Chernóbil conserva el infame récord de ser el accidente nuclear más grande de la historia y, 40 años después de aquel fatídico día, los verdaderos autóctonos de la zona, los animales, continúan habitando los bosques y paisajes contaminados. Y es que el 26 de abril de 1986 representó un antes y un después en muchos ámbitos, pero en especial en el medioambiental y científico.. Fuera de las creaciones de la cultura popular, como los perros azules o los lobos de dos cabezas, la zona de exclusión es hogar de lobos, osos, bisontes, perros callejeros, pájaros autóctonos, ranas y los famosos caballos de Przewalski, entre otras especies. Sin embargo, sus cambios físicos son mínimos en comparación con las mutaciones genéticas que han desarrollado para aumentar su resistencia a la radiación y las bacterias.. Los lobos ‘superpoderosos’. Cuando hablamos de una especie ‘superpoderosa’, no nos referimos a historias de cómics, sino a su sistema inmunológico; los lobos de Chernóbil tienen un blindaje natural contra el cáncer. Un equipo de investigadores de la Universidad de Princeton examinó las diferencias genéticas entre el ADN de los lobos mutados en el radio de 2.600 km cuadrados de la zona de exclusión y los que se encuentran fuera de ella, revelando la evolución genética de la especie expuesta a la radiación.. La bióloga encargada de la investigación, Cara Love, espera que el descubrimiento pueda allanar el camino para que los expertos identifiquen mutaciones en humanos que reduzcan el riesgo de cáncer. Y es que estos lobos mutantes podrán ayudar a descubrir formas de curar el cáncer en pacientes una vez se reinicien las investigaciones bloqueadas por la guerra en Ucrania.. Los animales domésticos de Chernóbil. Entre las historias trágicas del éxodo masivo en Prípiat y las ciudades cercanas a la central nuclear, se encuentra la de los perros, gatos y otros animales domésticos que quedaron abandonados tras la evacuación. Contra todo pronóstico, muchos de ellos sobrevivieron y sus descendientes se han convertido en objeto de estudios científicos.. Una de las investigaciones más recientes, publicada en Canine Medicine and Genetics, identificó 52 genes relacionados con la exposición a la contaminación en 700 perros asilvestrados que habitan en la Zona de Exclusión. Muchos de estos están vinculados a procesos de reparación genética, lo que con el tiempo será clave para mitigar los riesgos en futuros desastres ambientales.. Golondrinas con escudos antibacterias. Un equipo internacional en el que participa la Estación Experimental de Zonas Áridas, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ha constatado mediante trabajo de campo que algunas poblaciones de golondrinas que habitan en la zona de Chernóbil muestran una mayor resistencia frente a diversas bacterias.. Esta capacidad es superior a la observada en otras golondrinas que viven en áreas con menor o nula contaminación radiactiva. Entre las bacterias más relevantes están aquellas que degradan las plumas de las golondrinas.
Los animales que habitan la zona de exclusión han desarrollado estructuras genéticas para adaptarse al entorno contaminado por la radiación.
Chernóbil conserva el infame récord de ser el accidente nuclear más grande de la historia y, 40 años después de aquel fatídico día, los verdaderos autóctonos de la zona, los animales, continúan habitando los bosques y paisajes contaminados. Y es que el 26 de abril de 1986 representó un antes y un después en muchos ámbitos, pero en especial en el medioambiental y científico.. Fuera de las creaciones de la cultura popular, como los perros azules o los lobos de dos cabezas, la zona de exclusión es hogar de lobos, osos, bisontes, perros callejeros, pájaros autóctonos, ranas y los famosos caballos de Przewalski, entre otras especies. Sin embargo, sus cambios físicos son mínimos en comparación con las mutaciones genéticas que han desarrollado para aumentar su resistencia a la radiación y las bacterias.. Los lobos ‘superpoderosos’. Cuando hablamos de una especie ‘superpoderosa’, no nos referimos a historias de cómics, sino a su sistema inmunológico; los lobos de Chernóbil tienen un blindaje natural contra el cáncer. Un equipo de investigadores de la Universidad de Princeton examinólas diferencias genéticas entre el ADN de los lobos mutados en el radio de 2.600 km cuadrados de la zona de exclusión y los que se encuentran fuera de ella, revelando la evolución genética de la especie expuesta a la radiación.. La bióloga encargada de la investigación, Cara Love, espera que el descubrimiento pueda allanar el camino para que los expertos identifiquen mutaciones en humanos que reduzcan el riesgo de cáncer. Y es que estos lobos mutantes podrán ayudar a descubrir formas de curar el cáncer en pacientes una vez se reinicien las investigaciones bloqueadas por la guerra en Ucrania.. Los animales domésticos de Chernóbil. Entre las historias trágicas del éxodo masivo en Prípiat y las ciudades cercanas a la central nuclear, se encuentra la de los perros, gatos y otros animales domésticos que quedaron abandonados tras la evacuación. Contra todo pronóstico, muchos de ellos sobrevivieron y sus descendientes se han convertido en objeto de estudios científicos.. Una de las investigaciones más recientes, publicada enCanine Medicine and Genetics, identificó 52 genes relacionados con la exposición a la contaminación en 700 perros asilvestrados que habitan en la Zona de Exclusión. Muchos de estos están vinculados a procesos de reparación genética, lo que con el tiempo será clave para mitigar los riesgos en futuros desastres ambientales.. Golondrinas con escudos antibacterias. Un equipo internacional en el que participa la Estación Experimental de Zonas Áridas, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ha constatado mediante trabajo de campo que algunas poblaciones de golondrinas que habitan en la zona de Chernóbil muestran una mayor resistencia frente a diversas bacterias.. Esta capacidad es superior a la observada en otras golondrinas que viven en áreas con menor o nula contaminación radiactiva. Entre las bacterias más relevantes están aquellas que degradan las plumas de las golondrinas.
