Autoría: Delphine de Vigan. Traducción: Pablo Martín Sánchez. Adaptación: Marta Betold. Dirección: Juan Carlos Fisher. Reparto: Gloria Muñoz, Macarena Sanz y Rómulo Assereto. Teatro de la Abadía, Madrid. Hasta el 10 de mayo.. Se siguen sucediendo, e incluso acumulando, en la cartelera madrileña los montajes dirigidos por Juan Carlos Fisher, que se ha convertido en muy poco tiempo en España en una suerte de rey Midas para productores y programadores. Lo último que ha estrenado aquí es esta versión teatral firmada por Marta Betoldi de la novela ‘Las gratitudes’, escrita por la francesa Delphine de Vigan, una autora que sigue asimismo sumando lectores en nuestro país desde que Anagrama editara, allá por 2012, ‘Nada se opone a la noche’.. Una mujer septuagenaria llamada Michka (Gloria Muñoz) que se salvó del exterminio nazi cuando era niña gracias a un matrimonio que la ocultó durante la ocupación y que ahora vive sus últimos días ingresada en una clínica; una joven llamada Marie (Macarena Sanz), a la que Michka, a su vez, ayudó y amadrinó cuando era una niña en riesgo de exclusión social; y un logopeda llamado Jérôme (Rómulo Assereto), que trata, por su parte, de ayudar a Michka a combatir el avance de la afasia que padece, y que le hace confundir y olvidar las palabras, son los tres únicos personajes de una obra muy bien planteada, y muy bien contada por el director, que habla con emoción y hondura del agradecimiento no solo como virtud individual, sino también como instrumento social para garantizar la convivencia, el progreso y la felicidad. En este sentido, la afasia que padece la protagonista funciona como aguda metáfora de nuestra torpeza, desidia, olvido o desafección a la hora de reconocer, y de expresar con honestidad, cuánto de todo aquello que somos y tenemos debemos a otros.. La veterana Gloria Muñoz resuelve con matrícula de honor el complicadísimo trabajo que tiene que hacer aquí, pues no solo ha tenido que aprenderse un texto trufado de palabras cuyos significados no encajan en el discurso que trata de armar Michka, sino que, además, en su interpretación, debe dar a ese discurso la coherencia semántica que el personaje sí le presupone; es decir, tiene que dotar a las palabras que usa de nuevos significados, tal y como hace un enfermo de afasia, y tiene que hacer que el espectador infiera esos significados de una manera verosímil de acuerdo al contexto lingüístico. Por tanto, ha de buscar la prosodia y la expresividad adecuadas al significado que cree en su cabeza que tienen esas palabras y esas frases, que no es el real. Acompañan a Muñoz, con menos peso que ella, pero haciendo un trabajo muy bonito y eficaz, Macarena Sanz y el peruano Rómulo Assereto, este último casi un desconocido en nuestro país a pesar de tener una dilatada carrera profesional.. Al margen de la indubitable calidad de la propuesta, lo que llama la atención es que haya recalado en La Abadía, si tenemos en cuenta su factura convencional -y no estoy dando a este adjetivo ninguna intención peyorativa- y sus posibilidades comerciales. Quiero decir que, por el tema, el tono y el estilo, y por contar en el reparto con una actriz tan querida por los espectadores como es Gloria Muñoz, la obra -que tiene desde luego mucha miga bajo su envoltorio de sencilla y entrañable comedia sentimental- podría perfectamente estar programada en un teatro privado más grande y durante más tiempo. Pero, claro, yo no soy programador; y no descarto que me arruinase si lo fuese.. Lo mejor: Es una obra muy bien interpretada que toca de manera sencilla un tema universal; y lo hace con verdad y emoción.. Lo peor: Hay cierto efectismo en el texto en lo que concierne a las palabras que inventa o transforma el personaje de Michka; son palabras que, curiosamente, siempre aportan un sentido cómico al discurso y a la situación.
La veterana Gloria Muñoz resuelve con matrícula de honor el complicadísimo trabajo que tiene que hacer en esta obra
Autoría: Delphine de Vigan. Traducción: Pablo Martín Sánchez. Adaptación: Marta Betold. Dirección: Juan Carlos Fisher. Reparto: Gloria Muñoz, Macarena Sanz y Rómulo Assereto. Teatro de la Abadía, Madrid. Hasta el 10 de mayo.. Se siguen sucediendo, e incluso acumulando, en la cartelera madrileña los montajes dirigidos por Juan Carlos Fisher, que se ha convertido en muy poco tiempo en España en una suerte de rey Midas para productores y programadores. Lo último que ha estrenado aquí es esta versión teatral firmada por Marta Betoldi de la novela ‘Las gratitudes’, escrita por la francesa Delphine de Vigan, una autora que sigue asimismo sumando lectores en nuestro país desde que Anagrama editara, allá por 2012, ‘Nada se opone a la noche’.. Una mujer septuagenaria llamada Michka (Gloria Muñoz) que se salvó del exterminio nazi cuando era niña gracias a un matrimonio que la ocultó durante la ocupación y que ahora vive sus últimos días ingresada en una clínica; una joven llamada Marie (Macarena Sanz), a la que Michka, a su vez, ayudó y amadrinó cuando era una niña en riesgo de exclusión social; y un logopeda llamado Jérôme (Rómulo Assereto), que trata, por su parte, de ayudar a Michka a combatir el avance de la afasia que padece, y que le hace confundir y olvidar las palabras, son los tres únicos personajes de una obra muy bien planteada, y muy bien contada por el director, que habla con emoción y hondura del agradecimiento no solo como virtud individual, sino también como instrumento social para garantizar la convivencia, el progreso y la felicidad. En este sentido, la afasia que padece la protagonista funciona como aguda metáfora de nuestra torpeza, desidia, olvido o desafección a la hora de reconocer, y de expresar con honestidad, cuánto de todo aquello que somos y tenemos debemos a otros.. La veterana Gloria Muñoz resuelve con matrícula de honor el complicadísimo trabajo que tiene que hacer aquí, pues no solo ha tenido que aprenderse un texto trufado de palabras cuyos significados no encajan en el discurso que trata de armar Michka, sino que, además, en su interpretación, debe dar a ese discurso la coherencia semántica que el personaje sí le presupone; es decir, tiene que dotar a las palabras que usa de nuevos significados, tal y como hace un enfermo de afasia, y tiene que hacer que el espectador infiera esos significados de una manera verosímil de acuerdo al contexto lingüístico. Por tanto, ha de buscar la prosodia y la expresividad adecuadas al significado que cree en su cabeza que tienen esas palabras y esas frases, que no es el real. Acompañan a Muñoz, con menos peso que ella, pero haciendo un trabajo muy bonito y eficaz, Macarena Sanz y el peruano Rómulo Assereto, este último casi un desconocido en nuestro país a pesar de tener una dilatada carrera profesional.. Al margen de la indubitable calidad de la propuesta, lo que llama la atención es que haya recalado en La Abadía, si tenemos en cuenta su factura convencional -y no estoy dando a este adjetivo ninguna intención peyorativa- y sus posibilidades comerciales. Quiero decir que, por el tema, el tono y el estilo, y por contar en el reparto con una actriz tan querida por los espectadores como es Gloria Muñoz, la obra -que tiene desde luego mucha miga bajo su envoltorio de sencilla y entrañable comedia sentimental- podría perfectamente estar programada en un teatro privado más grande y durante más tiempo. Pero, claro, yo no soy programador; y no descarto que me arruinase si lo fuese.. Lo mejor: Es una obra muy bien interpretada que toca de manera sencilla un tema universal; y lo hace con verdad y emoción.. Lo peor: Hay cierto efectismo en el texto en lo que concierne a las palabras que inventa o transforma el personaje de Michka; son palabras que, curiosamente, siempre aportan un sentido cómico al discurso y a la situación.
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