En Westminster ya nadie pregunta si Keir Starmer puede sobrevivir políticamente, sino cuánto tiempo más podrá resistir en Downing Street. Apenas dos años después de lograr la mayoría absoluta con la promesa de devolver la estabilidad al Reino Unido tras el caos conservador, el primer ministro laborista se enfrenta ahora a una rebelión interna cada vez más difícil de contener. El desplome en las encuestas, el batacazo en las elecciones locales y regionales y la sensación creciente de falta de rumbo han abierto una guerra soterrada dentro del partido para preparar la sucesión.. Aunque públicamente muchos ministros siguen cerrando filas, en privado Westminster lleva días convertido en una gigantesca quiniela sobre quién podría ocupar el número 10 si Starmer cae. Desde figuras moderadas del ala blairista hasta representantes de la izquierda sindicalista del partido, varios nombres maniobran ya —abierta o discretamente— para posicionarse ante un eventual desafío al liderazgo. Algunos llevan años esperando su oportunidad. Otros han visto cómo la crisis aceleraba de golpe sus ambiciones.. ANDY BURNHAM. A Andy Burnham, 56 años, le llaman desde hace años el “Rey del Norte”. Y no solo por su enfrentamiento con los conservadores durante la pandemia o por su acento mancuniano cuidadosamente cultivado. El alcalde de Greater Manchester se ha convertido en el símbolo de una izquierda laborista que quiere recuperar la conexión con las antiguas ciudades industriales británicas, hoy seducidas en parte por el populismo de Nigel Farage. Ahora, mientras Keir Starmer atraviesa la mayor crisis de su liderazgo, Burnham vuelve a sonar con fuerza como posible salvador del laborismo.. No sería la primera vez que lo intenta. Hace más de una década se presentó dos veces al liderazgo del partido y perdió frente a Ed Miliband y Jeremy Corbyn. Pero hoy muchos diputados laboristas creen que es la figura con más capacidad para reconstruir una formación hundida en las encuestas y castigada en las urnas. El principal obstáculo es que Burnham ni siquiera es diputado. Necesita regresar antes a Westminster mediante unas elecciones parciales para poder desafiar oficialmente a Starmer.. Nacido en Liverpool en 1970 y criado en Culcheth, un tranquilo pueblo de Cheshire, Burnham creció en una familia profundamente laborista. Su padre trabajaba como ingeniero para BT y su madre era recepcionista de un centro médico. De adolescente quedó impactado por la serie de la BBC Boys from the Blackstuff, sobre el desempleo en Liverpool durante la era Thatcher, y decidió afiliarse al Partido Laborista con apenas 14 años.. Fanático del Everton y apasionado de la música indie del norte de Inglaterra —especialmente de The Smiths y The Stone Roses— estudió Filología Inglesa en Cambridge, aunque siempre ha confesado que allí se sintió como un “impostor”. Antes de entrar en política trabajó como periodista en revistas especializadas.. Tras ascender rápidamente bajo los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, fue ministro de Cultura y posteriormente de Sanidad. Sin embargo, terminó alejándose de Westminster, desencantado con la política tradicional, para convertirse en 2017 en el primer alcalde de Greater Manchester.. Desde entonces ha construido su propio modelo político, el llamado “Manchesterismo”. Su gran bandera ha sido recuperar el control público de los autobuses e integrarlos con tranvías y otros transportes bajo la red Bee Network. Defiende además más vivienda social, una mayor descentralización del poder y reformas profundas del sistema político británico, incluyendo la abolición de la Cámara de los Lores.. Para sus seguidores, representa autenticidad y cercanía. Para sus detractores, es un político populista de izquierdas con ambiciones desmedidas. Pero en un laborismo sumido en el caos, Burnham vuelve a aparecer como el hombre al que muchos miran cuando el partido necesita reinventarse.. WES STREETING. Wes Streeting, 43 años, lleva años preparándose para el gran salto. El ex ministro de Sanidad -que dimitió el pasado jueves aumentando la presión contra el primer ministro- es visto por muchos dentro del laborismo como uno de los políticos más ambiciosos y mediáticos de su generación. Nunca ha ocultado del todo su deseo de llegar algún día a Downing Street, aunque hasta ahora había evitado desafiar abiertamente a Keir Starmer. Sin embargo, en medio de la creciente crisis del Gobierno, su nombre vuelve a sonar con fuerza como posible relevo.. Dentro del partido, Streeting es considerado uno de los mejores comunicadores laboristas. Su estilo directo, ágil y televisivo le ha convertido en uno de los rostros favoritos para defender al Ejecutivo en entrevistas y debates. Sus aliados creen que posee la habilidad política necesaria para vender el mensaje laborista mucho mejor que Starmer. Sus detractores, en cambio, recelan de su posición claramente situada en la derecha del partido, lo que podría dificultarle tender puentes con el ala más izquierdista.. Nacido en el este de Londres en 1983, hijo de padres adolescentes, Streeting creció en la pobreza, en un pequeño piso municipal de Stepney que él mismo ha descrito como “cutre”. Sus dos abuelos —ambos llamados Bill— marcaron profundamente su infancia y terminaron inspirando el título de sus memorias publicadas en 2023. Uno de ellos pasó tiempo en prisión por robo a mano armada; el otro era un conservador tradicional de clase trabajadora que había servido en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial.. Streeting asegura que aquella infancia le dejó una visión “cínica” sobre el Estado: consciente de sus limitaciones, pero también de su capacidad para transformar vidas. Fue el primero de su familia en llegar a la universidad y estudió Historia en Cambridge. Allí salió públicamente del armario durante su segundo año, una experiencia que ha reconocido que le costó reconciliar con su fe cristiana, ya que sigue siendo un anglicano practicante.. Obsesionado con la política desde niño, él mismo ha contado que gastó un premio escolar en comprar una colección de discursos de Tony Blair, que leía en el autobús camino del colegio. “¿Qué clase de niño lee discursos de Tony Blair en el autobús?”, bromeó años después.. Su ascenso fue rápido. Presidió la Unión de Estudiantes de Cambridge y más tarde el Sindicato Nacional de Estudiantes. Después trabajó en el sector benéfico antes de entrar en política local como concejal en Redbridge. En 2015 llegó al Parlamento como diputado por Ilford North, uno de los escaños más disputados del noreste de Londres, que ha logrado conservar desde entonces.. Durante años fue considerado cercano a Peter Mandelson, arquitecto del Nuevo Laborismo. Pero Streeting ha intentado distanciarse públicamente del ex ministro tras la polémica por sus vínculos con Jeffrey Epstein. Incluso publicó mensajes privados intercambiados entre ambos para insistir en que nunca fueron amigos íntimos. Una señal más de que, en política británica, el futuro empieza muchas veces por eliminar cuidadosamente el pasado.. ANGELA RAYNER. Angela Rayner, 46 años, nunca encajó en el molde clásico de Westminster. Ni por origen, ni por estilo, ni por lenguaje. Y precisamente por eso, en medio de la crisis existencial que atraviesa el laborismo, vuelve a aparecer como una de las figuras mejor posicionadas para disputar el liderazgo del partido. La ex vice primera ministra —obligada a dimitir el pasado septiembre por una polémica sobre su situación fiscal— ha logrado sobrevivir políticamente a un escándalo que habría acabado con muchos otros. Ahora que la investigación se ha cerrado y ha sido exonerada de evasión deliberada, su nombre vuelve a sonar entre los favoritos para suceder a Keir Starmer.. Para el actual primer ministro, Rayner era mucho más que una número dos. Actuaba como puente con el ala izquierda del partido y como garante de cierto equilibrio interno entre la estrategia moderada de Starmer y las demandas de las bases sindicales y obreras. Su pérdida dejó un vacío político y simbólico difícil de llenar.. Nacida como Angela Bowen en Stockport, en Greater Manchester, en 1980, Rayner creció en uno de los barrios de vivienda social más pobres de la región. Su madre padecía trastorno bipolar y depresión severa, y ella asumió responsabilidades familiares desde niña. Ha contado cómo dormía a los pies de la cama de su madre para asegurarse de que no se hiciera daño. La familia apenas podía pagar el agua caliente y acudía a casa de la abuela para bañarse.. En el colegio le dijeron que “nunca llegaría a nada”. Abandonó los estudios sin titulaciones y fue madre a los 16 años. Pero mientras trabajaba cuidando ancianos en Stockport, estudió lenguaje de signos y atención social a tiempo parcial. Fue en el sindicato Unison donde encontró su verdadera plataforma de ascenso. Allí se ganó fama de sindicalista dura, directa y combativa.. Rayner asegura que el movimiento sindical la transformó “de una chica de un barrio obrero a una mujer que siente que puede conquistar el mundo”. En 2015 fue elegida diputada por Ashton-under-Lyne y rápidamente se convirtió en una figura destacada bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn. Más tarde, junto a Starmer, asumió el papel de heredera del viejo laborismo obrero dentro de un proyecto más centrista. Muchos la compararon con John Prescott, el histórico viceprimer ministro de Tony Blair.. Bronca, carismática y con fuerte instinto político, Rayner ha sido una de las voces más agresivas contra los conservadores. Pero también ha acumulado polémicas, desde ataques sexistas hasta investigaciones fiscales por la compra de su vivienda. Dimitió tras admitir errores en el pago de impuestos, aunque finalmente fue absuelta de cualquier delito. Tras una vida entera sorteando obstáculos, pocos en Westminster se atreven hoy a subestimarla.. ED MILIBAND. A Ed Miliband, 56 años, actual ministro de Medio Ambiente, le persigue desde hace años una doble imagen: la del intelectual progresista que quiso redefinir el laborismo tras Tony Blair y la del político que nunca logró convencer del todo al electorado británico de que estaba preparado para gobernar. Sin embargo, en medio de la crisis que atraviesa hoy el Partido Laborista, el ex líder vuelve a ganar peso como una de las figuras con más experiencia y autoridad ideológica dentro de la formación.. Nacido en Londres en 1969, Miliband creció prácticamente rodeado de política. Es hijo de Ralph Miliband, uno de los intelectuales marxistas más influyentes de la izquierda británica del siglo XX, y de Marion Kozak, superviviente judía de la ocupación nazi en Bélgica. Su hermano mayor, David Miliband, también se convertiría en una de las grandes figuras del Nuevo Laborismo. La rivalidad entre ambos marcaría para siempre su carrera política.. Educado en una familia profundamente politizada y académica, Ed estudió Filosofía, Política y Economía en Oxford antes de especializarse en Economía en la London School of Economics. Inteligente, cerebral y poco dado al espectáculo mediático, comenzó trabajando como asesor del entonces canciller Gordon Brown, con quien desarrolló una estrecha relación política e ideológica.. Fue elegido diputado en 2005 y ascendió rápidamente bajo el gobierno laborista. Con Gordon Brown llegó al gabinete como secretario de Energía y Cambio Climático, donde empezó a construir una reputación como uno de los políticos más comprometidos con la agenda climática mucho antes de que esta dominara el debate político europeo.. Pero su gran salto llegó en 2010, tras la derrota laborista frente a David Cameron. Contra todo pronóstico, Ed derrotó a su propio hermano David en la batalla por el liderazgo del partido, gracias sobre todo al apoyo sindical. Aquella victoria dejó heridas profundas y alimentó la percepción de que era un líder elegido por las bases, pero no necesariamente por el país.. Durante cinco años intentó alejar al laborismo del legado de Tony Blair, denunciando los excesos del capitalismo financiero y defendiendo una agenda más socialdemócrata. Sin embargo, nunca logró proyectar autoridad como primer ministro en espera. Su imagen quedó dañada por caricaturas constantes en la prensa conservadora, que lo retrataban como torpe, extraño o intelectualmente elitista. Incluso una fotografía comiendo un bocadillo de bacon se convirtió en símbolo cruel de sus dificultades mediáticas.. Tras perder las elecciones de 2015 dimitió como líder y muchos lo dieron políticamente por acabado. Pero Miliband sobrevivió. Desde los escaños traseros del Parlamento reconstruyó poco a poco su reputación, especialmente gracias a su defensa apasionada de la transición ecológica.. Hoy, convertido en uno de los referentes ideológicos del laborismo contemporáneo, Miliband representa algo poco habitual en Westminster: un político que perdió el poder, pero no la influencia.
En Westminster ya nadie pregunta si Keir Starmer puede sobrevivir políticamente, sino cuánto tiempo más podrá resistir en Downing Street. Apenas dos años después de lograr la mayoría absoluta con la promesa de devolver la estabilidad al Reino Unido tras el caos conservador, el primer ministro laborista se enfrenta ahora a una rebelión interna cada vez más difícil de contener. El desplome en las encuestas, el batacazo en las elecciones locales y regionales y la sensación creciente de falta de rumbo han abierto una guerra soterrada dentro del partido para preparar la sucesión.. Aunque públicamente muchos ministros siguen cerrando filas, en privado Westminster lleva días convertido en una gigantesca quiniela sobre quién podría ocupar el número 10 si Starmer cae. Desde figuras moderadas del ala blairista hasta representantes de la izquierda sindicalista del partido, varios nombres maniobran ya —abierta o discretamente— para posicionarse ante un eventual desafío al liderazgo. Algunos llevan años esperando su oportunidad. Otros han visto cómo la crisis aceleraba de golpe sus ambiciones.. ANDY BURNHAM. A Andy Burnham, 56 años, le llaman desde hace años el “Rey del Norte”. Y no solo por su enfrentamiento con los conservadores durante la pandemia o por su acento mancuniano cuidadosamente cultivado. El alcalde de Greater Manchester se ha convertido en el símbolo de una izquierda laborista que quiere recuperar la conexión con las antiguas ciudades industriales británicas, hoy seducidas en parte por el populismo de Nigel Farage. Ahora, mientras Keir Starmer atraviesa la mayor crisis de su liderazgo, Burnham vuelve a sonar con fuerza como posible salvador del laborismo.. No sería la primera vez que lo intenta. Hace más de una década se presentó dos veces al liderazgo del partido y perdió frente a Ed Miliband y Jeremy Corbyn. Pero hoy muchos diputados laboristas creen que es la figura con más capacidad para reconstruir una formación hundida en las encuestas y castigada en las urnas. El principal obstáculo es que Burnham ni siquiera es diputado. Necesita regresar antes a Westminster mediante unas elecciones parciales para poder desafiar oficialmente a Starmer.. Nacido en Liverpool en 1970 y criado en Culcheth, un tranquilo pueblo de Cheshire, Burnham creció en una familia profundamente laborista. Su padre trabajaba como ingeniero para BT y su madre era recepcionista de un centro médico. De adolescente quedó impactado por la serie de la BBC Boys from the Blackstuff, sobre el desempleo en Liverpool durante la era Thatcher, y decidió afiliarse al Partido Laborista con apenas 14 años.. Fanático del Everton y apasionado de la música indie del norte de Inglaterra —especialmente de The Smiths y The Stone Roses— estudió Filología Inglesa en Cambridge, aunque siempre ha confesado que allí se sintió como un “impostor”. Antes de entrar en política trabajó como periodista en revistas especializadas.. Tras ascender rápidamente bajo los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, fue ministro de Cultura y posteriormente de Sanidad. Sin embargo, terminó alejándose de Westminster, desencantado con la política tradicional, para convertirse en 2017 en el primer alcalde de Greater Manchester.. Desde entonces ha construido su propio modelo político, el llamado “Manchesterismo”. Su gran bandera ha sido recuperar el control público de los autobuses e integrarlos con tranvías y otros transportes bajo la red Bee Network. Defiende además más vivienda social, una mayor descentralización del poder y reformas profundas del sistema político británico, incluyendo la abolición de la Cámara de los Lores.. Para sus seguidores, representa autenticidad y cercanía. Para sus detractores, es un político populista de izquierdas con ambiciones desmedidas. Pero en un laborismo sumido en el caos, Burnham vuelve a aparecer como el hombre al que muchos miran cuando el partido necesita reinventarse.. WES STREETING. Wes Streeting, 43 años, lleva años preparándose para el gran salto. El ex ministro de Sanidad -que dimitió el pasado jueves aumentando la presión contra el primer ministro- es visto por muchos dentro del laborismo como uno de los políticos más ambiciosos y mediáticos de su generación. Nunca ha ocultado del todo su deseo de llegar algún día a Downing Street, aunque hasta ahora había evitado desafiar abiertamente a Keir Starmer. Sin embargo, en medio de la creciente crisis del Gobierno, su nombre vuelve a sonar con fuerza como posible relevo.. Dentro del partido, Streeting es considerado uno de los mejores comunicadores laboristas. Su estilo directo, ágil y televisivo le ha convertido en uno de los rostros favoritos para defender al Ejecutivo en entrevistas y debates. Sus aliados creen que posee la habilidad política necesaria para vender el mensaje laborista mucho mejor que Starmer. Sus detractores, en cambio, recelan de su posición claramente situada en la derecha del partido, lo que podría dificultarle tender puentes con el ala más izquierdista.. Nacido en el este de Londres en 1983, hijo de padres adolescentes, Streeting creció en la pobreza, en un pequeño piso municipal de Stepney que él mismo ha descrito como “cutre”. Sus dos abuelos —ambos llamados Bill— marcaron profundamente su infancia y terminaron inspirando el título de sus memorias publicadas en 2023. Uno de ellos pasó tiempo en prisión por robo a mano armada; el otro era un conservador tradicional de clase trabajadora que había servido en la Marina durante la Segunda Guerra Mundial.. Streeting asegura que aquella infancia le dejó una visión “cínica” sobre el Estado: consciente de sus limitaciones, pero también de su capacidad para transformar vidas. Fue el primero de su familia en llegar a la universidad y estudió Historia en Cambridge. Allí salió públicamente del armario durante su segundo año, una experiencia que ha reconocido que le costó reconciliar con su fe cristiana, ya que sigue siendo un anglicano practicante.. Obsesionado con la política desde niño, él mismo ha contado que gastó un premio escolar en comprar una colección de discursos de Tony Blair, que leía en el autobús camino del colegio. “¿Qué clase de niño lee discursos de Tony Blair en el autobús?”, bromeó años después.. Su ascenso fue rápido. Presidió la Unión de Estudiantes de Cambridge y más tarde el Sindicato Nacional de Estudiantes. Después trabajó en el sector benéfico antes de entrar en política local como concejal en Redbridge. En 2015 llegó al Parlamento como diputado por Ilford North, uno de los escaños más disputados del noreste de Londres, que ha logrado conservar desde entonces.. Durante años fue considerado cercano a Peter Mandelson, arquitecto del Nuevo Laborismo. Pero Streeting ha intentado distanciarse públicamente del ex ministro tras la polémica por sus vínculos con Jeffrey Epstein. Incluso publicó mensajes privados intercambiados entre ambos para insistir en que nunca fueron amigos íntimos. Una señal más de que, en política británica, el futuro empieza muchas veces por eliminar cuidadosamente el pasado.. ANGELA RAYNER. Angela Rayner, 46 años, nunca encajó en el molde clásico de Westminster. Ni por origen, ni por estilo, ni por lenguaje. Y precisamente por eso, en medio de la crisis existencial que atraviesa el laborismo, vuelve a aparecer como una de las figuras mejor posicionadas para disputar el liderazgo del partido. La ex vice primera ministra —obligada a dimitir el pasado septiembre por una polémica sobre su situación fiscal— ha logrado sobrevivir políticamente a un escándalo que habría acabado con muchos otros. Ahora que la investigación se ha cerrado y ha sido exonerada de evasión deliberada, su nombre vuelve a sonar entre los favoritos para suceder a Keir Starmer.. Para el actual primer ministro, Rayner era mucho más que una número dos. Actuaba como puente con el ala izquierda del partido y como garante de cierto equilibrio interno entre la estrategia moderada de Starmer y las demandas de las bases sindicales y obreras. Su pérdida dejó un vacío político y simbólico difícil de llenar.. Nacida como Angela Bowen en Stockport, en Greater Manchester, en 1980, Rayner creció en uno de los barrios de vivienda social más pobres de la región. Su madre padecía trastorno bipolar y depresión severa, y ella asumió responsabilidades familiares desde niña. Ha contado cómo dormía a los pies de la cama de su madre para asegurarse de que no se hiciera daño. La familia apenas podía pagar el agua caliente y acudía a casa de la abuela para bañarse.. En el colegio le dijeron que “nunca llegaría a nada”. Abandonó los estudios sin titulaciones y fue madre a los 16 años. Pero mientras trabajaba cuidando ancianos en Stockport, estudió lenguaje de signos y atención social a tiempo parcial. Fue en el sindicato Unison donde encontró su verdadera plataforma de ascenso. Allí se ganó fama de sindicalista dura, directa y combativa.. Rayner asegura que el movimiento sindical la transformó “de una chica de un barrio obrero a una mujer que siente que puede conquistar el mundo”. En 2015 fue elegida diputada por Ashton-under-Lyne y rápidamente se convirtió en una figura destacada bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn. Más tarde, junto a Starmer, asumió el papel de heredera del viejo laborismo obrero dentro de un proyecto más centrista. Muchos la compararon con John Prescott, el histórico viceprimer ministro de Tony Blair.. Bronca, carismática y con fuerte instinto político, Rayner ha sido una de las voces más agresivas contra los conservadores. Pero también ha acumulado polémicas, desde ataques sexistas hasta investigaciones fiscales por la compra de su vivienda. Dimitió tras admitir errores en el pago de impuestos, aunque finalmente fue absuelta de cualquier delito. Tras una vida entera sorteando obstáculos, pocos en Westminster se atreven hoy a subestimarla.. ED MILIBAND. A Ed Miliband, 56 años, actual ministro de Medio Ambiente, le persigue desde hace años una doble imagen: la del intelectual progresista que quiso redefinir el laborismo tras Tony Blair y la del político que nunca logró convencer del todo al electorado británico de que estaba preparado para gobernar. Sin embargo, en medio de la crisis que atraviesa hoy el Partido Laborista, el ex líder vuelve a ganar peso como una de las figuras con más experiencia y autoridad ideológica dentro de la formación.. Nacido en Londres en 1969, Miliband creció prácticamente rodeado de política. Es hijo de Ralph Miliband, uno de los intelectuales marxistas más influyentes de la izquierda británica del siglo XX, y de Marion Kozak, superviviente judía de la ocupación nazi en Bélgica. Su hermano mayor, David Miliband, también se convertiría en una de las grandes figuras del Nuevo Laborismo. La rivalidad entre ambos marcaría para siempre su carrera política.. Educado en una familia profundamente politizada y académica, Ed estudió Filosofía, Política y Economía en Oxford antes de especializarse en Economía en la London School of Economics. Inteligente, cerebral y poco dado al espectáculo mediático, comenzó trabajando como asesor del entonces canciller Gordon Brown, con quien desarrolló una estrecha relación política e ideológica.. Fue elegido diputado en 2005 y ascendió rápidamente bajo el gobierno laborista. Con Gordon Brown llegó al gabinete como secretario de Energía y Cambio Climático, donde empezó a construir una reputación como uno de los políticos más comprometidos con la agenda climática mucho antes de que esta dominara el debate político europeo.. Pero su gran salto llegó en 2010, tras la derrota laborista frente a David Cameron. Contra todo pronóstico, Ed derrotó a su propio hermano David en la batalla por el liderazgo del partido, gracias sobre todo al apoyo sindical. Aquella victoria dejó heridas profundas y alimentó la percepción de que era un líder elegido por las bases, pero no necesariamente por el país.. Durante cinco años intentó alejar al laborismo del legado de Tony Blair, denunciando los excesos del capitalismo financiero y defendiendo una agenda más socialdemócrata. Sin embargo, nunca logró proyectar autoridad como primer ministro en espera. Su imagen quedó dañada por caricaturas constantes en la prensa conservadora, que lo retrataban como torpe, extraño o intelectualmente elitista. Incluso una fotografía comiendo un bocadillo de bacon se convirtió en símbolo cruel de sus dificultades mediáticas.. Tras perder las elecciones de 2015 dimitió como líder y muchos lo dieron políticamente por acabado. Pero Miliband sobrevivió. Desde los escaños traseros del Parlamento reconstruyó poco a poco su reputación, especialmente gracias a su defensa apasionada de la transición ecológica.. Hoy, convertido en uno de los referentes ideológicos del laborismo contemporáneo, Miliband representa algo poco habitual en Westminster: un político que perdió el poder, pero no la influencia.
Así son los candidatos para sustituir a Keir Starmer: desde figuras moderadas del ala blairista hasta representantes de la izquierda sindicalista del partido
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