El incremento de casos de hantavirus en Argentina durante la temporada 2025-2026 y la aparición de un brote asociado al crucero «MV Hondius» han situado al Andes virus en el centro del debate epidemiológico internacional. Aunque no existen indicios de que el virus haya sufrido una mutación que aumente su capacidad de transmisión, varios especialistas consideran que el contexto ecológico y social en el que circula sí está experimentando cambios relevantes. Entre ellos, el neumólogo Francisco J. Roig, del Hospital HM Santísima Trinidad de Salamanca, que ha analizado los informes oficiales argentinos y advierte de una «tendencia sostenida al alza que merece una vigilancia más estrecha».. Según Roig, los datos publicados por las autoridades sanitarias argentinas muestran una temporada «especialmente intensa» con una incidencia superior a la esperada, casos detectados en distintas regiones y una letalidad elevada (superior al 33%). A ello se suma el impacto internacional del brote del «Hondius», “que ha trasladado un problema tradicionalmente localizado en zonas rurales a un escenario global». Para el especialista, este episodio funciona como un «indicador centinela» que obliga a revisar cómo se está evaluando el riesgo.. El riesgo puede aumentar sin que el virus cambie. El análisis técnico del experto identifica un conjunto de factores que podrían estar influyendo en el aumento de casos. Entre ellos, una mayor circulación viral en los reservorios, variaciones en la densidad o distribución de roedores, alteraciones climáticas que modifican los ecosistemas, expansión humana hacia áreas de interfase rural-silvestre, incremento de la exposición turística y una vigilancia epidemiológica más sensible. El especialista insiste en que el riesgo puede aumentar sin que el virus cambie biológicamente: basta con que cambien el ambiente, los reservorios o la exposición humana.. En este contexto, el brote en el barco adquiere relevancia porque reúne varios elementos críticos: convivencia prolongada en espacios cerrados, movilidad internacional, síntomas iniciales inespecíficos y dificultad para reconstruir las cadenas de transmisión. Aunque la hipótesis más probable es que el caso índice se infectara en Argentina antes de embarcar, la dinámica del crucero permitió que el virus encontrara un entorno propicio para contagios puntuales.. Presencia de ARN vs capacidad de transmisión. Roig también subraya la importancia de diferenciar entre presencia de ARN viral y capacidad real de transmisión. Estudios clínicos han demostrado que el ARN del Andes virus puede detectarse en sangre durante semanas y en semen durante años, pero esta persistencia no implica infectividad sostenida. La evidencia epidemiológica disponible indica que la ventana de contagio efectivo es breve y se concentra entre la fase inicial de la enfermedad y los primeros días del síndrome cardiopulmonar por hantavirus.. El catedrático de Parasitología de la Universidad de Valencia, Rafael Toledo, por su parte, coincide con Roig en que existe un aumento de casos en Argentina, aunque lo interpreta como una tendencia progresiva y no como un salto abrupto. «Este país es endémico para varias variantes de hantavirus y el incremento responde tanto a factores ecológicos como a una mayor capacidad de detección». En su opinión, hablar de un «cambio de ecosistema» es excesivo, ya que el brote del «Hondius» no refleja una transformación del virus, sino la exportación de un caso desde una zona endémica a un entorno cerrado donde 147 personas convivieron durante seis semanas. En otro medio de transporte, señala, el contagio probablemente no se habría producido.. Ambos expertos coinciden en que la situación requiere más vigilancia, más análisis y una comunicación pública clara. Aunque no existe evidencia de que el Andes virus esté evolucionando hacia un comportamiento similar al de los virus respiratorios de transmisión sostenida, sí hay señales de que el contexto epidemiológico es más complejo que en temporadas anteriores. Para los especialistas, la clave está en reforzar la vigilancia ambiental, mejorar la caracterización genómica de los casos y evitar interpretaciones simplistas que puedan generar alarma o, por el contrario, minimizar un escenario cambiante.
Señalan que el contexto epidemiológico «es más complejo que en temporadas anteriores» y que «el riesgo puede aumentar sin que el virus cambie biológicamente»
El incremento de casos de hantavirus en Argentina durante la temporada 2025-2026 y la aparición de un brote asociado al crucero «MV Hondius» han situado al Andes virus en el centro del debate epidemiológico internacional. Aunque no existen indicios de que el virus haya sufrido una mutación que aumente su capacidad de transmisión, varios especialistas consideran que el contexto ecológico y social en el que circula sí está experimentando cambios relevantes. Entre ellos, el neumólogo Francisco J. Roig, del Hospital HM Santísima Trinidad de Salamanca, que ha analizado los informes oficiales argentinos y advierte de una «tendencia sostenida al alza que merece una vigilancia más estrecha».. Según Roig, los datos publicados por las autoridades sanitarias argentinas muestran una temporada «especialmente intensa» con una incidencia superior a la esperada, casos detectados en distintas regiones y una letalidad elevada (superior al 33%). A ello se suma el impacto internacional del brote del «Hondius», “que ha trasladado un problema tradicionalmente localizado en zonas rurales a un escenario global». Para el especialista, este episodio funciona como un «indicador centinela» que obliga a revisar cómo se está evaluando el riesgo.. El riesgo puede aumentar sin que el virus cambie. El análisis técnico del experto identifica un conjunto de factores que podrían estar influyendo en el aumento de casos. Entre ellos, una mayor circulación viral en los reservorios, variaciones en la densidad o distribución de roedores, alteraciones climáticas que modifican los ecosistemas, expansión humana hacia áreas de interfase rural-silvestre, incremento de la exposición turística y una vigilancia epidemiológica más sensible. El especialista insiste en que el riesgo puede aumentar sin que el virus cambie biológicamente:basta con que cambien el ambiente, los reservorios o la exposición humana.. En este contexto, el brote en el barco adquiere relevancia porque reúne varios elementos críticos: convivencia prolongada en espacios cerrados, movilidad internacional, síntomas iniciales inespecíficos y dificultad para reconstruir las cadenas de transmisión. Aunque la hipótesis más probable es que el caso índice se infectara en Argentina antes de embarcar, la dinámica del crucero permitió que el virus encontrara un entorno propicio para contagios puntuales.. Presencia de ARN vs capacidad de transmisión. Roig también subraya la importancia de diferenciar entre presencia de ARN viral y capacidad real de transmisión. Estudios clínicos han demostrado que el ARN del Andes virus puede detectarse en sangre durante semanas y en semen durante años, pero esta persistencia no implica infectividad sostenida. La evidencia epidemiológica disponible indica que la ventana de contagio efectivo es breve y se concentra entre la fase inicial de la enfermedad y los primeros días del síndrome cardiopulmonar por hantavirus.. El catedrático de Parasitología de la Universidad de Valencia, Rafael Toledo, por su parte, coincide con Roig en que existe un aumento de casos en Argentina, aunque lo interpreta como una tendencia progresiva y no como un salto abrupto. «Este país es endémico para varias variantes de hantavirus y el incremento responde tanto a factores ecológicos como a una mayor capacidad de detección». En su opinión, hablar de un «cambio de ecosistema» es excesivo, ya que el brote del «Hondius» no refleja una transformación del virus, sino la exportación de un caso desde una zona endémica a un entorno cerrado donde 147 personas convivieron durante seis semanas. En otro medio de transporte, señala, el contagio probablemente no se habría producido.. Ambos expertos coinciden en que la situación requiere más vigilancia, más análisis y una comunicación pública clara. Aunque no existe evidencia de que el Andes virus esté evolucionando hacia un comportamiento similar al de los virus respiratorios de transmisión sostenida, sí hay señales de que el contexto epidemiológico es más complejo que en temporadas anteriores. Para los especialistas, la clave está en reforzar la vigilancia ambiental, mejorar la caracterización genómica de los casos y evitar interpretaciones simplistas que puedan generar alarma o, por el contrario, minimizar un escenario cambiante.
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