Desde que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara el sábado que el acuerdo de pacificación con Irán se daría a conocer «en breve», tanto Estados Unidos como Irán han dado señales de que las cosas avanzan, pero que el mundo mantenga bajas sus expectativas porque nada es inminente. Los puntos en conflicto son el programa nuclear iraní, las exigencias de Teherán para el levantamiento de las sanciones y la guerra de Israel contra Hizbolá, proxi de Irán, en el Líbano.. Por ahora, lo último que se sabe de la saga, que mantiene en ascuas al tiempo que colma la paciencia, es que la televisión estatal iraní anunció haber recibido el «borrador de un marco inicial no oficial para un memorando de entendimiento» con Estados Unidos. Según los tentativos cinco conceptos («borrador», «marco inicial», «no oficial» y «memorando») se propone que Irán restablezca el tráfico marítimo comercial a través del estrecho de Ormuz a los niveles previos a la guerra en el plazo de un mes, mientras que EE UU retiraría sus fuerzas militares de las proximidades de Irán y levantaría el bloqueo naval.. «Queda trabajo por hacer». La televisión de Irán indicó que el borrador no incluye buques militares y añadió que, si se alcanza un acuerdo definitivo en un plazo de 60 días, este se aprobará mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU. Poco tiempo después, la Casa Blanca afirmó que ese informe era una «completa invención». «Este reportaje de los medios controlados por Irán es falso y el memorando de entendimiento que supuestamente publicaron es una completa invención», decía el comunicado. «Nadie debería creer lo que publican los medios estatales iraníes. Los hechos importan».. Mientras, en Israel, no es ningún secreto que el Gobierno de Benjamin Netanyahu sigue firme en su voluntad de reanudar la guerra que comenzaron EE UU e Israel el pasado 28 de febrero, y el propio primer ministro declaró recientemente en una entrevista a la cadena CBS que «aún queda trabajo por hacer».. A Israel le preocupan principalmente el programa nuclear iraní y los misiles balísticos. Y el hecho de que el asunto nuclear se posponga y que de los misiles balísticos ni se hable, no es bienvenido. Que fuentes iraníes hayan declarado que, en etapas posteriores, podrían encontrarse soluciones viables para resolver la disputa sobre sus reservas de uranio altamente enriquecido (se entiende que Irán tiene 440 kilos de ese material), incluyendo la dilución del material bajo la supervisión del organismo de control nuclear estadounidense, no tranquiliza en Israel.. Israel al margen. A pesar de las preocupaciones de seguridad israelíes y de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevan semanas calentando motores para atacar de nuevo al país persa, en estos momentos, todo apunta a que Netanyahu no puede hacer mucho para cambiar el rumbo de la diplomacia que parece que se está gestando a su pesar. Según el Canal 12, Netanyahu comentó a personas de su confianza, en conversaciones privadas, que Israel tiene poca capacidad para influir en las decisiones de Trump sobre Irán.. Trump y Netanyahu hablaron por teléfono al menos tres veces la semana pasada, cuando, según oficiales israelíes, el país se había preparado para reanudar los ataques aéreos conjuntos con EE UU contra la República Islámica, dirigidos a la infraestructura energética. Preguntado por periodistas sobre el primer ministro israelí, Trump respondió: «Es un hombre muy bueno. Hará lo que yo le diga». Mientras que Netanyahu afirmó que él y Trump «acordaron que cualquier acuerdo final (…) implica el desmantelamiento de las plantas de enriquecimiento nuclear de Irán y la retirada de su material nuclear enriquecido de su territorio».. También declaró que Trump «reafirmó el derecho de Israel a defenderse de las amenazas en todos los frentes, incluido el Líbano». Sin embargo, si bien al comienzo de la guerra contra Irán, EE UU e Israel afirmaban compartir un objetivo común, a saber, la caída del Gobierno de los ayatolas y la destrucción del programa nuclear iraní, con el paso de los días, la operación militar que Trump había calculado que duraría tres días, se hizo cada vez más patente la divergencia en los intereses de los aliados. A Trump le lastra el descontento de su población, mayoritariamente contraria a esta guerra, y las consideraciones económicas y de hegemonía de EE UU se perfilan como su verdadero interés.. Israel, por su parte, con una población que sí respalda la guerra, lleva al menos cuatro décadas señalando a Irán como el archienemigo, e Irán ha estado haciendo lo propio con Israel. Así, para Israel, degradar la capacidad nuclear, misilística y de proxis sigue siendo prioritaria.
Desde que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara el sábado que el acuerdo de pacificación con Irán se daría a conocer «en breve», tanto Estados Unidos como Irán han dado señales de que las cosas avanzan, pero que el mundo mantenga bajas sus expectativas porque nada es inminente. Los puntos en conflicto son el programa nuclear iraní, las exigencias de Teherán para el levantamiento de las sanciones y la guerra de Israel contra Hizbolá, proxi de Irán, en el Líbano.. Por ahora, lo último que se sabe de la saga, que mantiene en ascuas al tiempo que colma la paciencia, es que la televisión estatal iraní anunció haber recibido el «borrador de un marco inicial no oficial para un memorando de entendimiento» con Estados Unidos. Según los tentativos cinco conceptos («borrador», «marco inicial», «no oficial» y «memorando») se propone que Irán restablezca el tráfico marítimo comercial a través del estrecho de Ormuz a los niveles previos a la guerra en el plazo de un mes, mientras que EE UU retiraría sus fuerzas militares de las proximidades de Irán y levantaría el bloqueo naval.. «Queda trabajo por hacer». La televisión de Irán indicó que el borrador no incluye buques militares y añadió que, si se alcanza un acuerdo definitivo en un plazo de 60 días, este se aprobará mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU. Poco tiempo después, la Casa Blanca afirmó que ese informe era una «completa invención». «Este reportaje de los medios controlados por Irán es falso y el memorando de entendimiento que supuestamente publicaron es una completa invención», decía el comunicado. «Nadie debería creer lo que publican los medios estatales iraníes. Los hechos importan».. Mientras, en Israel, no es ningún secreto que el Gobierno de Benjamin Netanyahu sigue firme en su voluntad de reanudar la guerra que comenzaron EE UU e Israel el pasado 28 de febrero, y el propio primer ministro declaró recientemente en una entrevista a la cadena CBS que «aún queda trabajo por hacer».. A Israel le preocupan principalmente el programa nuclear iraní y los misiles balísticos. Y el hecho de que el asunto nuclear se posponga y que de los misiles balísticos ni se hable, no es bienvenido. Que fuentes iraníes hayan declarado que, en etapas posteriores, podrían encontrarse soluciones viables para resolver la disputa sobre sus reservas de uranio altamente enriquecido (se entiende que Irán tiene 440 kilos de ese material), incluyendo la dilución del material bajo la supervisión del organismo de control nuclear estadounidense, no tranquiliza en Israel.. Israel al margen. A pesar de las preocupaciones de seguridad israelíes y de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevan semanas calentando motores para atacar de nuevo al país persa, en estos momentos, todo apunta a que Netanyahu no puede hacer mucho para cambiar el rumbo de la diplomacia que parece que se está gestando a su pesar. Según el Canal 12, Netanyahu comentó a personas de su confianza, en conversaciones privadas, que Israel tiene poca capacidad para influir en las decisiones de Trump sobre Irán.. Trump y Netanyahu hablaron por teléfono al menos tres veces la semana pasada, cuando, según oficiales israelíes, el país se había preparado para reanudar los ataques aéreos conjuntos con EE UU contra la República Islámica, dirigidos a la infraestructura energética. Preguntado por periodistas sobre el primer ministro israelí, Trump respondió: «Es un hombre muy bueno. Hará lo que yo le diga». Mientras que Netanyahu afirmó que él y Trump «acordaron que cualquier acuerdo final (…) implica el desmantelamiento de las plantas de enriquecimiento nuclear de Irán y la retirada de su material nuclear enriquecido de su territorio».. También declaró que Trump «reafirmó el derecho de Israel a defenderse de las amenazas en todos los frentes, incluido el Líbano». Sin embargo, si bien al comienzo de la guerra contra Irán, EE UU e Israel afirmaban compartir un objetivo común, a saber, la caída del Gobierno de los ayatolas y la destrucción del programa nuclear iraní, con el paso de los días, la operación militar que Trump había calculado que duraría tres días, se hizo cada vez más patente la divergencia en los intereses de los aliados. A Trump le lastra el descontento de su población, mayoritariamente contraria a esta guerra, y las consideraciones económicas y de hegemonía de EE UU se perfilan como su verdadero interés.. Israel, por su parte, con una población que sí respalda la guerra, lleva al menos cuatro décadas señalando a Irán como el archienemigo, e Irán ha estado haciendo lo propio con Israel. Así, para Israel, degradar la capacidad nuclear, misilística y de proxis sigue siendo prioritaria.
El Gobierno israelí teme que un posible acuerdo lleve a posponer el asunto nuclear y no aborde la posesión de misiles balísticos por parte de Teherán
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