Bad Bunny no sabía ni siquiera hablar cuando las caderas de Shakira ya removían cielo y tierra. Eran los noventa, una época en la que más que merengue y bachata despuntaba el pop rock. Eran los años de Britney Spears, The Strokes o Eminem, pero también de una incipiente popularización de lo latino. Hubo en Barranquilla una artista que, inspirada por el matiz agitador del aire del mar Caribe, y a la vez que el reguetón y el dembow daban sus primeros pasos, fue capaz de poner la música latina en primera línea. Se dice que hoy vivimos en la era de mayor auge de estos ritmos: se celebra que las canciones cantadas en español ocupan lugares de éxito nunca antes vistos, superando la siempre dominante música anglosajona. Y esto no es solo debido al trabajo de un Bad Bunny que ha puesto sus temas boricuas y su idioma en cada rincón del mundo –el 22 de mayo ofrece el primero de los doce conciertos que dará en España, entre Barcelona y Madrid–. Este orgullo hispanohablante y, ante todo, latino, viene conformándose, moldeándose, desde hace décadas, y el pasado sábado se vio consolidado a través del histórico concierto que ofreció Shakira en la famosa playa de Copacabana, en Río de Janeiro.. Más de dos millones de personas asistieron al espectáculo gratuito de una Shakira que ya coronan como la reina de la música latina. Ofreció el concierto con más asistentes de toda su carrera, así como el mayor jamás celebrado por un artista latino. Ni Ricky Martin ni Juan Luis Guerra: fue una mujer quien lo consiguió, demostrando con hechos lo que viene proclamando desde que en 2023 lanzase su famosa colaboración con Bizarrap. En dicha canción, la frase «las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan» se convirtió en himno internacional, pasando a ser el título de su siguiente álbum y su actual gira. Un relato global que el sábado extendió su narrativa: el concierto, que supera los 420 millones de dólares de recaudación, lo dedicó la artista a las mujeres latinas. Pero fue tal el hito que no se recibió como un concierto sólo para ellas, sino para un orgullo latino que ya ni llora ni pide defensa, sino que ha aprendido a hablar (y a facturar) bien alto.
La artista hizo historia el pasado sábado durante un multitudinario concierto gratuito en la playa de Copacabana, en Brasil
Bad Bunny no sabía ni siquiera hablar cuando las caderas de Shakira ya removían cielo y tierra. Eran los noventa, una época en la que más que merengue y bachata despuntaba el pop rock. Eran los años de Britney Spears, The Strokes o Eminem, pero también de una incipiente popularización de lo latino. Hubo en Barranquilla una artista que, inspirada por el matiz agitador del aire del mar Caribe, y a la vez que el reguetón y el dembow daban sus primeros pasos, fue capaz de poner la música latina en primera línea. Se dice que hoy vivimos en la era de mayor auge de estos ritmos: se celebra que las canciones cantadas en español ocupan lugares de éxito nunca antes vistos, superando la siempre dominante música anglosajona. Y esto no es solo debido al trabajo de un Bad Bunny que ha puesto sus temas boricuas y su idioma en cada rincón del mundo –el 22 de mayo ofrece el primero de los doce conciertos que dará en España, entre Barcelona y Madrid–. Este orgullo hispanohablante y, ante todo, latino, viene conformándose, moldeándose, desde hace décadas, y el pasado sábado se vio consolidado a través del histórico concierto que ofreció Shakira en la famosa playa de Copacabana, en Río de Janeiro.. Más de dos millones de personas asistieron al espectáculo gratuito de una Shakira que ya coronan como la reina de la música latina. Ofreció el concierto con más asistentes de toda su carrera, así como el mayor jamás celebrado por un artista latino. Ni Ricky Martin ni Juan Luis Guerra: fue una mujer quien lo consiguió, demostrando con hechos lo que viene proclamando desde que en 2023 lanzase su famosa colaboración con Bizarrap. En dicha canción, la frase «las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan» se convirtió en himno internacional, pasando a ser el título de su siguiente álbum y su actual gira. Un relato global que el sábado extendió su narrativa: el concierto, que supera los 420 millones de dólares de recaudación, lo dedicó la artista a las mujeres latinas. Pero fue tal el hito que no se recibió como un concierto sólo para ellas, sino para un orgullo latino que ya ni llora ni pide defensa, sino que ha aprendido a hablar (y a facturar) bien alto.
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