La duquesa compró en su juventud ‘Busto de mujer con sombrero de cerezas’, un cuadro que la Casa de Alba vendió hace una década por 10 millones
No es un secreto que Cayetana de Alba sentía fascinación por el arte. Con apenas seis años, pisó por primera vez un museo. Era El Prado. A su lado, de su mano, estaba su padre, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó. Además, fue musa de pintores como Zuloaga, quien la retrató a los cinco años a lomos de su poni Tommy. También años después, ya siendo jovencita.. Pero la corriente artística que verdaderamente le fascinaba era el impresionismo y se declaraba «admiradora» de uno de sus grandes maestros, Pierre-Auguste Renoir; por lo que no es extraño que, en su juventud, la Duquesa de Alba comprara una de sus obras: ‘Busto de mujer con sombrero de cerezas’, pintada por el artista en 1880. Bien conservado, encontró su lugar en el Palacio de Liria de Madrid.. El lienzo muestra a una joven de perfil con gesto melancólico y la mirada perdida. Aunque lo que más llama la atención, y que da nombre a la obra, es ese tocado que luce repleto de cerezas.. Vuelta a la circulación. Y es este mismo cuadro el que acaba de volver a la circulación en la TEFAF de Maastrich, donde el Renoir se ha puesto a la venta por 8,6 millones de euros, un precio inferior al que hace diez años alcanzó (10 millones) cuando la Casa de Alba se deshizo de él para concluir el reparto de la herencia. Fue entonces cuando la obra acaba se expuso en el Museo Meadows de Dallas («el pequeño Prado»), a donde llegó en septiembre de 2015.. Cuando Renoir pintó el cuadro tenía 40 años y parece que ya había conocido a Aline Charigot, la mujer de su vida y a la que convertiría en su esposa en 1890. Y fue durante todo ese periodo en el que el artista conoció el éxito. No obstante, también le asaltaron las dudas: confesó al marchante Ambroise Vollard su hartazgo por la manera de pintar impresionista, ya no le satisfacía como antes. La antigua pintura de la Casa de Alba pertenecería al periodo denominado «ingresco», caracterizado por un dibujo más limpio y de mayor precisión.. Ahora, Renoir, siempre de moda, vuelve a protagonizar uno de los cuadros del momento en Maastrich, en una feria que permanecerá activa hasta el próximo jueves; y en la que en su estreno LA RAZÓN pudo comprobar cómo crece el interés en los pintores españoles frente a otros clásicos como Leonardo y el nuevo ‘Salvator Mundi’, que también acapara la atención estos días.
Arte
No es un secreto que Cayetana de Alba sentía fascinación por el arte. Con apenas seis años, pisó por primera vez un museo. Era El Prado. A su lado, de su mano, estaba su padre, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó. Además, fue musa de pintores como Zuloaga, quien la retrató a los cinco años a lomos de su poni Tommy. También años después, ya siendo jovencita.. Pero la corriente artística que verdaderamente le fascinaba era el impresionismo y se declaraba «admiradora» de uno de sus grandes maestros, Pierre-Auguste Renoir; por lo que no es extraño que, en su juventud, la Duquesa de Alba comprara una de sus obras: ‘Busto de mujer con sombrero de cerezas’, pintada por el artista en 1880. Bien conservado, encontró su lugar en el Palacio de Liria de Madrid.. El lienzo muestra a una joven de perfil con gesto melancólico y la mirada perdida. Aunque lo que más llama la atención, y que da nombre a la obra, es ese tocado que luce repleto de cerezas.. Y es este mismo cuadro el que acaba de volver a la circulación en la TEFAF de Maastrich, donde el Renoir se ha puesto a la venta por 8,6 millones de euros, un precio inferior al que hace diez años alcanzó (10 millones) cuando la Casa de Alba se deshizo de él para concluir el reparto de la herencia. Fue entonces cuando la obra acaba se expuso en el Museo Meadows de Dallas («el pequeño Prado»), a donde llegó en septiembre de 2015.. Cuando Renoir pintó el cuadro tenía 40 años y parece que ya había conocido a Aline Charigot, la mujer de su vida y a la que convertiría en su esposa en 1890. Y fue durante todo ese periodo en el que el artista conoció el éxito. No obstante, también le asaltaron las dudas: confesó al marchante Ambroise Vollard su hartazgo por la manera de pintar impresionista, ya no le satisfacía como antes. La antigua pintura de la Casa de Alba pertenecería al periodo denominado «ingresco», caracterizado por un dibujo más limpio y de mayor precisión.. Ahora, Renoir, siempre de moda, vuelve a protagonizar uno de los cuadros del momento en Maastrich, en una feria que permanecerá activa hasta el próximo jueves; y en la que en su estreno LA RAZÓN pudo comprobar cómo crece el interés en los pintores españoles frente a otros clásicos como Leonardo y el nuevo ‘Salvator Mundi’, que también acapara la atención estos días.
