Las comparaciones siempre resultan odiosas. Y, sobre todo,cuando de lo que se trata es de una adaptación libre (que no remake, ojo) de una de las películas más iconográficas del cine español, «Mi querida señorita» (1972), que dirigió Jaime de Armiñán y protagonizó un extraordinario José Luis López Vázquez, un filme que entonces dejó a muchos españoles con la boca abierta y que estuvo nominado al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.. Aquella cinta sobre una devota mujer que no lo es, o no exactamente, que vive en una ciudad de provincias enamorada sin saberlo de su asistenta y que cada mañana debe afeitarse la barba moderniza su historia hasta trasladarnos a la Pamplona de 1999 para conocer la de otra Adela, esta vez altísima y de de andar patoso, menos femenina y más confusa, aunque igualmente catequista y de una familia acomodada y conservadora.. Pero, en esta ocasión, las dudas que aquejaban a la primera tiene nombre, intersexualidad, y apellidos, estrógenos, testículos no descendidos e intolerancia. La de los padres de la protagonista, que decidieron, cuando la niña era adolescente, decidir su género en una mesa de operaciones. De todo esto, nada en la primigenia.. González Molina, pues, revisita con una mirada contemporánea temas como el de la identidad mientras en el camino se entrecruza un sacerdote gay muy enrollado ([[LINK:TAG|||tag|||633615505c059a26e23f79f7|||Paco León]], que encarna a un personaje que, entre otras afirmaciones, dice que «la vida es pasión desde cristo a Mónica Naranjo»), una fisioterapeuta lesbiana y, ya en la segunda parte de la cinta, la que transcurre en Madrid, un puñado de personajes muy libres en la cama que presienten y han compartido, sin embargo, el via crucis de Adela. Curiosamente, y aunque este es un buen drama costumbrista (la primera y excelente media hora larga, que transcurre en Navarra, posee incluso reminiscencias de títulos dirigidos por Juan Antonio Bardem), la de Armiñán se nos sigue antojando a día de hoy más sutil, más ambigua.. Y un detalle que es sincero homenaje: la instantánea de López Vázquez en una vieja caja de fotografías familiares. Grande.. Lo mejor: Sobre todo su primera parte, se trata de un buen drama costumbrista. Lo peor: El personaje del sacerdote, aunque no es culpa de Paco León, resulta poco creíble
Director: Fernando González Molina. Guion: Alana S. Portero a partir del original de Jaime de Armiñán y José Luis Borau. Intérpretes: Elisabeth Martínez, Anna Castillo, Paco León, Nagore Aranburu y Manu Ríos. España, 2026. Duración: 112 minutos.
Las comparaciones siempre resultan odiosas. Y, sobre todo,cuando de lo que se trata es de una adaptación libre (que no remake, ojo) de una de las películas más iconográficas del cine español, «Mi querida señorita» (1972), que dirigió Jaime de Armiñán y protagonizó un extraordinario José Luis López Vázquez, un filme que entonces dejó a muchos españoles con la boca abierta y que estuvo nominado al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.. Aquella cinta sobre una devota mujer que no lo es, o no exactamente, que vive en una ciudad de provincias enamorada sin saberlo de su asistenta y que cada mañana debe afeitarse la barba moderniza su historia hasta trasladarnos a la Pamplona de 1999 para conocer la de otra Adela, esta vez altísima y de de andar patoso, menos femenina y más confusa, aunque igualmente catequista y de una familia acomodada y conservadora.. Pero, en esta ocasión, las dudas que aquejaban a la primera tiene nombre, intersexualidad, y apellidos, estrógenos, testículos no descendidos e intolerancia. La de los padres de la protagonista, que decidieron, cuando la niña era adolescente, decidir su género en una mesa de operaciones. De todo esto, nada en la primigenia.. González Molina, pues, revisita con una mirada contemporánea temas como el de la identidad mientras en el camino se entrecruza un sacerdote gay muy enrollado (Paco León, que encarna a un personaje que, entre otras afirmaciones, dice que «la vida es pasión desde cristo a Mónica Naranjo»), una fisioterapeuta lesbiana y, ya en la segunda parte de la cinta, la que transcurre en Madrid, un puñado de personajes muy libres en la cama que presienten y han compartido, sin embargo, el via crucis de Adela. Curiosamente, y aunque este es un buen drama costumbrista (la primera y excelente media hora larga, que transcurre en Navarra, posee incluso reminiscencias de títulos dirigidos por Juan Antonio Bardem), la de Armiñán se nos sigue antojando a día de hoy más sutil, más ambigua.. Y un detalle que es sincero homenaje: la instantánea de López Vázquez en una vieja caja de fotografías familiares. Grande.. Lo mejor: Sobre todo su primera parte, se trata de un buen drama costumbrista. Lo peor: El personaje del sacerdote, aunque no es culpa de Paco León, resulta poco creíble
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