Cristian Pérez centró el argumento de la noche en Las Ventas gracias una entrega absoluta y sincera, en una tarde donde la gloria de la Puerta Grande y la tragedia de la enfermería caminaron de la mano. Obligado a saludar tras el paseíllo por su grave percance de marzo, el albaceteño brindó su primer toro al cuerpo médico y pasó de inmediato a jugarse la vida; de hecho, apenas instantes antes el viento le enredó el capote en un quite por saltilleras, dejándolo a merced del de Valdefresno en unos segundos de extrema tensión.Ya con la muleta, instrumentó una faena emotiva a un ejemplar largo que ofreció algunas embestidas francas al comienzo, sin embargo, Pérez las empleó pasándose al toro por la espalda y en muletazos de más impacto visual que de contenido fundamental y, cuando el torero buscó la profundidad, el animal ya se había rajado. No obstante, el fulminante y espectacular estoconazo con que despachó al toro le valió el justo trofeo pedido con fuerza por sus parciales. El drama llegó en el quinto, un toro con fijeza que empujó con brío en el caballo de un acertado Santiago Pérez. Cristian lo citó en los medios y fue volteado de forma seca y violenta, quedando inmóvil sobre la arena. La plaza se sumió en un tenso silencio y la incertidumbre se apoderó de los tendidos durante su traslado a la enfermería. Sin embargo, el diestro reapareció por el callejón enrabietado y sin chaquetilla, para retomar su labor e imponerse con autoridad a la bronca transmisión de su oponente. Fue un toma y daca, vibrante, hasta que los derechazos cayeron recios y el toro perdió fuelle. Terminó por rajarse y Pérez lo obligó a pasar con solvente mano cerca de los tableros. Olía a puerta grande, pero dos pinchazos previos a la estocada redujeron el premio a una clamorosa vuelta al ruedo tras escuchar un aviso.. La otra cara de la moneda la vivió Alejandro Peñaranda en el sexto, un ejemplar de amplia cara que escondía una embestida tan noble como carente de clase con el que perdió un triunfo legítimo por culpa de los aceros. Peñaranda leyó las francas condiciones de su oponente y, pese al molesto viento, cuajó una labor de muleta de excelente corte y nítida línea ascendente. El salmantino pulió las aristas de la embestida con suavidad, perfecta colocación y mucho temple, logrando naturales de gran hondura y verdad ante agradeció el buen trato, pero todo quedó en nada por su fallo con la espada. Previamente, ante el deslucido y manso tercero, el slamantino bastante hizo con ponerse por delante e intentar someterlo con poder en tablas antes de abreviar con una espada habilidosa.. Por su parte, el mexicano Juan Pablo Sánchez completó una actuación de impecable solvencia y oficio con el lote de menos opciones de la tarde, compuesto por un primero de Couto de Fornilhos y un cuarto de Valdefresno desprovistos de entrega. Al estrecho y vacío primero, que anduvo suelto y distraído, Sánchez lo descifró de inmediato y lo obligó a pasar en series diestras mandonas y rotundas, sin dejarlo pensar entre muletazo y muletazo, quedando todo en silencio tras una espada hábil pero defectuosa. Con el cuarto, un toro de bonita estampa carbonera pero rajado y deslucido que salía de la muleta con la cara arriba, el diestro azteca cimentó su labor en una colocación impecable y una firmeza admirable para tapar los defectos del astado, resultando imposible el lucimiento ante la nula colaboración de su enemigo.. FICHA DEL FESTEJO:. Sábado 20 de junio de 2026, nocturna. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Corrida de toros. Alrededor de un cuarto de entrada.. Se lidiaron toros de cuatro toros de Valdefresno y Couto de Fornilhos (1º y 6º). Correctos de presencia y astifinos. 1º, manso; 2º, noble y a menos; 3º, manso deslucido; 4º, sin clase; 5º, bronco y a menos; y 6º, noble y agradecido.. Juan Pablo Sánchez, de verde botella y oro, casi entera (silencio), y media estocada y descabello (silencio). Cristian Pérez, de purísima y oro, estoconazo y aviso (oreja); y aviso, dos pinchazos y estocada (vuelta).. Alejandro Peñaranda, de tabaco y oro, estocada defectuosa (silencio); y pinchazo, estocada, aviso y cinco descabellos (ovación).
El albaceteño paseó un trofeo del segundo y dio una vuelta al ruedo en el quinto tras sobreponerse a una espeluznante cogida
Cristian Pérez centró el argumento de la noche en Las Ventas gracias una entrega absoluta y sincera, en una tarde donde la gloria de la Puerta Grande y la tragedia de la enfermería caminaron de la mano. Obligado a saludar tras el paseíllo por su grave percance de marzo, el albaceteño brindó su primer toro al cuerpo médico y pasó de inmediato a jugarse la vida; de hecho, apenas instantes antes el viento le enredó el capote en un quite por saltilleras, dejándolo a merced del de Valdefresno en unos segundos de extrema tensión.Ya con la muleta, instrumentó una faena emotiva a un ejemplar largo que ofreció algunas embestidas francas al comienzo, sin embargo, Pérez las empleó pasándose al toro por la espalda y en muletazos de más impacto visual que de contenido fundamental y, cuando el torero buscó la profundidad, el animal ya se había rajado. No obstante, el fulminante y espectacular estoconazo con que despachó al toro le valió el justo trofeo pedido con fuerza por sus parciales. El drama llegó en el quinto, un toro con fijeza que empujó con brío en el caballo de un acertado Santiago Pérez. Cristian lo citó en los medios y fue volteado de forma seca y violenta, quedando inmóvil sobre la arena. La plaza se sumió en un tenso silencio y la incertidumbre se apoderó de los tendidos durante su traslado a la enfermería. Sin embargo, el diestro reapareció por el callejón enrabietado y sin chaquetilla, para retomar su labor e imponerse con autoridad a la bronca transmisión de su oponente. Fue un toma y daca, vibrante, hasta que los derechazos cayeron recios y el toro perdió fuelle. Terminó por rajarse y Pérez lo obligó a pasar con solvente mano cerca de los tableros. Olía a puerta grande, pero dos pinchazos previos a la estocada redujeron el premio a una clamorosa vuelta al ruedo tras escuchar un aviso.. La otra cara de la moneda la vivió Alejandro Peñaranda en el sexto, un ejemplar de amplia cara que escondía una embestida tan noble como carente de clase con el que perdió un triunfo legítimo por culpa de los aceros. Peñaranda leyó las francas condiciones de su oponente y, pese al molesto viento, cuajó una labor de muleta de excelente corte y nítida línea ascendente. El salmantino pulió las aristas de la embestida con suavidad, perfecta colocación y mucho temple, logrando naturales de gran hondura y verdad ante agradeció el buen trato, pero todo quedó en nada por su fallo con la espada. Previamente, ante el deslucido y manso tercero, el slamantino bastante hizo con ponerse por delante e intentar someterlo con poder en tablas antes de abreviar con una espada habilidosa.. Por su parte, el mexicano Juan Pablo Sánchez completó una actuación de impecable solvencia y oficio con el lote de menos opciones de la tarde, compuesto por un primero de Couto de Fornilhos y un cuarto de Valdefresno desprovistos de entrega. Al estrecho y vacío primero, que anduvo suelto y distraído, Sánchez lo descifró de inmediato y lo obligó a pasar en series diestras mandonas y rotundas, sin dejarlo pensar entre muletazo y muletazo, quedando todo en silencio tras una espada hábil pero defectuosa. Con el cuarto, un toro de bonita estampa carbonera pero rajado y deslucido que salía de la muleta con la cara arriba, el diestro azteca cimentó su labor en una colocación impecable y una firmeza admirable para tapar los defectos del astado, resultando imposible el lucimiento ante la nula colaboración de su enemigo.. Sábado 20 de junio de 2026, nocturna. Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Corrida de toros. Alrededor de un cuarto de entrada.. Se lidiaron toros de cuatro toros de Valdefresno y Couto de Fornilhos (1º y 6º). Correctos de presencia y astifinos. 1º, manso; 2º, noble y a menos; 3º, manso deslucido; 4º, sin clase; 5º, bronco y a menos; y 6º, noble y agradecido.. Juan Pablo Sánchez, de verde botella y oro, casi entera (silencio), y media estocada y descabello (silencio). Cristian Pérez, de purísima y oro, estoconazo y aviso (oreja); y aviso, dos pinchazos y estocada (vuelta).. Alejandro Peñaranda, de tabaco y oro, estocada defectuosa (silencio); y pinchazo, estocada, aviso y cinco descabellos (ovación).
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