Ni el agobiante calor que azota por estos días la capital española pudo disuadir al público madrileño de acercarse nuevamente a Las Ventas este sábado, otro llenazo contundente… y van 13 “No hay billetes”. Lo del auge de los toros, de los jóvenes en la plaza, de la renovación en los tendidos es una verdad palmaria. Ya pueden decir misa quienes lo quieran negar.. También es verdad que contar con Diego Ventura en el cartel atrae, y mucho. Es como ver a Duplantis en un campeonato de atletismo. Sabes que va a romper nuevamente el récord de salto con pértiga, no sabes cuándo, pero quieres ser testigo de ello, aunque el siguiente campeonato vuelva a hacerlo. Pues con Ventura es igual. Venía rondando la vigésima Puerta Grande de Las Ventas cada que hacía el paseíllo, poniendo el listón cada vez más alto, aunque el asalto final se le resistiera. Hasta hoy.. Ventura no especuló y lo apostó todo al segundo, un toro encastado que siguió con celo y ritmo, y Diego se lo dejó llegar siempre muy cerca. Ya lo hizo de salida, parando al toro en un palmo de terreno, y luego en banderillas estiró los galopes de costado con «Querido», muy cosidos los pitones a la piel del caballo, para después elevar la temperatura con unos soberanos quiebros en la corta distancia a toro parado sobre «Quitasueño». Con Ventura todo siempre va a más, apura hasta el último milímetro de espacio, emoción en su máxima expresión. Por eso llegó hasta la misma cara del toro con «Brillante» para las cortas al violín y las rosas, pero el rejón definitivo se atascó. Eso hizo que la apuesta fuera doble con el quinto, que tenía fijeza, pero le faltaron la alegría y la intención. Por eso tuvo que pisar los terrenos del toro con «Nómada», cambiando de pista sin apenas sitio entre los tableros, y atacar de tercio a tercio para provocar las tímidas arrancadas del toro, mientras «Lío» las cambiaba andando hacia atrás. La locura. Pero la plaza ardió cuando «Bronce», después de una banderilla sin cabezada, intentó morder al toro. Esas cosas de Madrid… Por eso, aunque el acero otra vez quisiera boicotear el triunfo, la concesión del doble trofeo y, con ello, la rendición de su puerta grande número 20 en esta plaza, cayó casi por obligación popular. Casi nada. Ahora a esperar la 21ª.. Antes había abierto plaza Rui Fernandes con un manso que resultó obediente y agradecido al buen trato del «cavaleiro» portugués, que lo hizo todo con corrección para encelar al toro y mantenerlo fijo a las cabalgaduras. Subió el tono con un par a dos manos por los adentros sobre «Iceberg», aunque no terminó de romper el hielo. Eso lo consiguió en el cuarto, sobre todo con las batidas y piruetas a lomos de «Mistral» (a pesar de una pasada en falso), tras una faena que seguía los mismos derroteros de corrección lidiadora a un toro soso y a menos.. Y tuvo que ponerle mucho Lea Vicens al soso tercero, que se quiso ir desde que pisó la arena venteña. La amazona, que antes que martillar deja los palos con delicadeza, se ajustó bien en una batida en los medios a lomos de «Joker» y en los galopes medidos sobre «Diluvio». La francesa supo mantener la conexión con el público en todo momento y por eso, tras un rejón en dos tiempos, cayó la oreja. Más distraído resultó el sexto, con el que Lea, sobre «Bético», consiguió entusiasmar en los galopes, pero los pinchazos y los tiempos muertos terminaron por diluirlo todo.. FICHA DEL FESTEJO:. Sábado 30 de mayo de 2026. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Vigésima de San Isidro. Lleno de «No hay billetes».. Toros de María Guiomar Cortes de Moura, para rejones, serios y parejos de presencia. 1º obediente; 2º, encastado; 3º, soso; 4º, soso y a menos; 5º, potable; y 6º, distraído.. Rui Fernandes, de casaca verde, rejón contrario, otro bajo y descabello (ovación); y rejón, aviso y cuatro descabellos (ovación).. Diego Ventura, de chaqueta azul noche, cuatro pinchazos y rejón (palmas); y pinchazo y rejón (dos orejas).. Lea Vicens, de chaqueta rejón en dos tiempos (oreja); y tres pinchazos, rejón trasero y descabello (palmas).
Hubo que esperar al vigésimo festejo de este San Isidro para que el jinete rindiera la Puerta Grande por 20ª ocasión en su carrera
Ni el agobiante calor que azota por estos días la capital española pudo disuadir al público madrileño de acercarse nuevamente a Las Ventas este sábado, otro llenazo contundente… y van 13 “No hay billetes”. Lo del auge de los toros, de los jóvenes en la plaza, de la renovación en los tendidos es una verdad palmaria. Ya pueden decir misa quienes lo quieran negar.. También es verdad que contar con Diego Ventura en el cartel atrae, y mucho. Es como ver a Duplantis en un campeonato de atletismo. Sabes que va a romper nuevamente el récord de salto con pértiga, no sabes cuándo, pero quieres ser testigo de ello, aunque el siguiente campeonato vuelva a hacerlo. Pues con Ventura es igual. Venía rondando la vigésima Puerta Grande de Las Ventas cada que hacía el paseíllo, poniendo el listón cada vez más alto, aunque el asalto final se le resistiera. Hasta hoy.. Ventura no especuló y lo apostó todo al segundo, un toro encastado que siguió con celo y ritmo, y Diego se lo dejó llegar siempre muy cerca. Ya lo hizo de salida, parando al toro en un palmo de terreno, y luego en banderillas estiró los galopes de costado con «Querido», muy cosidos los pitones a la piel del caballo, para después elevar la temperatura con unos soberanos quiebros en la corta distancia a toro parado sobre «Quitasueño». Con Ventura todo siempre va a más, apura hasta el último milímetro de espacio, emoción en su máxima expresión. Por eso llegó hasta la misma cara del toro con «Brillante» para las cortas al violín y las rosas, pero el rejón definitivo se atascó. Eso hizo que la apuesta fuera doble con el quinto, que tenía fijeza, pero le faltaron la alegría y la intención. Por eso tuvo que pisar los terrenos del toro con «Nómada», cambiando de pista sin apenas sitio entre los tableros, y atacar de tercio a tercio para provocar las tímidas arrancadas del toro, mientras «Lío» las cambiaba andando hacia atrás. La locura. Pero la plaza ardió cuando «Bronce», después de una banderilla sin cabezada, intentó morder al toro. Esas cosas de Madrid… Por eso, aunque el acero otra vez quisiera boicotear el triunfo, la concesión del doble trofeo y, con ello, la rendición de su puerta grande número 20 en esta plaza, cayó casi por obligación popular. Casi nada. Ahora a esperar la 21ª.. Antes había abierto plaza Rui Fernandes con un manso que resultó obediente y agradecido al buen trato del «cavaleiro» portugués, que lo hizo todo con corrección para encelar al toro y mantenerlo fijo a las cabalgaduras. Subió el tono con un par a dos manos por los adentros sobre «Iceberg», aunque no terminó de romper el hielo. Eso lo consiguió en el cuarto, sobre todo con las batidas y piruetas a lomos de «Mistral» (a pesar de una pasada en falso), tras una faena que seguía los mismos derroteros de corrección lidiadora a un toro soso y a menos.. Y tuvo que ponerle mucho Lea Vicens al soso tercero, que se quiso ir desde que pisó la arena venteña. La amazona, que antes que martillar deja los palos con delicadeza, se ajustó bien en una batida en los medios a lomos de «Joker» y en los galopes medidos sobre «Diluvio». La francesa supo mantener la conexión con el público en todo momento y por eso, tras un rejón en dos tiempos, cayó la oreja. Más distraído resultó el sexto, con el que Lea, sobre «Bético», consiguió entusiasmar en los galopes, pero los pinchazos y los tiempos muertos terminaron por diluirlo todo.. Sábado 30 de mayo de 2026. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Vigésima de San Isidro. Lleno de «No hay billetes».. Toros de María Guiomar Cortes de Moura, para rejones, serios y parejos de presencia. 1º obediente; 2º, encastado; 3º, soso; 4º, soso y a menos; 5º, potable; y 6º, distraído.. Rui Fernandes, de casaca verde, rejón contrario, otro bajo y descabello (ovación); y rejón, aviso y cuatro descabellos (ovación).. Diego Ventura, de chaqueta azul noche, cuatro pinchazos y rejón (palmas); y pinchazo y rejón (dos orejas).. Lea Vicens, de chaqueta rejón en dos tiempos (oreja); y tres pinchazos, rejón trasero y descabello (palmas).
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