Madrid es casa para Declan Donnellan (Mánchester, 1953). Así lo reconoce el propio director británico, que ya no ve extraño estrenar antes aquí que allá. Y es que ya son tres años seguidos actuando en Canal, pero las cifras aumentan según vamos retrocediendo en el tiempo viendo su nombre en las carteleras de la Compañía Nacional de Teatro Clásico o en la del Centro Dramático Nacional. «Cuando era joven y no estaba del todo seguro de mí mismo, España estuvo ahí para nosotros», recuerda un director que no olvida: «Ese tipo de confianza perdura. Es algo más que gratitud: una especie de conexión profunda, casi como el micelio en un bosque. Está ahí, tanto si piensas en ello como si no».. De este modo, tras «Hamlet» y «Edipo Rey», Donnellan se presenta en los teatros de la Comunidad de Madrid con otro clasicazo como es la «Medea» de Eurípides. Y lo vuelve a hacer, de la mano de su compañía (Cheek by Jowl) y del Teatro Nacional Ivan Vazov de Bulgaria, para levantar al público y llevarlo de la butaca al escenario: «Me atrae mucho este tipo de trabajo porque obliga a la representación a adaptarse al espacio y al público. Hay elementos estructurales que permanecen constantes, pero dentro de ellos la experiencia cambia cada noche. Los actores lo sienten con mucha intensidad: cada representación transmite la sensación de un primer encuentro, más que de una repetición. Esa imprevisibilidad mantiene viva la obra», desarrolla.. Una suerte de trilogía. Siguiendo el camino de estas temporadas resulta tentador pensar en una suerte de trilogía, pero «ese no fue el punto de partida», afirma. «Cada pieza surgió de una pregunta diferente durante los ensayos. Hay conexiones, por supuesto, pero no fueron planeadas de antemano. Cualquier noción de “trilogía” surge después».. Medea es, asegura, una obra que no necesita definirse, pues «no presenta una idea y la resuelve»; sino que «abre una situación y te invita a experimentarla». Para el inglés, el teatro no es la búsqueda conclusiones, sino de «transitar por algo». «No es un punto, sino un camino», amplía el británico.. En este caso, Donnellan ha optado por este «monstruo» de la escena mundial, aunque el término «monstruo», se detiene, solo «nos permite mantener la distancia» con su protagonista. «La obra, en realidad, no lo permite. Las acciones de Medea son insoportables, pero las condiciones que las producen no son ajenas. Ella no se percibe a sí misma como caótica, sino como ultralógica. Así que sí, al principio podríamos llamarla monstruo, pero luego debemos reconocer que muchos de los procesos que dan origen a Medea también nos dan origen a nosotros, lo cual resulta menos cómodo. Ella quiere herir a Jasón lo máximo posible y comprende que la forma más efectiva de destruirlo es a través de sus hijos. Esa lógica se vuelve absoluta. Me interesa menos analizarla –que busque a su propio analista– que estar presente con ella. La cuestión es si estamos dispuestos a arriesgarnos en el proceso».. Para el director, el texto de Eurípides no muestra la tragedia como el peligro de lo irracional y sí lo contrario: «El peligro de la lógica llevada al extremo». «Medea no cree estar actuando de forma caótica; ella sigue una línea de razonamiento que se vuelve absoluta. La obra muestra lo que sucede cuando nada interrumpe ese proceso».. A sus 72 años, a Donnellan le da «reparo» decir que las cosas van cada vez peor, aunque sí reconoce que «llevamos milenios perdiendo nuestra humanidad». Y con esas, lo que más le preocupa «es la facilidad con la que nos entregamos a sistemas que parecen lógicos. La lógica es atractiva porque nos permite medir y controlar, y construir la tranquilizadora ilusión de que los resultados se pueden gestionar. No podemos controlar los resultados. La esencia de la vida es la incertidumbre: incertidumbre y sorpresa. Así que la cuestión no es realmente sobre los algoritmos, que son simplemente una nueva manifestación de un viejo problema. Lo que importa más es nuestro deseo de reducir las cosas a lo que se puede contar o explicar», desarrolla un hombre que ha abrazado con «entusiasmo» a la inteligencia artificial: «Es útil precisamente porque es más lógica que yo. Pero las decisiones importantes –al menos en mi trabajo– provienen de algo menos ordenado: la intuición, el sentido de la decencia, el presentimiento de lo que es correcto. La lógica es una buena sirvienta, pero una pésima ama».. Dónde: Teatros del Canal, Madrid. Cuándo: de viernes a domingo. Cuánto: desde 30 euros.
El inglés visita los Teatros del Canal por tercer año consecutivo; esta vez, con el clásico de Eurípides
Madrid es casa para Declan Donnellan (Mánchester, 1953). Así lo reconoce el propio director británico, que ya no ve extraño estrenar antes aquí que allá. Y es que ya son tres años seguidos actuando en Canal, pero las cifras aumentan según vamos retrocediendo en el tiempo viendo su nombre en las carteleras de la Compañía Nacional de Teatro Clásico o en la del Centro Dramático Nacional. «Cuando era joven y no estaba del todo seguro de mí mismo, España estuvo ahí para nosotros», recuerda un director que no olvida: «Ese tipo de confianza perdura. Es algo más que gratitud: una especie de conexión profunda, casi como el micelio en un bosque. Está ahí, tanto si piensas en ello como si no».. De este modo, tras «Hamlet» y «Edipo Rey», Donnellan se presenta en los teatros de la Comunidad de Madrid con otro clasicazo como es la «Medea» de Eurípides. Y lo vuelve a hacer, de la mano de su compañía (Cheek by Jowl) y del Teatro Nacional Ivan Vazov de Bulgaria, para levantar al público y llevarlo de la butaca al escenario: «Me atrae mucho este tipo de trabajo porque obliga a la representación a adaptarse al espacio y al público. Hay elementos estructurales que permanecen constantes, pero dentro de ellos la experiencia cambia cada noche. Los actores lo sienten con mucha intensidad: cada representación transmite la sensación de un primer encuentro, más que de una repetición. Esa imprevisibilidad mantiene viva la obra», desarrolla.. Siguiendo el camino de estas temporadas resulta tentador pensar en una suerte de trilogía, pero «ese no fue el punto de partida», afirma. «Cada pieza surgió de una pregunta diferente durante los ensayos. Hay conexiones, por supuesto, pero no fueron planeadas de antemano. Cualquier noción de “trilogía” surge después».. Medea es, asegura, una obra que no necesita definirse, pues «no presenta una idea y la resuelve»; sino que «abre una situación y te invita a experimentarla». Para el inglés, el teatro no es la búsqueda conclusiones, sino de «transitar por algo». «No es un punto, sino un camino», amplía el británico.. En este caso, Donnellan ha optado por este «monstruo» de la escena mundial, aunque el término «monstruo», se detiene, solo «nos permite mantener la distancia» con su protagonista. «La obra, en realidad, no lo permite. Las acciones de Medea son insoportables, pero las condiciones que las producen no son ajenas. Ella no se percibe a sí misma como caótica, sino como ultralógica. Así que sí, al principio podríamos llamarla monstruo, pero luego debemos reconocer que muchos de los procesos que dan origen a Medea también nos dan origen a nosotros, lo cual resulta menos cómodo. Ella quiere herir a Jasón lo máximo posible y comprende que la forma más efectiva de destruirlo es a través de sus hijos. Esa lógica se vuelve absoluta. Me interesa menos analizarla –que busque a su propio analista– que estar presente con ella. La cuestión es si estamos dispuestos a arriesgarnos en el proceso».. Para el director, el texto de Eurípides no muestra la tragedia como el peligro de lo irracional y sí lo contrario: «El peligro de la lógica llevada al extremo». «Medea no cree estar actuando de forma caótica; ella sigue una línea de razonamiento que se vuelve absoluta. La obra muestra lo que sucede cuando nada interrumpe ese proceso».. A sus 72 años, a Donnellan le da «reparo» decir que las cosas van cada vez peor, aunque sí reconoce que «llevamos milenios perdiendo nuestra humanidad». Y con esas, lo que más le preocupa «es la facilidad con la que nos entregamos a sistemas que parecen lógicos. La lógica es atractiva porque nos permite medir y controlar, y construir la tranquilizadora ilusión de que los resultados se pueden gestionar. No podemos controlar los resultados. La esencia de la vida es la incertidumbre: incertidumbre y sorpresa. Así que la cuestión no es realmente sobre los algoritmos, que son simplemente una nueva manifestación de un viejo problema. Lo que importa más es nuestro deseo de reducir las cosas a lo que se puede contar o explicar», desarrolla un hombre que ha abrazado con «entusiasmo» a la inteligencia artificial: «Es útil precisamente porque es más lógica que yo. Pero las decisiones importantes –al menos en mi trabajo– provienen de algo menos ordenado: la intuición, el sentido de la decencia, el presentimiento de lo que es correcto. La lógica es una buena sirvienta, pero una pésima ama».. Dónde: Teatros del Canal, Madrid. Cuándo: de viernes a domingo. Cuánto: desde 30 euros.
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