Pobres todos esos niños que ayer, que hoy, que en un futuro acabarán siendo las mayores y más inocentes víctimas de una guerra y cuanto de ella se deriva, el hambre, la violencia, el abandono. La muerte. Pobres tantas millones de criaturas que en la historia de la humanidad han sufrido y siguen sufriendo sin ni siquiera saber por qué. Y pobre de las mujeres, de tantas mujeres, que deben acostarse con el enemigo para sobrevivir malamente, que están, también, solas en medio de la destrucción, de los crímenes y las violaciones.. Ucrania, 1943. Hugo, judío de una familia acomodada, tiene 12 años. Con los nazis encima, y para salvarlo durante las deportaciones, su madre decide confiarlo a Mariana, una amiga de la infancia. Pero Mariana ejerce la prostitución en un burdel donde los alemanes hacen con ellas los que les viene en gana. De ahí que Hugo deba esconderse en el minúsculo armario que Mariana tiene en su habitación. Oscuro, estrecho. Pero Hugo lo escucha todo, los gemidos falsos, las vejaciones, los sollozos, incluso llega a ver ciertas escenas que ningún menor debería presenciar jamás.. Y así pasa los días, encerrado, madurando a golpes, recordando un tiempo que jamás volverá a ser el mismo y mirando a Mariana de otra manera. Un filme inclemente, descarnado, con una excelente Mélanie Thierry en la piel de esa joven que moja su propia orfandad en alcohol barato mientras llegan los soviéticos y las víctimas siguen siendo las mismas. Siempre.. Lo mejor: Mélanie Thierry, excelente, y la dureza con que se narra la historia, necesaria en este caso. Lo peor: Giros del guion que parecen un tanto forzados, así como la evolución de algún personaje
Director: Emmanuel Finkiel. Guion: Emmanuel Finkiel basado en la novela de Aharon Appelfeld. Intérpretes: Mélanie Thierry, Artem Kyryk, Anastasia Fein, Julia Goldberg. Francia, 2025. Duración: 131 minutos. Drama
Pobres todos esos niños que ayer, que hoy, que en un futuro acabarán siendo las mayores y más inocentes víctimas de una guerra y cuanto de ella se deriva, el hambre, la violencia, el abandono. La muerte. Pobres tantas millones de criaturas que en la historia de la humanidad han sufrido y siguen sufriendo sin ni siquiera saber por qué. Y pobre de las mujeres, de tantas mujeres, que deben acostarse con el enemigo para sobrevivir malamente, que están, también, solas en medio de la destrucción, de los crímenes y las violaciones.. Ucrania, 1943. Hugo, judío de una familia acomodada, tiene 12 años. Con los nazis encima, y para salvarlo durante las deportaciones, su madre decide confiarlo a Mariana, una amiga de la infancia. Pero Mariana ejerce la prostitución en un burdel donde los alemanes hacen con ellas los que les viene en gana. De ahí que Hugo deba esconderse en el minúsculo armario que Mariana tiene en su habitación. Oscuro, estrecho. Pero Hugo lo escucha todo, los gemidos falsos, las vejaciones, los sollozos, incluso llega a ver ciertas escenas que ningún menor debería presenciar jamás.. Y así pasa los días, encerrado, madurando a golpes, recordando un tiempo que jamás volverá a ser el mismo y mirando a Mariana de otra manera. Un filme inclemente, descarnado, con una excelente Mélanie Thierry en la piel de esa joven que moja su propia orfandad en alcohol barato mientras llegan los soviéticos y las víctimas siguen siendo las mismas. Siempre.. Lo mejor: Mélanie Thierry, excelente, y la dureza con que se narra la historia, necesaria en este caso. Lo peor: Giros del guion que parecen un tanto forzados, así como la evolución de algún personaje
Noticias de cultura en La Razón
