Se avecina el drama si es que no lo tenemos encima ya. Tantos años de hacer mal las cosas nos ha llevado a esta Liga que tenemos, donde el título lo pelean solamente dos equipos, otro deambula en zona de nadie y el resto bastante tiene con sobrevivir. Tantos lustros seguidos peleando por fortalecer la rivalidad entre Madrid y Barcelona es lo que ha conseguido. El tercero en discordia, el Atlético, ha llegado a un nivel de conformismo que solo por poderío económico es casi imposible que no consiga una de las cuatro plazas que dan derecho a jugar la Champions League, pero que vive en una zona de confort cuyo nivel de exigencia es casi nulo.. Con cuatro jornadas disputadas, los de Diego Pablo Simeone están ya a cinco puntos del Barça, pero no pasa nada. Empieza ya el runrún con algunos jugadores como Ademola Lookman o Alejandro Grimaldo, que como suele ser habitual, bajan el nivel nada más firmar el contrato con el club rojiblanco y terminan siendo el foco de la crítica más exacerbada, la misma que se niega a poner el foco en el banquillo.. Todo nos lleva al problema de siempre, el de la prohibición de señalar al único denominador común que persiste en un club que cae en el mismo error temporada tras temporada, el de dejar de competir la Liga antes de que termine la primera vuelta. La derrota en San Mamés no dejó nada destacable, salvo que algunos se conforman cada vez con menos. Los hay que presumen de un primer tiempo bueno, porque hubo un par de ocasiones de gol.. El entrenador se ampara en la falta de contundencia, esa palabra tan manida, y otros en si Julián Álvarez sí o Julián Álvarez no, cuando es fácil ver que el equipo rojiblanco sigue sin jugar a nada y que la mayoría de los partidos fuera de casa son un drama para el aficionado.. Mientras el Atlético se descuelga en la clasificación de la Liga casi antes de empezar, esta semana arranca la Champions en Anfield ante el Liverpool, con el ánimo del personal difícil de levantar después de la goleada recibida en San Mamés.
Todo nos lleva al problema de siempre, el de la prohibición de señalar al único denominador común que persiste en un club que cae en el mismo error temporada tras temporada
Se avecina el drama si es que no lo tenemos encima ya. Tantos años de hacer mal las cosas nos ha llevado a esta Liga que tenemos, donde el título lo pelean solamente dos equipos, otro deambula en zona de nadie y el resto bastante tiene con sobrevivir. Tantos lustros seguidos peleando por fortalecer la rivalidad entre Madrid y Barcelona es lo que ha conseguido. El tercero en discordia, el Atlético, ha llegado a un nivel de conformismo que solo por poderío económico es casi imposible que no consiga una de las cuatro plazas que dan derecho a jugar la Champions League, pero que vive en una zona de confort cuyo nivel de exigencia es casi nulo.. Con cuatro jornadas disputadas, los de Diego Pablo Simeone están ya a cinco puntos del Barça, pero no pasa nada. Empieza ya el runrún con algunos jugadores como Ademola Lookman o Alejandro Grimaldo, que como suele ser habitual, bajan el nivel nada más firmar el contrato con el club rojiblanco y terminan siendo el foco de la crítica más exacerbada, la misma que se niega a poner el foco en el banquillo.. Todo nos lleva al problema de siempre, el de la prohibición de señalar al único denominador común que persiste en un club que cae en el mismo error temporada tras temporada, el de dejar de competir la Liga antes de que termine la primera vuelta. La derrota en San Mamés no dejó nada destacable, salvo que algunos se conforman cada vez con menos. Los hay que presumen de un primer tiempo bueno, porque hubo un par de ocasiones de gol.. El entrenador se ampara en la falta de contundencia, esa palabra tan manida, y otros en si Julián Álvarez sí o Julián Álvarez no, cuando es fácil ver que el equipo rojiblanco sigue sin jugar a nada y que la mayoría de los partidos fuera de casa son un drama para el aficionado.. Mientras el Atlético se descuelga en la clasificación de la Liga casi antes de empezar, esta semana arranca la Champions en Anfield ante el Liverpool, con el ánimo del personal difícil de levantar después de la goleada recibida en San Mamés.
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