Decimos «risa y llanto» no porque la película sea una tragicomedia –no lleven pañuelos al cine, salvo si son de llorar de la risa o sufren alergia primaveral–, sino porque promete ambas emociones a partes iguales: en tanto que es una cinta con buenos golpes de humor a cuya familia protagonista, apellidada así por el lema de la conocida marca de ropa «United colors of Benetton», se les unen dos bebés negros y, como es lógico en un rorro, llorones. Al punto de que su protagonista, el cómico [[LINK:TAG|||tag|||6336198187d98e3342b272f2|||Leo Harlem]], nos confiesa que tuvieron que rodar la mitad de las escenas con muñecos para aislarse de los sonoros lagrimones.. El filme se trata de «La familia Benetón +2», continuación del éxito taquillero de 2024, que ahora sube la apuesta: más personajes, más caos doméstico y un salto geográfico que lleva a este peculiar clan multicultural –donde «El Langui» hace de tío– hasta África… al menos, en la ficción. Porque, como ha trascendido durante la promoción, esas escenas han sido rodadas en Canarias, convertidas en escenario africano dado que, claro, en lo geográfico pertenecen a dicho continente.. Al frente del proyecto repite Joaquín Mazón, un director con olfato para la comedia comercial que ya firmó títulos que han llenado las salas como «Cuerpo de élite» o «La vida padre». Su regreso garantiza continuidad en el tono y en una fórmula que combina ritmo, enredos y vocación de público amplio. La película, que clausuró con una cálida acogida el pasado Festival de Málaga, retoma la historia donde la dejó, pero la expande hacia nuevos retos familiares. Entre ellos, uno especialmente exigente para su protagonista: convivir –y rodar– con dos bebés. «Es de lo más difícil que hay», reconoce Harlem. «No entienden de repeticiones ni de marcas, así que tienes que adaptarte tú a ellos. Eso te obliga a estar mucho más presente».. Harlem destaca la dificultad de rodar con dos bebés: «En la mitad de las escenas son muñecos». Esa imprevisibilidad, lejos de ser un problema, se convierte en un aliado para la comedia. «Cuando no todo está controlado pasan cosas más auténticas. Y eso, en pantalla, funciona muy bien», explica el actor, que también destaca la evolución del resto del reparto infantil y juvenil: «Con los mayores se crea un vínculo muy bonito. Los ves crecer de una película a otra, ganar confianza… y eso se nota muchísimo en la relación que luego ve el espectador».. Humor familiar. En esta entrega, Harlem vuelve a encarnar a Toni Benetón, ese tipo –un cuñado buenazo– desbordado que intenta sacar adelante a una familia improbable que, pese a que cada loco va con su tema, cada vez parece más unida. El humor, insiste, se mantiene en un terreno para todos los públicos –«pescaíto en blanco», como la política de Juanma Moreno–: «Aquí no hay polémica posible. Ese debate sobre los límites del humor –ojo, que pisamos terreno multicultural– ocurre más en los monólogos, por ejemplo. Esto es cine familiar, pensado para que todo el mundo se ría sin sentirse incómodo», asegura Harlem.. El cómico y actor aclara que, en la taquilla, compiten consigo mismo, no con Santiago Segura. También, la comparación con otros fenómenos de taquilla del cine español surge inevitable, especialmente por la estrechísima relación profesional de Harlem con [[LINK:TAG|||tag|||633617ef5c059a26e23f7ea0|||Santiago Segura]]. El propio actor lo aborda sin rodeos: «Nuestro objetivo es llegar o incluso superar los números de la primera ‘‘Familia Benetón’’. Sabemos que es una producción más humilde.[[LINK:INTERNO|||Article|||697a00400ba6ff00075fd5ab||| ‘‘Torrente’’ ]]juega en otra liga, pero eso no significa que no podamos aspirar a hacer una gran taquilla dentro de nuestro terreno».. Esa ambición comercial se apoya en una fórmula reconocible: situaciones cotidianas llevadas al extremo, personajes que apelan a distintas generaciones y un tono que rehúye la acidez en favor de la empatía. La buena respuesta en el preestreno en Málaga apunta en esa dirección.
Dos nuevos miembros se suman a este clan multicultural comandado por Leo Harlem
Decimos «risa y llanto» no porque la película sea una tragicomedia –no lleven pañuelos al cine, salvo si son de llorar de la risa o sufren alergia primaveral–, sino porque promete ambas emociones a partes iguales: en tanto que es una cinta con buenos golpes de humor a cuya familia protagonista, apellidada así por el lema de la conocida marca de ropa «United colors of Benetton», se les unen dos bebés negros y, como es lógico en un rorro, llorones. Al punto de que su protagonista, el cómico Leo Harlem, nos confiesa que tuvieron que rodar la mitad de las escenas con muñecos para aislarse de los sonoros lagrimones.. El filme se trata de «La familia Benetón +2», continuación del éxito taquillero de 2024, que ahora sube la apuesta: más personajes, más caos doméstico y un salto geográfico que lleva a este peculiar clan multicultural –donde «El Langui» hace de tío– hasta África… al menos, en la ficción. Porque, como ha trascendido durante la promoción, esas escenas han sido rodadas en Canarias, convertidas en escenario africano dado que, claro, en lo geográfico pertenecen a dicho continente.. Al frente del proyecto repite Joaquín Mazón, un director con olfato para la comedia comercial que ya firmó títulos que han llenado las salas como «Cuerpo de élite» o «La vida padre». Su regreso garantiza continuidad en el tono y en una fórmula que combina ritmo, enredos y vocación de público amplio. La película, que clausuró con una cálida acogida el pasado Festival de Málaga, retoma la historia donde la dejó, pero la expande hacia nuevos retos familiares. Entre ellos, uno especialmente exigente para su protagonista: convivir –y rodar– con dos bebés. «Es de lo más difícil que hay», reconoce Harlem. «No entienden de repeticiones ni de marcas, así que tienes que adaptarte tú a ellos. Eso te obliga a estar mucho más presente».. Harlem destaca la dificultad de rodar con dos bebés: «En la mitad de las escenas son muñecos». Esa imprevisibilidad, lejos de ser un problema, se convierte en un aliado para la comedia. «Cuando no todo está controlado pasan cosas más auténticas. Y eso, en pantalla, funciona muy bien», explica el actor, que también destaca la evolución del resto del reparto infantil y juvenil: «Con los mayores se crea un vínculo muy bonito. Los ves crecer de una película a otra, ganar confianza… y eso se nota muchísimo en la relación que luego ve el espectador».. Humor familiar. En esta entrega, Harlem vuelve a encarnar a Toni Benetón, ese tipo –un cuñado buenazo– desbordado que intenta sacar adelante a una familia improbable que, pese a que cada loco va con su tema, cada vez parece más unida. El humor, insiste, se mantiene en un terreno para todos los públicos –«pescaíto en blanco», como la política de Juanma Moreno–: «Aquí no hay polémica posible. Ese debate sobre los límites del humor –ojo, que pisamos terreno multicultural– ocurre más en los monólogos, por ejemplo. Esto es cine familiar, pensado para que todo el mundo se ría sin sentirse incómodo», asegura Harlem.. El cómico y actor aclara que, en la taquilla, compiten consigo mismo, no con Santiago Segura. También, la comparación con otros fenómenos de taquilla del cine español surge inevitable, especialmente por la estrechísima relación profesional de Harlem con Santiago Segura. El propio actor lo aborda sin rodeos: «Nuestro objetivo es llegar o incluso superar los números de la primera ‘‘Familia Benetón’’. Sabemos que es una producción más humilde. ‘‘Torrente’’ juega en otra liga, pero eso no significa que no podamos aspirar a hacer una gran taquilla dentro de nuestro terreno».. Esa ambición comercial se apoya en una fórmula reconocible: situaciones cotidianas llevadas al extremo, personajes que apelan a distintas generaciones y un tono que rehúye la acidez en favor de la empatía. La buena respuesta en el preestreno en Málaga apunta en esa dirección.
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