Hay fotografías capaces de hacer ruido. No porque incorporen sonido, sino porque basta observarlas para escuchar un acorde, un aplauso o el silencio que precede a la salida de un artista al escenario. Ese es el punto de partida de ’12 fotógrafos al ritmo del obturador. Retratos y directos de la escena musical’, la nueva exposición que puede visitarse en la Galería Nikon House de Madrid y que reúne la mirada de doce profesionales acostumbrados a trabajar allí donde la música dura apenas un instante. En una época en la que cualquier concierto termina convertido en miles de imágenes captadas con teléfonos móviles, la muestra reivindica el valor del fotógrafo que espera el momento preciso. El que conoce la luz del escenario, anticipa un gesto y entiende que una buena fotografía musical no consiste únicamente en congelar el movimiento, sino en transmitir la emoción de un directo. La exposición propone un recorrido dividido en dos grandes territorios. El primero pertenece al escenario: conciertos donde la iluminación cambia constantemente, el humo transforma la escena y cada disparo es una decisión tomada en décimas de segundo. El segundo conduce al retrato, un espacio mucho más pausado donde el fotógrafo busca la personalidad del músico lejos del estruendo de los amplificadores. Son dos maneras aparentemente opuestas de fotografiar, aunque ambas persiguen el mismo objetivo: contar quién es el artista. En una imagen aparece la energía desbordada de un concierto multitudinario; en la siguiente, una mirada serena basta para resumir toda una trayectoria. La exposición reúne el trabajo de doce nombres habituales del fotoperiodismo cultural español: Alberto Roldán, Ángel de Antonio, Alfredo Garofano, Belén Díaz, Belén Tánago, Carlos Agustín, Carlos Álvarez, Chema Barroso, Nico Chicote, Paco Manzano, Ricardo Rubio y Tamara Rozas. Cada uno aporta una forma distinta de acercarse a la música, fruto de años de experiencia entre camerinos, fosos y sesiones fotográficas. Usan la paciencia, la intuición y la experiencia para transformar el sonido en memoria visual Más que buscar una unidad estética, la muestra celebra precisamente esa diversidad de miradas. Hay imágenes construidas desde la fuerza del blanco y negro y otras dominadas por la intensidad del color; fotografías que convierten el escenario en una explosión de luces y otras que encuentran toda su potencia en un gesto mínimo o en un instante de calma antes de que comience el espectáculo. El recorrido permite comprobar también la evolución de la fotografía musical. Del carrete a los sensores digitales, del revelado químico a la edición inmediata, la tecnología ha transformado la manera de trabajar, pero no ha cambiado lo esencial: la necesidad de estar exactamente en el lugar adecuado cuando sucede algo irrepetible. Porque eso es, probablemente, lo que distingue a la fotografía musical de otros géneros. Ningún concierto vuelve a repetirse exactamen
La Galería Nikon House reúne el trabajo de una docena de referentes del fotoperiodismo musical en una exposición que recorre el directo, el retrato y la memoria visual de varias generaciones de artistas
Hay fotografías capaces de hacer ruido. No porque incorporen sonido, sino porque basta observarlas para escuchar un acorde, un aplauso o el silencio que precede a la salida de un artista al escenario. Ese es el punto de partida de ’12 fotógrafos al ritmo del obturador. Retratos y directos de la escena musical’, la nueva exposición que puede visitarse en la Galería Nikon House de Madrid y que reúne la mirada de doce profesionales acostumbrados a trabajar allí donde la música dura apenas un instante.En una época en la que cualquier concierto termina convertido en miles de imágenes captadas con teléfonos móviles, la muestra reivindica el valor del fotógrafo que espera el momento preciso. El que conoce la luz del escenario, anticipa un gesto y entiende que una buena fotografía musical no consiste únicamente en congelar el movimiento, sino en transmitir la emoción de un directo. La exposición propone un recorrido dividido en dos grandes territorios. El primero pertenece al escenario: conciertos donde la iluminación cambia constantemente, el humo transforma la escena y cada disparo es una decisión tomada en décimas de segundo. El segundo conduce al retrato, un espacio mucho más pausado donde el fotógrafo busca la personalidad del músico lejos del estruendo de los amplificadores.Son dos maneras aparentemente opuestas de fotografiar, aunque ambas persiguen el mismo objetivo: contar quién es el artista. En una imagen aparece la energía desbordada de un concierto multitudinario; en la siguiente, una mirada serena basta para resumir toda una trayectoria.La exposición reúne el trabajo de doce nombres habituales del fotoperiodismo cultural español: Alberto Roldán, Ángel de Antonio, Alfredo Garofano, Belén Díaz, Belén Tánago, Carlos Agustín, Carlos Álvarez, Chema Barroso, Nico Chicote, Paco Manzano, Ricardo Rubio y Tamara Rozas. Cada uno aporta una forma distinta de acercarse a la música, fruto de años de experiencia entre camerinos, fosos y sesiones fotográficas.Usan la paciencia, la intuición y la experiencia para transformar el sonido en memoria visualMás que buscar una unidad estética, la muestra celebra precisamente esa diversidad de miradas. Hay imágenes construidas desde la fuerza del blanco y negro y otras dominadas por la intensidad del color; fotografías que convierten el escenario en una explosión de luces y otras que encuentran toda su potencia en un gesto mínimo o en un instante de calma antes de que comience el espectáculo. El recorrido permite comprobar también la evolución de la fotografía musical. Del carrete a los sensores digitales, del revelado químico a la edición inmediata, la tecnología ha transformado la manera de trabajar, pero no ha cambiado lo esencial: la necesidad de estar exactamente en el lugar adecuado cuando sucede algo irrepetible.Porque eso es, probablemente, lo que distingue a la fotografía musical de otros géneros. Ningún concierto vuelve a repetirse ex
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