Entre las alertas apocalípticas, las inversiones gigantescas y las tensiones geopolíticas con ecos de la carrera armamentística de la Guerra Fría, las últimas noticias sobre la inteligencia artificial (IA) contienen los ingredientes para sembrar la confusión entre la ciudadanía, si no la angustia existencial. Sam Altman, al frente de OpenAI, ha dicho que no es necesaria ninguna regulación estricta del sector, pero que “el mundo hace bien en tener miedo”. También sostiene: “El mundo debe confiar en que vamos a hacer lo correcto”. ¿Puede ser una cosa y la contraria? Si hay un 10% de probabilidades de que la humanidad sufra una catástrofe por la IA, como aseguran los ingenieros de Anthropic, ¿por qué no pulsamos ya el botón de apagar?. Seguir leyendo
La inteligencia artificial está aquí para quedarse: es la hora de regularla para evitar los peores escenarios
Editorial. Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional. La inteligencia artificial está aquí para quedarse: es la hora de regularla para evitar los peores escenarios. El audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.. Quintatinta (Incluye imágenes generadas con IA). Entre las alertas apocalípticas, las inversiones gigantescas y las tensiones geopolíticas con ecos de la carrera armamentística de la Guerra Fría, las últimas noticias sobre la inteligencia artificial (IA) contienen los ingredientes para sembrar la confusión entre la ciudadanía, si no la angustia existencial. Sam Altman, al frente de OpenAI, ha dicho que no es necesaria ninguna regulación estricta del sector, pero que “el mundo hace bien en tener miedo”. También sostiene: “El mundo debe confiar en que vamos a hacer lo correcto”. ¿Puede ser una cosa y la contraria? Si hay un 10% de probabilidades de que la humanidad sufra una catástrofe por la IA, como aseguran los ingenieros de Anthropic, ¿por qué no pulsamos ya el botón de apagar?. En medio de tanto ruido y tantas declaraciones contradictorias, merece la pena recordar algunas evidencias. La IA está aquí para quedarse. Como todas las revoluciones industriales anteriores, posee el potencial de aportar enormes beneficios y a la vez entraña peligros insospechados. Y, como sucedió como otros grandes saltos tecnológicos, este obliga a estrechar la vigilancia para frenar una tecnología desbocada. Europa, que puede ejercer de potencia reguladora, no debe descolgarse: será dramático si pierde el tren ante Estados Unidos y China.. La realidad de la inteligencia artificial se mueve en tres planos. El primero es el técnico: qué ocurre de verdad en esos laboratorios, qué hacen y qué ven los ingenieros que desarrollan esta tecnología. Entre los expertos, incluso empleados o exempleados de estas firmas, están quienes alertan de una deriva que puede conducir a la extinción, un eco contemporáneo de los relatos del fin del mundo que se ha repetido en la historia. Enfrente, algunos académicos interpretan estos avisos como una exageración, pura mercadotecnia para revalorizar sus empresas o eximirse de responsabilidad si las cosas van mal.. Los incidentes conocidos este verano, con agentes que escapan y tratan de engañar a sus creadores sin atender a sus órdenes, muestran que estamos cerca de perder el control. Los nuevos modelos de IA los están desarrollando las propias IA. Es cierto que son capaces de generar respuestas en el ámbito de la biomedicina o las matemáticas que abren la puerta a avances fabulosos para el mundo. Pero el riesgo de tener cerebros de silicio autorreplicándose más allá del control humano ya no es una fantasía, y hay que tomarlo en serio.. El segundo plano es el económico. Hay señales de una burbuja y eso inquieta, sobre todo a Donald Trump, que teme que un parón en la IA derrumbe una economía sobreestimulada por las monumentales inversiones. Mientras las compañías de IA queman montañas de dólares para aumentar la capacidad de sus sistemas, el modelo de negocio dista de estar claro. A la velocidad a la que avanza, pronto se extenderá un potente modelo de IA más accesible. ¿De qué vivirán entonces OpenAI o Anthropic? ¿De la publicidad, como Google y Meta? Quizás las llamadas a autorregular el sector sean una forma de acorralar a otros competidores, como los chinos.. El tercer plano para entender este momento de cambio es el geopolítico. Estados Unidos y China compiten en una carrera frenética, con una meta volante este jueves en el encuentro entre Trump y Xi Jinping en la Casa Blanca. No son los líderes idóneos para marcar el rumbo de la humanidad, pero por primera vez los dueños del sector pueden perder la potestad de decidir el futuro común. La IA ya es demasiado poderosa, cara y estratégica para que sea un asunto exclusivo de las empresas que la desarrollan. No lo es.. Y ahora que todo es posible, lo mejor y lo peor, es hora de regular la IA y evitar que se cumplan los escenarios apocalípticos. Ya sea con nuevas leyes, como la que plantea California para imponer un interruptor que desconecte la máquina cuando esta se descontrole, o las que ya existen sobre la protección de los consumidores o la seguridad pública. Sin controles y restricciones, y sin una arquitectura internacional como la que se construyó tras la Segunda Guerra Mundial y las bombas de Hiroshima y Nagasaki, los peligros de la IA serán descomunales. Todavía estamos a tiempo. No hace falta caer en el pánico para entenderlo.. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Opinión. Tecnología. Inteligencia artificial. Centros datos. Energía. Programación. Algoritmos computacionales. Política. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
Opinión en EL PAÍS
