Esta serie examina el racismo institucional que atraviesa la acogida de la infancia migrante y su relación con las lógicas coloniales de separación y control. A través de muros, espacios policiales, instrumentos médicos y procedimientos burocráticos, el trabajo explora cómo la frontera física y geopolítica se prolonga después de cruzarla. La mirada se dirige hacia las estructuras que clasifican, vigilan y deciden quién recibe protección, mostrando cómo los niños y adolescentes que migran solos pasan de necesitar cuidados a ser tratados como una potencial amenaza
Opinión en EL PAÍS
