–Abuelo, ¿qué haces?. –Pensar, qué voy a hacer.. –Oye, abuelo, y si hablo contigo un rato, ¿me leerás un cuento luego?. –Bueno… ¿Sabes lo que soñé anoche? Que volvía al pueblo. Yo solo. En bicicleta. Pero verás lo que me pasó… En mitad de una recta van y me adelantan dos guardias de tráfico con las motos y me hacen señas de que me detenga. A ver, usted, ¿dónde va? Y yo: A mi casa, dónde voy a ir. Y ellos que dónde está mi casa. Y yo: Pues en mi pueblo, dónde va a estar. Y ellos entonces que dónde está ese pueblo. Y yo: ¿Ven aquellas montañas azules? Pues allí mismo detrás. Y ya los veo que se miran el uno al otro y cuchichean y al final uno saca la libreta y escribe algo y arranca una hoja y me la extiende: Aquí tiene, por exceso de velocidad. Y en esas que voy yo y cojo la hoja de la multa y sin decirles nada los dejo allí plantados como dos pasmarotes y monto en la bicicleta y arreo carretera adelante, al principio despacio y recatándome para mirarles, y luego ya pedaleando a todo pedalear, que iba lo menos a cincuenta por hora…. –Oye, abuelo, ¿qué te traían a ti los Reyes cuando eras niño?. –Pues el aguinaldo, que así se llamaba antes: golosinas, una caja de pintura de Alpino… Y si eran muy generosos, una pizarra de las que llevábamos a la escuela, con su pizarrín, para escribir y hacer las cuentas, y a lo mejor también un estuche de tres bolígrafos de la marca BIC, cada uno de un color, azul, negro y rojo…. –¿Y juguetes?. –Se conoce que cuando llegaban los Reyes al pueblo ya se les habían acabado todos.. –Pero, ¿les escribíais la carta?. –No.. –¿Y entonces?. –Pues nada, que nos dejaban lo que ellos querían.. –Pero si hubieras escrito la carta alguna vez, ¿qué les habrías pedido?. –No sé… Bueno, creo que un balón de reglamento.. –¿Nada más? Y si les escribieras la carta ahora, ¿qué les pedirías?. –Pero, hombre, que yo ya no tengo edad… Está bien… Pues les pediría un reloj que detuviera el tiempo y lo volviera para atrás, no hace falta que sea mucho, con unos cuantos años me conformo… Ah, y una cachava que me suba ella sola las cuestas…. –Jo, abuelo, es que podías haber esperado un poco más para hacerte viejo. ¿Qué prisa tenías
Les pediría un reloj que detuviera el tiempo y lo volviera para atrás
–Abuelo, ¿qué haces?. –Pensar, qué voy a hacer.. –Oye, abuelo, y si hablo contigo un rato, ¿me leerás un cuento luego?. –Bueno… ¿Sabes lo que soñé anoche? Que volvía al pueblo. Yo solo. En bicicleta. Pero verás lo que me pasó… En mitad de una recta van y me adelantan dos guardias de tráfico con las motos y me hacen señas de que me detenga. A ver, usted, ¿dónde va? Y yo: A mi casa, dónde voy a ir. Y ellos que dónde está mi casa. Y yo: Pues en mi pueblo, dónde va a estar. Y ellos entonces que dónde está ese pueblo. Y yo: ¿Ven aquellas montañas azules? Pues allí mismo detrás. Y ya los veo que se miran el uno al otro y cuchichean y al final uno saca la libreta y escribe algo y arranca una hoja y me la extiende: Aquí tiene, por exceso de velocidad. Y en esas que voy yo y cojo la hoja de la multa y sin decirles nada los dejo allí plantados como dos pasmarotes y monto en la bicicleta y arreo carretera adelante, al principio despacio y recatándome para mirarles, y luego ya pedaleando a todo pedalear, que iba lo menos a cincuenta por hora…. –Oye, abuelo, ¿qué te traían a ti los Reyes cuando eras niño?. –Pues el aguinaldo, que así se llamaba antes: golosinas, una caja de pintura de Alpino… Y si eran muy generosos, una pizarra de las que llevábamos a la escuela, con su pizarrín, para escribir y hacer las cuentas, y a lo mejor también un estuche de tres bolígrafos de la marca BIC, cada uno de un color, azul, negro y rojo…. –¿Y juguetes?. –Se conoce que cuando llegaban los Reyes al pueblo ya se les habían acabado todos.. –Pero, ¿les escribíais la carta?. –No.. –¿Y entonces?. –Pues nada, que nos dejaban lo que ellos querían.. –Pero si hubieras escrito la carta alguna vez, ¿qué les habrías pedido?. –No sé… Bueno, creo que un balón de reglamento.. –¿Nada más? Y si les escribieras la carta ahora, ¿qué les pedirías?. –Pero, hombre, que yo ya no tengo edad… Está bien… Pues les pediría un reloj que detuviera el tiempo y lo volviera para atrás, no hace falta que sea mucho, con unos cuantos años me conformo… Ah, y una cachava que me suba ella sola las cuestas…. –Jo, abuelo, es que podías haber esperado un poco más para hacerte viejo. ¿Qué prisa tenías
Noticias de Cataluña en La Razón
