativa española contemporánea. Lo que el Real Alcázar añade no es solo el marco, sino la sensación de que Sevilla –íntimamente ligada a la familia Lara– se mira hacia dentro para lucirse al mundo.
El Patio de la Montería del Alcázar acogió una gala con el trasfondo de la campaña electoral
El camino hasta la entrada con los adoquines era un desafío para los invitados, este año con algo menos de políticos por la campaña electoral. El fresco era tema recurrente para paliar los nervios. Hay noches en Sevilla en las que el Real Alcázar deja de ser un monumento y se convierte en escenario. La XXXI edición de los premios Fernando Lara fue una de ellas. El Patio de la Montería, ese rectángulo de piedra y historia donde los reyes castellanos organizaban sus cacerías y sus cortes, acogió un año más la ceremonia que desde hace 31 años convierte a la ciudad en capital literaria de las letras en español por una noche, la que el Grupo Planeta y la Fundación AXA reservan cada año a la novela en castellano. La ganadora Marta Platel no podía ocultar la emoción tras alzarse con el premio tras la decisión del jurado y consiguiendo los 120.000 euros de uno de los galardones mejor dotados de España. El título de «El baile de las criadas» llega cargado de resonancias –Genet, el servicio doméstico como metáfora, la danza como subversión– y su lectura será inevitable a partir de la pasada noche.. La gala tuvo este año una atmósfera particular, la que imprime la proximidad de las urnas en Andalucía. Con las elecciones andaluzas del 17 de mayo a menos de dos semanas, algunos de los políticos que en otras ediciones habrían ocupado los primeros asientos estaban en otro sitio: en mítines, en platós, en la batalla diaria de una campaña que no descansa ni por las letras. Quien sí estuvo fue el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, así como la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo, que representa a un Gobierno que lleva años reivindicando el papel de Andalucía como territorio de cultura. Su presencia en el Alcázar, cuando tantos compañeros de partido estaban recorriendo la comunidad en autobús electoral, tenía algo de declaración de principios. O agenda bien administrada: venía de un debate en Canal Sur. El Premio Fernando Lara nació en 1996 de la mano de José Manuel Lara Hernández, fundador del Grupo Planeta, como una apuesta explícita por la narrativa y por Andalucía y como homenaje a su hijo. Treinta y un años después, la cita mantiene su doble condición de acontecimiento literario y rito cívico andaluz. Por el Patio de la Montería han pasado Terenci Moix, Umbral, Eslava Galán o Ángeles Caso, entre muchos otros. La nómina es ya, en sí misma, un mapa de la narrativa española contemporánea. Lo que el Real Alcázar añade no es solo el marco, sino la sensación de que Sevilla –íntimamente ligada a la familia Lara– se mira hacia dentro para lucirse al mundo.
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