Hay trayectos en Galicia en los que el paisaje obliga a detenerse. Sitios casi hipnóticos. Y hay otros en los que, además de contemplarlos, se pueden atravesar colgados de un cable a decenas de metros de altura, avanzando sobre puentes suspendidos en el vacío o deslizándose en tirolina frente al océano Atlántico.. Eso es exactamente lo que ocurre en la Senda do Santo, una vía situada en plena Serra da Capelada que se ha convertido en una de las experiencias de aventura más singulares de Galicia.. A apenas unos minutos de San Andrés de Teixido, entre acantilados y montañas, se esconde una propuesta que todavía muchos desconocen: la primera y única vía ferrata de la comunidad. Un recorrido equipado con grapas metálicas, puentes de cable, cadenas y una espectacular tirolina que permite a personas sin experiencia en escalada acceder a paredes rocosas y balcones naturales con algunas de las mejores panorámicas de la costa gallega.. La sensación comienza incluso antes de iniciar el ascenso. El acceso ya anticipa que no se trata de un plan cualquiera. La carretera serpentea entre montañas verdes hasta llegar a los alrededores del mirador de Teixidelo, muy cerca de Cedeira. Desde allí, tras una breve caminata de unos quince minutos entre vegetación y roca, aparece la pared vertical donde comienza la aventura.. Entre el mar y los acantilados. La Senda do Santo está ubicada en uno de los lugares más impresionantes del litoral gallego. La Serra da Capelada domina el paisaje desde alturas que superan los 600 metros sobre el nivel del mar y alberga algunos de los acantilados más elevados de Europa continental. La vía ferrata aprovecha precisamente ese entorno privilegiado para ofrecer una experiencia que mezcla deporte, adrenalina y naturaleza.. Desde distintos puntos del recorrido se pueden observar los acantilados de Cortes, la costa atlántica y la silueta de San Andrés de Teixido, uno de los lugares más emblemáticos de Galicia. La instalación se encuentra además dentro del Complejo Geológico Cabo Ortegal, un territorio de relevancia científica internacional que aspira a convertirse en Geoparque Mundial de la UNESCO.. Precisamente una de las claves de su éxito es que está diseñada para que personas sin conocimientos técnicos puedan disfrutar de una experiencia vertical de forma segura, siempre con equipamiento homologado y, en muchos casos, acompañados por guías especializados.. Escalar sin ser escalador. Las vías ferratas nacieron hace décadas en los Alpes italianos y en las Dolomitas, aunque su popularización en España es relativamente reciente. Se trata de itinerarios instalados sobre paredes rocosas que incorporan elementos metálicos permanentes para facilitar el avance y garantizar la seguridad.. En el caso de la Senda do Santo, esta presenta un nivel K2-K3 en su recorrido principal, una dificultad moderada que permite que muchas personas puedan completarla aunque nunca hayan practicado escalada. El tramo final opcional alcanza un nivel K4, ya más exigente físicamente.. La aventura comienza con un ascenso vertical de unos 17 metros equipado con grapas metálicas. A partir de ahí, el recorrido alterna travesías horizontales, pequeños desplomes y distintos pasos suspendidos. El primero de los puentes mono suele marcar el momento en el que la adrenalina se dispara. Bajo los pies, el vacío. Frente a los ojos, el Atlántico golpeando la costa.. Después llega uno de los puntos más fotografiados de toda la ruta: un banco suspendido sobre la pared rocosa donde muchos participantes se detienen para descansar, respirar y contemplar el paisaje.. Tirolina sobre el vacío. La vía ferrata fue ampliada recientemente con un nuevo recorrido opcional que incorpora una tirolina de unos 45 metros y un tramo más técnico catalogado como K4.. La tirolina actúa casi como una frontera psicológica entre quienes quieren simplemente disfrutar de la experiencia y quienes buscan un reto mayor. Tras lanzarse sobre el vacío, comienza una sección más física, con pequeños desplomes y pasos que requieren mayor fuerza en brazos y piernas. Aun así, el tramo sigue siendo accesible para personas con una condición física media y supervisión adecuada.. Aunque las vías ferratas son habituales en comunidades como Aragón, Cataluña o Andalucía, Galicia apenas contaba hasta hace poco con infraestructuras de este tipo. La apertura de la Senda do Santo en 2022 convirtió a Cedeira en un nuevo referente del turismo activo gallego.. La experiencia suele completarse con una visita a Cedeira o a San Andrés de Teixido, dos enclaves que aportan un fuerte componente cultural y gastronómico a la jornada. Muchos participantes aprovechan el día para recorrer el santuario, probar pescado y marisco en la villa marinera o descubrir algunos de los miradores más espectaculares de la costa norte gallega.
La ruta discurre entre los acantalidados más elevados de la Europa continental mezclando vértigo y adrenalina
Hay trayectos en Galicia en los que el paisaje obliga a detenerse. Sitios casi hipnóticos. Y hay otros en los que, además de contemplarlos, se pueden atravesar colgados de un cable a decenas de metros de altura, avanzando sobre puentes suspendidos en el vacío o deslizándose en tirolina frente al océano Atlántico.. Eso es exactamente lo que ocurre en la Senda do Santo, una vía situada en plena Serra da Capelada que se ha convertido en una de las experiencias de aventura más singulares de Galicia.. A apenas unos minutos de San Andrés de Teixido, entre acantilados y montañas, se esconde una propuesta que todavía muchos desconocen: la primera y única vía ferrata de la comunidad. Un recorrido equipado con grapas metálicas, puentes de cable, cadenas y una espectacular tirolina que permite a personas sin experiencia en escalada acceder a paredes rocosas y balcones naturales con algunas de las mejores panorámicas de la costa gallega.. La sensación comienza incluso antes de iniciar el ascenso. El acceso ya anticipa que no se trata de un plan cualquiera. La carretera serpentea entre montañas verdes hasta llegar a los alrededores del mirador de Teixidelo, muy cerca de Cedeira. Desde allí, tras una breve caminata de unos quince minutos entre vegetación y roca, aparece la pared vertical donde comienza la aventura.. Entre el mar y los acantilados. La Senda do Santo está ubicada en uno de los lugares más impresionantes del litoral gallego. La Serra da Capelada domina el paisaje desde alturas que superan los 600 metros sobre el nivel del mar y alberga algunos de los acantilados más elevados de Europa continental. La vía ferrata aprovecha precisamente ese entorno privilegiado para ofrecer una experiencia que mezcla deporte, adrenalina y naturaleza.. Desde distintos puntos del recorrido se pueden observar los acantilados de Cortes, la costa atlántica y la silueta de San Andrés de Teixido, uno de los lugares más emblemáticos de Galicia. La instalación se encuentra además dentro del Complejo Geológico Cabo Ortegal, un territorio de relevancia científica internacional que aspira a convertirse en Geoparque Mundial de la UNESCO.. Precisamente una de las claves de su éxito es que está diseñada para que personas sin conocimientos técnicos puedan disfrutar de una experiencia vertical de forma segura, siempre con equipamiento homologado y, en muchos casos, acompañados por guías especializados.. Escalar sin ser escalador. Las vías ferratas nacieron hace décadas en los Alpes italianos y en las Dolomitas, aunque su popularización en España es relativamente reciente. Se trata de itinerarios instalados sobre paredes rocosas que incorporan elementos metálicos permanentes para facilitar el avance y garantizar la seguridad.. En el caso de la Senda do Santo, esta presenta un nivel K2-K3 en su recorrido principal, una dificultad moderada que permite que muchas personas puedan completarla aunque nunca hayan practicado escalada. El tramo final opcional alcanza un nivel K4, ya más exigente físicamente.. La aventura comienza con un ascenso vertical de unos 17 metros equipado con grapas metálicas. A partir de ahí, el recorrido alterna travesías horizontales, pequeños desplomes y distintos pasos suspendidos. El primero de los puentes mono suele marcar el momento en el que la adrenalina se dispara. Bajo los pies, el vacío. Frente a los ojos, el Atlántico golpeando la costa.. Después llega uno de los puntos más fotografiados de toda la ruta: un banco suspendido sobre la pared rocosa donde muchos participantes se detienen para descansar, respirar y contemplar el paisaje.. Tirolina sobre el vacío. La vía ferrata fue ampliada recientemente con un nuevo recorrido opcional que incorpora una tirolina de unos 45 metros y un tramo más técnico catalogado como K4.. La tirolina actúa casi como una frontera psicológica entre quienes quieren simplemente disfrutar de la experiencia y quienes buscan un reto mayor. Tras lanzarse sobre el vacío, comienza una sección más física, con pequeños desplomes y pasos que requieren mayor fuerza en brazos y piernas. Aun así, el tramo sigue siendo accesible para personas con una condición física media y supervisión adecuada.. Aunque las vías ferratas son habituales en comunidades como Aragón, Cataluña o Andalucía, Galicia apenas contaba hasta hace poco con infraestructuras de este tipo. La apertura de la Senda do Santo en 2022 convirtió a Cedeira en un nuevo referente del turismo activo gallego.. La experiencia suele completarse con una visita a Cedeira o a San Andrés de Teixido, dos enclaves que aportan un fuerte componente cultural y gastronómico a la jornada. Muchos participantes aprovechan el día para recorrer el santuario, probar pescado y marisco en la villa marinera o descubrir algunos de los miradores más espectaculares de la costa norte gallega.
Noticias de Galicia: última hora y actualidad de A Coruña, Vigo, Lugo, Santiago de Compostela
