Antes de que las procesiones abarroten las calles, en Salamanca nos recibe Domingo Delgado de la Cámara. Todos los que frecuentamos el mundo del toro le conocemos. Él se define como aficionado, pero en realidad es algo más preciso: un estudioso de la Tauromaquia. Y desde ahí, desde el conocimiento, ejerce la crítica.. Vive en Salamanca, aunque es oriundo de Morata de Tajuña (Madrid), donde empezó a ver novilladas en las fiestas del pueblo. Estudió Derecho “por exigencia legal” de su padre y no fue hasta pasados los treinta cuando comenzó a escribir y a construir esa voz pública que hoy tiene uno de sus altavoces principales en Onetoro. Cuando no hay toros, la realidad es más doméstica: “llevo la gerencia de la clínica de mi mujer”. Pero enseguida corrige el plano: “mi verdadera vocación es la afición a los toros, que es lo que me ha llevado a tener inquietud por saber”.. Hay en su discurso una mezcla de escepticismo y lucidez que no tarda en aparecer.. “La crónica taurina escrita ha terminado”, dice. “Nadie tiene paciencia para sentarse a leerla. Ahora lo que vale es el comentario”.. No es solo una cuestión de formato, sino de fondo. Para Delgado de la Cámara, el problema es más grave: la banalización del conocimiento. “Hay una exaltación de la ignorancia, como en cualquier otro ámbito de la vida”, afirma, “y cualquiera se cree con derecho a opinar sin saber absolutamente nada”. Y eso también se extiende a los toros.. La conversación deriva hacia la crítica, un territorio cada vez más desdibujado. Reconoce que hoy escasea y apunta dos razones: “la falta de respaldo de los medios y un cambio de sensibilidad desde la muerte de Paquirri, que hizo más consciente al crítico del riesgo real que asume el torero”. “Ahora somos todos absolutamente amables y comprensivos”, sentencia, dejando en el aire que hemos pasado de la dureza excesiva a la indulgencia plenaria.. Entre reflexión y reflexión, le lanzo la pregunta que llevo toda la tarde esperando: ¿Qué es torear bien?. “Joder, ¡vaya pregunta!” (ríe). No la esquiva, pero la desactiva con sabiduría antigua citando a Rafael El Gallo: “Lo bien toreao es lo bien arrematao”. Y prosigue. “Cuando el toreo fluye con limpieza, el toro no engancha los engaños y los muletazos se ligan, se está toreando bien. Cuando no fluye, porque la ligazón no es posible y el toro se frena y no pasa, no se está toreando. Lo demás son teorías de casino”.. Domingo rechaza etiquetas como pureza o clasicismo: “eso lo escriben señores que no han cogido una muleta en su vida”. Él, en cambio, torea -aunque se define como “mal aficionado práctico”- y eso, admite, le ha quitado muchas tonterías de la cabeza.. El análisis histórico llega con precisión. “El toreo de hoy no es el de Juan Belmonte”, explica, “es el del eje Joselito, Chicuelo y Manolete”. De Belmonte, dice, queda más la estética que la estructura. Lo que se ha impuesto es el toreo en redondo, la continuidad, la faena como unidad. Y en esa línea lanza una afirmación categórica: “Estamos en el mejor momento de la historia”.. Lo sostiene en el toro. Nunca se ha criado uno tan bueno, tan regular, tan “previsible”. Y ahí está la paradoja: esa perfección técnica reduce el margen de sorpresa. “Antes no se sabía qué iba a pasar”, recuerda. “Ahora el toro cumple, no tiene los altibajos de antaño cuando se saltaba al callejón y no se sabía qué iba a ocurrir”.. Hay, en el fondo, una crítica velada al tópico del pasado idealizado. Como en el amor, viene a decir, quien habla de decadencia suele estar hablándose a sí mismo. “Lo mismo ocurre con la Fiesta, todo el mundo mitifica sus años mozos e idealiza su juventud”.. Cuando la conversación se acerca a Castilla y León, el tono se vuelve más preocupado. Reconoce su peso ganadero y cultural, pero pone el foco en el festejo popular.. “Me parece bien como complemento. No como sustitución. La desaparición de novilladas en muchos pueblos es por una cuestión económica. El concurso de cortes es más barato. Y entretiene igual. Pero el equilibrio se está rompiendo”. Apunta factores: costes, cuadrillas, Seguridad Social… y también cambios sociales. “Aquí, en Salamanca, antes se cerraban los comercios por la tarde. Ahora no”. Propone incluso horarios nocturnos de corridas y novilladas, consciente de que la solución no es simple.. Y entonces aparece una idea de fondo: “La Fiesta está invertebrada. No hay un organismo que coordine, regule y piense a largo plazo. Habría que crear un libro blanco del sector, y crear diferentes comisiones sobre temas importantes como política audiovisual, horarios, sanciones…” Y deja caer una condición indispensable: “que lo dirijan los buenos aficionados”.. El último tramo de la conversación gira en torno al indulto. Y aquí Delgado de la Cámara no matiza. “El indulto es subversivo. Rompe la liturgia, porque no se mata al toro. Abre la puerta a una corrida sin muerte. Además, permite triunfar sin matar”. Propone medidas concretas, que incluso ha trasladado a la Junta de Castilla y León: “que no se concedan orejas en caso de indulto o que el toro vuelva al caballo si se solicita. Claro, que se corre el riesgo de que cante la gallina en el último momento”. Medidas discutibles, pero coherentes con su planteamiento de preservar el sentido de la lidia.. La entrevista termina como empezó: con muchas ideas y con la sensación de haber escuchado a alguien que no habla para agradar, sino para ordenar el pensamiento y preservar la tauromaquia.
LA RAZÓN conversa con el crítico taurino afincado en Salamanca sobre los diferentes momentos en los que se encuentra la Fiesta de los toros
Antes de que las procesiones abarroten las calles, en Salamanca nos recibe Domingo Delgado de la Cámara. Todos los que frecuentamos el mundo del toro le conocemos. Él se define como aficionado, pero en realidad es algo más preciso: un estudioso de la Tauromaquia. Y desde ahí, desde el conocimiento, ejerce la crítica.. Vive en Salamanca, aunque es oriundo de Morata de Tajuña (Madrid), donde empezó a ver novilladas en las fiestas del pueblo. Estudió Derecho “por exigencia legal” de su padre y no fue hasta pasados los treinta cuando comenzó a escribir y a construir esa voz pública que hoy tiene uno de sus altavoces principales en Onetoro. Cuando no hay toros, la realidad es más doméstica: “llevo la gerencia de la clínica de mi mujer”. Pero enseguida corrige el plano: “mi verdadera vocación es la afición a los toros, que es lo que me ha llevado a tener inquietud por saber”.. Hay en su discurso una mezcla de escepticismo y lucidez que no tarda en aparecer.. “La crónica taurina escrita ha terminado”, dice. “Nadie tiene paciencia para sentarse a leerla. Ahora lo que vale es el comentario”.. No es solo una cuestión de formato, sino de fondo. Para Delgado de la Cámara, el problema es más grave: la banalización del conocimiento. “Hay una exaltación de la ignorancia, como en cualquier otro ámbito de la vida”, afirma, “y cualquiera se cree con derecho a opinar sin saber absolutamente nada”. Y eso también se extiende a los toros.. La conversación deriva hacia la crítica, un territorio cada vez más desdibujado. Reconoce que hoy escasea y apunta dos razones: “la falta de respaldo de los medios y un cambio de sensibilidad desde la muerte de Paquirri, que hizo más consciente al crítico del riesgo real que asume el torero”. “Ahora somos todos absolutamente amables y comprensivos”, sentencia, dejando en el aire que hemos pasado de la dureza excesiva a la indulgencia plenaria.. Entre reflexión y reflexión, le lanzo la pregunta que llevo toda la tarde esperando: ¿Qué es torear bien?. “Joder, ¡vaya pregunta!” (ríe). No la esquiva, pero la desactiva con sabiduría antigua citando a Rafael El Gallo: “Lo bien toreao es lo bien arrematao”. Y prosigue. “Cuando el toreo fluye con limpieza, el toro no engancha los engaños y los muletazos se ligan, se está toreando bien. Cuando no fluye, porque la ligazón no es posible y el toro se frena y no pasa, no se está toreando. Lo demás son teorías de casino”.. Domingo rechaza etiquetas como pureza o clasicismo: “eso lo escriben señores que no han cogido una muleta en su vida”. Él, en cambio, torea -aunque se define como “mal aficionado práctico”- y eso, admite, le ha quitado muchas tonterías de la cabeza.. “El toreo de hoy no es el de Juan Belmonte”, explica, “es el del eje Joselito, Chicuelo y Manolete”. De Belmonte, dice, queda más la estética que la estructura. Lo que se ha impuesto es el toreo en redondo, la continuidad, la faena como unidad. Y en esa línea lanza una afirmación categórica: “Estamos en el mejor momento de la historia”.. Lo sostiene en el toro. Nunca se ha criado uno tan bueno, tan regular, tan “previsible”. Y ahí está la paradoja: esa perfección técnica reduce el margen de sorpresa. “Antes no se sabía qué iba a pasar”, recuerda. “Ahora el toro cumple, no tiene los altibajos de antaño cuando se saltaba al callejón y no se sabía qué iba a ocurrir”.. Hay, en el fondo, una crítica velada al tópico del pasado idealizado. Como en el amor, viene a decir, quien habla de decadencia suele estar hablándose a sí mismo. “Lo mismo ocurre con la Fiesta, todo el mundo mitifica sus años mozos e idealiza su juventud”.. Cuando la conversación se acerca a Castilla y León, el tono se vuelve más preocupado. Reconoce su peso ganadero y cultural, pero pone el foco en el festejo popular.. “Me parece bien como complemento. No como sustitución. La desaparición de novilladas en muchos pueblos es por una cuestión económica. El concurso de cortes es más barato. Y entretiene igual.Pero el equilibrio se está rompiendo”. Apunta factores: costes, cuadrillas, Seguridad Social… y también cambios sociales. “Aquí, en Salamanca, antes se cerraban los comercios por la tarde. Ahora no”. Propone incluso horarios nocturnos de corridas y novilladas, consciente de que la solución no es simple.. Y entonces aparece una idea de fondo: “La Fiesta está invertebrada. No hay un organismo que coordine, regule y piense a largo plazo. Habría que crear un libro blanco del sector, y crear diferentes comisiones sobre temas importantes como política audiovisual, horarios, sanciones…” Y deja caer una condición indispensable: “que lo dirijan los buenos aficionados”.. El último tramo de la conversación gira en torno al indulto. Y aquí Delgado de la Cámara no matiza. “El indulto es subversivo. Rompe la liturgia, porque no se mata al toro. Abre la puerta a una corrida sin muerte. Además, permite triunfar sin matar”. Propone medidas concretas, que incluso ha trasladado a la Junta de Castilla y León: “que no se concedan orejas en caso de indulto o que el toro vuelva al caballo si se solicita. Claro, que se corre el riesgo de que cante la gallina en el último momento”. Medidas discutibles, pero coherentes con su planteamiento de preservar el sentido de la lidia.. La entrevista termina como empezó: con muchas ideas y con la sensación de haber escuchado a alguien que no habla para agradar, sino para ordenar el pensamiento y preservar la tauromaquia.
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