Un inspector jefe del Grupo de Estupefacientes de la Policía Judicial de Cartagena ha revelado ante el Tribunal del Jurado que el acusado del crimen del Calvario adquirió un arma de fuego y estuvo ensayando disparos de madrugada unas horas antes del asesinato de la víctima, de la que era amigo, en octubre de 2015.
La información, basada en redes de confidentes, se ha sumado en la vista oral a las pruebas de la Policía Científica, cuyos peritos han certificado el hallazgo de residuos «seguros» de pólvora en el salpicadero de un vehículo implicado y de las huellas dactilares del procesado en manuscritos con la contabilidad de la droga.
Durante la sesión celebrada en la Sección Quinta de la Audiencia Provincial, varios agentes de la Brigada de Policía Científica y el entonces máximo responsable del Grupo I de Estupefacientes han desglosado los vestigios biológicos, químicos, balísticos y documentales que componen la carga de prueba de la instrucción penal.
El inspector jefe ha señalado que la víctima operaba de forma habitual en un escalón intermedio o «puente» del narcotráfico y que su función principal durante los meses previos a su muerte consistió en suministrar cargamentos de droga de manera continuada al acusado.
Además, ha detallado que los canales de información pericial de los que disponía el Cuerpo constataron que el sospechoso había adquirido un arma de fuego con la que estuvo ensayando disparos en un descampado de cocheras clandestinas situado a unos 200 o 300 metros del barrio de Lo Campano unas horas antes de que se localizara el cadáver.
Por su parte, un inspector de la Policía Científica que intervino en calidad de secretario en las diligencias iniciales y en el levantamiento del cadáver ha reconstruido ante los miembros del jurado la hipótesis de la mecánica de la muerte violenta de la víctima.
Los indicios sobre el terreno indican que el coche en el que viajaba el fallecido se vio obligado a detenerse en mitad de la calzada. «O lo hicieron bajar o lo obligaron a bajarse», ha relatado el agente a preguntas del Ministerio Público.
Según ha desvelado, la víctima, nada más poner un pie en el suelo, recibió varios impactos de bala que lo derribaron boca arriba en mitad del asfalto. La caída fue tan violenta que provocó el desprendimiento de una de sus zapatillas, que posteriormente fue colocada de una «manera artificial» encima de su extremidad.
Una vez en el suelo y en situación de total indefensión, el agresor se colocó sobre el cuerpo y descerrajó entre tres y cuatro disparos verticales directos hacia el pecho. Los proyectiles perforaron el cuerpo y el asfalto, e indicaban «claramente que la habían disparado estando ya en el suelo».
Los agentes de la Científica recuperaron dos balas deformadas que habían quedado atrapadas exactamente entre la calzada y la espalda del cadáver, una vez que el médico forense autorizó mover el cuerpo.
La dotación pericial coincidió en dictaminar de forma científica que el atacante utilizó un arma tipo revólver, basándose en el hecho de que tras una minuciosa inspección del paraje escarpado y la calzada no se localizó ni una sola vaina ni casquillo.
Los peritos explicaron al tribunal que las pistolas semiautomáticas expulsan el metal de desecho a varios metros de distancia, «salta la vaina y entonces luego para recogerlas tienes que tirarte mucho tiempo», mientras que «en los de revólver no solemos encontrar nunca» porque los casquillos «se quedan dentro del arma», retenidos de forma fija en las recámaras del tambor.
Los agentes periciales percibieron además indicios de que el cadáver había sido registrado en el mismo lugar de los hechos, dado que sus llaves, un mechero y otros enseres personales aparecieron esparcidos fuera de los bolsillos del chándal y su teléfono móvil no pudo ser localizado en el entorno.
«Parecía que lo habían registrado», ha apuntado el inspector. En la mano del fallecido se tomaron muestras de una sustancia marrón que el laboratorio confirmó que era «tierra» de la propia zona, que presuntamente aferró en el momento de la agresión.
La tecnología pericial aportó la prueba de balística química en el habitáculo de un vehículo que fue intervenido días después del crimen tras lograr ser localizado por los investigadores.
El jefe del Grupo de Policía Científica ha certificado el hallazgo de residuos en el volante y en el salpicadero delantero, y ha precisado que una de las conclusiones de los investigadores fue que la persona que perpetró el crimen pudo haber disparado desde el lado del copiloto.
El mando policial ha aclarado que la fijación en caliente de estas partículas demuestra de forma segura una detonación en el espacio cerrado del habitáculo y descarta una transferencia física accidental por contacto de las manos.
Sin embargo, los peritos matizaron ante el jurado que en los frotis realizados en este vehículo no se llegó a detectar ningún rastro biológico, pelo o perfil de ADN perteneciente a la víctima.
En cuanto al coche propiedad del fallecido, las inspecciones químicas descartaron la presencia de pólvora en el volante. No obstante, los peritos identificaron una «bolladura de pisada» en la puerta delantera del acompañante, donde «se veía la marca del zapato», aunque el relieve del impacto no conservaba «suficiente valor identificativo» para determinar técnicamente el calzado.
Además, en el cristal exterior de la ventanilla delantera derecha, los agentes reactivaron mediante polvos físicos un «autograma» consistente en la huella de una oreja y restos de pelo pegados, un rastro compatible con una persona que apoyó la cabeza con fuerza en el vidrio para escuchar hacia el interior del coche.
Los registros domiciliarios efectuados en el barrio de Lo Campano en las jornadas posteriores aportaron el nexo definitivo entre las operaciones de narcotráfico y el encausado.
En la vivienda atribuida al imputado, los agentes intervinieron hojas de papel manuscritas que contenían cuadrantes numéricos y operaciones matemáticas donde aparecieron huellas del acusado. En esos papeles figuraba la inscripción de unas iniciales vinculadas supuestamente a la víctima y a un saldo deudor pendiente.
En ese mismo registro se incautó la caja vacía de una pistola simulada. Finalmente, los peritos han dado cuenta del registro de una segunda propiedad deshabitada donde se intervino el estuche de una pistola detonadora, cartuchos de fogueo y una pieza acoplable al cañón.
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Un inspector jefe del Grupo de Estupefacientes de la Policía Judicial de Cartagena ha revelado ante el Tribunal del Jurado que el acusado del crimen del Calvario adquirió un arma de fuego y estuvo ensayando disparos de madrugada unas horas antes del asesinato de la víctima, de la que era amigo, en octubre de 2015.. La información, basada en redes de confidentes, se ha sumado en la vista oral a las pruebas de la Policía Científica, cuyos peritos han certificado el hallazgo de residuos «seguros» de pólvora en el salpicadero de un vehículo implicado y de las huellas dactilares del procesado en manuscritos con la contabilidad de la droga.. Durante la sesión celebrada en la Sección Quinta de la Audiencia Provincial, varios agentes de la Brigada de Policía Científica y el entonces máximo responsable del Grupo I de Estupefacientes han desglosado los vestigios biológicos, químicos, balísticos y documentales que componen la carga de prueba de la instrucción penal.. El inspector jefe ha señalado que la víctima operaba de forma habitual en un escalón intermedio o «puente» del narcotráfico y que su función principal durante los meses previos a su muerte consistió en suministrar cargamentos de droga de manera continuada al acusado.. Además, ha detallado que los canales de información pericial de los que disponía el Cuerpo constataron que el sospechoso había adquirido un arma de fuego con la que estuvo ensayando disparos en un descampado de cocheras clandestinas situado a unos 200 o 300 metros del barrio de Lo Campano unas horas antes de que se localizara el cadáver.. Por su parte, un inspector de la Policía Científica que intervino en calidad de secretario en las diligencias iniciales y en el levantamiento del cadáver ha reconstruido ante los miembros del jurado la hipótesis de la mecánica de la muerte violenta de la víctima.. Los indicios sobre el terreno indican que el coche en el que viajaba el fallecido se vio obligado a detenerse en mitad de la calzada. «O lo hicieron bajar o lo obligaron a bajarse», ha relatado el agente a preguntas del Ministerio Público.. Según ha desvelado, la víctima, nada más poner un pie en el suelo, recibió varios impactos de bala que lo derribaron boca arriba en mitad del asfalto. La caída fue tan violenta que provocó el desprendimiento de una de sus zapatillas, que posteriormente fue colocada de una «manera artificial» encima de su extremidad.. Una vez en el suelo y en situación de total indefensión, el agresor se colocó sobre el cuerpo y descerrajó entre tres y cuatro disparos verticales directos hacia el pecho. Los proyectiles perforaron el cuerpo y el asfalto, e indicaban «claramente que la habían disparado estando ya en el suelo».. Los agentes de la Científica recuperaron dos balas deformadas que habían quedado atrapadas exactamente entre la calzada y la espalda del cadáver, una vez que el médico forense autorizó mover el cuerpo.. La dotación pericial coincidió en dictaminar de forma científica que el atacante utilizó un arma tipo revólver, basándose en el hecho de que tras una minuciosa inspección del paraje escarpado y la calzada no se localizó ni una sola vaina ni casquillo.. Los peritos explicaron al tribunal que las pistolas semiautomáticas expulsan el metal de desecho a varios metros de distancia, «salta la vaina y entonces luego para recogerlas tienes que tirarte mucho tiempo», mientras que «en los de revólver no solemos encontrar nunca» porque los casquillos «se quedan dentro del arma», retenidos de forma fija en las recámaras del tambor.. Los agentes periciales percibieron además indicios de que el cadáver había sido registrado en el mismo lugar de los hechos, dado que sus llaves, un mechero y otros enseres personales aparecieron esparcidos fuera de los bolsillos del chándal y su teléfono móvil no pudo ser localizado en el entorno.. «Parecía que lo habían registrado», ha apuntado el inspector. En la mano del fallecido se tomaron muestras de una sustancia marrón que el laboratorio confirmó que era «tierra» de la propia zona, que presuntamente aferró en el momento de la agresión.. La tecnología pericial aportó la prueba de balística química en el habitáculo de un vehículo que fue intervenido días después del crimen tras lograr ser localizado por los investigadores.. El jefe del Grupo de Policía Científica ha certificado el hallazgo de residuos en el volante y en el salpicadero delantero, y ha precisado que una de las conclusiones de los investigadores fue que la persona que perpetró el crimen pudo haber disparado desde el lado del copiloto.. El mando policial ha aclarado que la fijación en caliente de estas partículas demuestra de forma segura una detonación en el espacio cerrado del habitáculo y descarta una transferencia física accidental por contacto de las manos.. Sin embargo, los peritos matizaron ante el jurado que en los frotis realizados en este vehículo no se llegó a detectar ningún rastro biológico, pelo o perfil de ADN perteneciente a la víctima.. En cuanto al coche propiedad del fallecido, las inspecciones químicas descartaron la presencia de pólvora en el volante. No obstante, los peritos identificaron una «bolladura de pisada» en la puerta delantera del acompañante, donde «se veía la marca del zapato», aunque el relieve del impacto no conservaba «suficiente valor identificativo» para determinar técnicamente el calzado.. Además, en el cristal exterior de la ventanilla delantera derecha, los agentes reactivaron mediante polvos físicos un «autograma» consistente en la huella de una oreja y restos de pelo pegados, un rastro compatible con una persona que apoyó la cabeza con fuerza en el vidrio para escuchar hacia el interior del coche.. Los registros domiciliarios efectuados en el barrio de Lo Campano en las jornadas posteriores aportaron el nexo definitivo entre las operaciones de narcotráfico y el encausado.. En la vivienda atribuida al imputado, los agentes intervinieron hojas de papel manuscritas que contenían cuadrantes numéricos y operaciones matemáticas donde aparecieron huellas del acusado. En esos papeles figuraba la inscripción de unas iniciales vinculadas supuestamente a la víctima y a un saldo deudor pendiente.. En ese mismo registro se incautó la caja vacía de una pistola simulada. Finalmente, los peritos han dado cuenta del registro de una segunda propiedad deshabitada donde se intervino el estuche de una pistola detonadora, cartuchos de fogueo y una pieza acoplable al cañón.
Un agente señala que la víctima, nada más poner un pie en el suelo, recibió varios impactos de bala que lo derribaron boca en el asfalto
