El reciente incidente sanitario detectado en el buque de expedición Hondius, localizado en aguas canarias con varios portadores de hantavirus, ha vuelto a situar en el centro del debate internacional el riesgo creciente de las zoonosis, enfermedades que se transmiten de animales a humanos y que representan una de las mayores amenazas para la salud global.. En este contexto, una investigación liderada desde Galicia por la Universidade da Coruña (UDC) está tratando de anticiparse a futuras crisis sanitarias mediante el estudio de los vínculos entre degradación ambiental, comportamiento humano y aparición de nuevos brotes.. El trabajo se desarrolla dentro del proyecto europeo ZOE (Emergencia zoonótica a través de ecosistemas forestales degradados y restaurados), una iniciativa internacional que apuesta por cambiar el enfoque tradicional frente a las pandemias. La idea central es clara: no basta con reaccionar cuando aparece una enfermedad, sino que resulta imprescindible prevenirla restaurando el equilibrio entre las personas y el medio natural.. La investigación coordinada por la UDC está dirigida por la profesora Adina Dumitru y cuenta con un equipo multidisciplinar especializado en psicología y sociología. Su objetivo consiste en analizar el denominado “factor humano”, es decir, cómo determinadas decisiones sociales, culturales y económicas favorecen la aparición de zoonosis.. Para ello, el estudio se desarrolla de manera simultánea en países de Latinoamérica —México, Costa Rica y Guatemala— y también en Europa, concretamente en Eslovenia y Eslovaquia.. Los primeros encuentros del consorcio internacional ya han permitido constatar que el riesgo zoonótico no depende únicamente de la existencia de virus o bacterias, sino de la presión creciente que ejerce la actividad humana sobre ecosistemas clave.. La deforestación, la fragmentación de hábitats, la expansión urbana y ganadera o la pérdida de biodiversidad están destruyendo barreras naturales que antes limitaban el contacto entre fauna salvaje y seres humanos. A ello se suma además el impacto del cambio climático, que favorece la expansión de especies transmisoras como mosquitos o garrapatas hacia nuevos territorios.. La investigación también pone el foco en hábitos cotidianos que multiplican el riesgo de transmisión. El auge de las actividades recreativas en la naturaleza, como el senderismo, el turismo rural o la recolección en espacios forestales, ha incrementado notablemente la interacción entre personas y fauna salvaje. El equipo advierte además sobre prácticas como alimentar animales silvestres, manipularlos sin control o permitir interacciones constantes con mascotas en entornos naturales.. En Europa, explican, muchos de estos riesgos ya forman parte de la vida diaria de determinados colectivos profesionales, especialmente trabajadores forestales expuestos a garrapatas y otros vectores.. Otro de los aspectos analizados es la desigualdad entre regiones. Mientras en Europa existen mayores mecanismos de regulación y control sanitario, el proyecto detecta una vulnerabilidad mucho más elevada en zonas rurales de Latinoamérica, donde factores como la precariedad de las viviendas, la falta de servicios sanitarios o veterinarios y las condiciones laborales agravan el impacto potencial de las zoonosis.. La investigación señala también carencias importantes en el nivel de conocimiento social sobre determinados vectores, ya que muchas campañas se centran únicamente en enfermedades concretas y dejan fuera otros riesgos asociados a roedores o insectos menos conocidos.
La UDC lidera un proyecto europeo que analiza cómo la degradación ambiental y las actividades humanas favorecen el salto de enfermedades de animales a personas
El reciente incidente sanitario detectado en el buque de expedición Hondius, localizado en aguas canarias con varios portadores de hantavirus, ha vuelto a situar en el centro del debate internacional el riesgo creciente de las zoonosis, enfermedades que se transmiten de animales a humanos y que representan una de las mayores amenazas para la salud global.. En este contexto, una investigación liderada desde Galicia por la Universidade da Coruña (UDC) está tratando de anticiparse a futuras crisis sanitarias mediante el estudio de los vínculos entre degradación ambiental, comportamiento humano y aparición de nuevos brotes.. El trabajo se desarrolla dentro del proyecto europeo ZOE (Emergencia zoonótica a través de ecosistemas forestales degradados y restaurados), una iniciativa internacional que apuesta por cambiar el enfoque tradicional frente a las pandemias. La idea central es clara: no basta con reaccionar cuando aparece una enfermedad, sino que resulta imprescindible prevenirla restaurando el equilibrio entre las personas y el medio natural.. La investigación coordinada por la UDC está dirigida por la profesora Adina Dumitru y cuenta con un equipo multidisciplinar especializado en psicología y sociología. Su objetivo consiste en analizar el denominado “factor humano”, es decir, cómo determinadas decisiones sociales, culturales y económicas favorecen la aparición de zoonosis.. Para ello, el estudio se desarrolla de manera simultánea en países de Latinoamérica —México, Costa Rica y Guatemala— y también en Europa, concretamente en Eslovenia y Eslovaquia.. Los primeros encuentros del consorcio internacional ya han permitido constatar que el riesgo zoonótico no depende únicamente de la existencia de virus o bacterias, sino de la presión creciente que ejerce la actividad humana sobre ecosistemas clave.. La deforestación, la fragmentación de hábitats, la expansión urbana y ganadera o la pérdida de biodiversidad están destruyendo barreras naturales que antes limitaban el contacto entre fauna salvaje y seres humanos. A ello se suma además el impacto del cambio climático, que favorece la expansión de especies transmisoras como mosquitos o garrapatas hacia nuevos territorios.. La investigación también pone el foco en hábitos cotidianos que multiplican el riesgo de transmisión. El auge de las actividades recreativas en la naturaleza, como el senderismo, el turismo rural o la recolección en espacios forestales, ha incrementado notablemente la interacción entre personas y fauna salvaje. El equipo advierte además sobre prácticas como alimentar animales silvestres, manipularlos sin control o permitir interacciones constantes con mascotas en entornos naturales.. En Europa, explican, muchos de estos riesgos ya forman parte de la vida diaria de determinados colectivos profesionales, especialmente trabajadores forestales expuestos a garrapatas y otros vectores.. Otro de los aspectos analizados es la desigualdad entre regiones. Mientras en Europa existen mayores mecanismos de regulación y control sanitario, el proyecto detecta una vulnerabilidad mucho más elevada en zonas rurales de Latinoamérica, donde factores como la precariedad de las viviendas, la falta de servicios sanitarios o veterinarios y las condiciones laborales agravan el impacto potencial de las zoonosis.. La investigación señala también carencias importantes en el nivel de conocimiento social sobre determinados vectores, ya que muchas campañas se centran únicamente en enfermedades concretas y dejan fuera otros riesgos asociados a roedores o insectos menos conocidos.
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