Los cambios que llegan de improviso marcan de por vida. Influyen tanto que, a veces, dan incluso para escribir un libro. Chloe Dalton es asesora política y experta en política exterior británica. Su trabajo le sigue encantando, pero fue un episodio fortuito lo que hizo que su mundo cambiara completamente. Al menos, su forma de relacionarse con la vida. Antes, recuerda, «trabajaba en temas como el conflicto de Afganistán, en lo que les sucede a las niñas que abandonan la escuela en países donde no tienen la oportunidad de regresar… Amaba mi trabajo, era un privilegio. Si me hubieran preguntado si había algo que necesitaba sanar, me habría reído. Era una especie de adicta, el trabajo era mi verdadera pasión». Pero llegó el cambio: y no en forma de ley, decreto ni estatuto, sino de naturaleza en su versión más real y salvaje. Una experiencia que valoró tanto que sobre ella publica «La liebre y yo» (Libros del Asteroide).. La historia se remonta a febrero de 2021. Dalton pasaba el confinamiento en la campiña inglesa cuando encontró por casualidad una liebre recién nacida, un lebrato, en medio de un camino. Temió que no sobreviviera, y se la llevó con la intención de liberarla una vez hubiese crecido. Poco a poco, fue descubriendo hasta qué punto se trata de un animal desconocido, de difícil cuidado. Pese a ello, unos años después logró ayudarla a salir adelante. En el libro, explica durante una visita a Madrid, «intento contar la historia de forma muy sencilla, hablando sobre la liebre y sobre lo que observé de ella. Muestro el contraste entre nuestra percepción de este animal y su realidad. Tras escribirlo y escuchar a algunos lectores, me he dado cuenta de que muchos encuentran consuelo en esta experiencia, esperanza o alivio», explica. Pues Dalton comenzó a combinar un trabajo frenético, repleto de palabras y ruido, con un completo silencio, el cual «es fundamental para la seguridad de las liebres», afirma, «eso me hizo reflexionar sobre el bullicio de la vida humana. Este animal tan gentil y tranquilo me hizo bajar el ritmo y reconsiderar aspectos de mi vida, escuchando a la naturaleza, que tiene un efecto poderoso».. Observa Dalton que en la actualidad todo, «desde el ritmo de vida hasta la política, parece estar fuera de nuestro control. Cada día nos despertamos con malas noticias». Pero, continúa, «aunque el entorno internacional nos hace sentir débiles e impotentes, existen lugares a los que podemos acudir para renovar nuestra inspiración, nuestra esperanza y optimismo». Ya sea cuidando un lebrato o dando un paseo por el parque más cercano. «La naturaleza –insiste– es esa gran fuente silenciosa de consuelo, que nos recuerda quiénes somos los seres humanos en su esencia más básica, qué corremos el riesgo de perder y qué podemos construir». Es decir: hay mundo más allá de las ciudades y de los discursos. «Nos hemos alejado de nuestros instintos naturales y de nuestra humanidad», reflexiona la autora, «pero, incluso a pesar de todo lo que está pasando hoy, y de llevar años trabajando en política, sigo teniendo esperanza en las personas».. Instinto frustrado. No defiende Dalton que hayamos perdido el instinto, pues no hay nada más animal que tenerlo. Y las personas, como los lebratos, y a pesar del escaparatismo forzado e internauta en el que vivimos, también lo somos. Pero es cierto que «el instinto lo tenemos frustrado». Y, si hablamos de política, de dirigentes y tensiones entre países… ¿más aún? «Existe una ligera tendencia a que las plataformas que usamos favorezcan opiniones extremas, puntos de vista exagerados, y esto no es bueno. Necesitamos calma y un debate sereno», expone la asesora, defendiendo que «hay que valorar enormemente las fuentes de información autorizadas». El gran riesgo de ello reside «en que hay tanta información y todo cambia tan rápido que los políticos no rinden cuentas por lo que dicen, porque todo es noticia de ayer. Creo firmemente en la democracia parlamentaria y en que hay que exigir responsabilidades a los líderes». Y, si no… ¿que prueben a cuidar a un lebrato? «A mí me ha hecho más consciente de nuestra humanidad compartida», apunta. Y celebra su cambio: «Seguiré preocupada por mi trabajo con la misma intensidad, pero con una vida más equilibrada», concluye.. El animal salvaje, uno frágil pero diverso. Chloe Dalton no le puso nombre a la liebre, pese a convivir con ella durante un tiempo. «Tenía la convicción de respetar su naturaleza salvaje, y nombrarla significaría disminuirla», explica. En la Tierra, el 96% de los seres vivos son humanos, ganado o mascotas. «Y sólo el 4% son animales salvajes, como la liebre», subraya Dalton, definiendo dicha cantidad de una «muy frágil, pero que sin embargo alberga una diversidad increíble». Parece que, cuando escuchamos hablar de ciertos animales, o incluso cuando nos topamos con ellos en mitad de la naturaleza, tendemos a grabarlos, fotografiarlos, a subirlos a redes sociales. «Pero un animal salvaje en libertad es lo más inspirador que podemos conocer», defiende Dalton, «tienen mucho que enseñarnos». Ante esto, espera que con «La liebre y yo» «los lectores experimenten momentos similares en sus propias vidas, de descubrimientos inesperados».
La asesora británica narra en «La liebre y yo» un episodio que cambió su forma de vivir y de trabajar
Los cambios que llegan de improviso marcan de por vida. Influyen tanto que, a veces, dan incluso para escribir un libro. Chloe Dalton es asesora política y experta en política exterior británica. Su trabajo le sigue encantando, pero fue un episodio fortuito lo que hizo que su mundo cambiara completamente. Al menos, su forma de relacionarse con la vida. Antes, recuerda, «trabajaba en temas como el conflicto de Afganistán, en lo que les sucede a las niñas que abandonan la escuela en países donde no tienen la oportunidad de regresar… Amaba mi trabajo, era un privilegio. Si me hubieran preguntado si había algo que necesitaba sanar, me habría reído. Era una especie de adicta, el trabajo era mi verdadera pasión». Pero llegó el cambio: y no en forma de ley, decreto ni estatuto, sino de naturaleza en su versión más real y salvaje. Una experiencia que valoró tanto que sobre ella publica «La liebre y yo» (Libros del Asteroide).. La historia se remonta a febrero de 2021. Dalton pasaba el confinamiento en la campiña inglesa cuando encontró por casualidad una liebre recién nacida, un lebrato, en medio de un camino. Temió que no sobreviviera, y se la llevó con la intención de liberarla una vez hubiese crecido. Poco a poco, fue descubriendo hasta qué punto se trata de un animal desconocido, de difícil cuidado. Pese a ello, unos años después logró ayudarla a salir adelante. En el libro, explica durante una visita a Madrid, «intento contar la historia de forma muy sencilla, hablando sobre la liebre y sobre lo que observé de ella. Muestro el contraste entre nuestra percepción de este animal y su realidad. Tras escribirlo y escuchar a algunos lectores, me he dado cuenta de que muchos encuentran consuelo en esta experiencia, esperanza o alivio», explica. Pues Dalton comenzó a combinar un trabajo frenético, repleto de palabras y ruido, con un completo silencio, el cual «es fundamental para la seguridad de las liebres», afirma, «eso me hizo reflexionar sobre el bullicio de la vida humana. Este animal tan gentil y tranquilo me hizo bajar el ritmo y reconsiderar aspectos de mi vida, escuchando a la naturaleza, que tiene un efecto poderoso».. Observa Dalton que en la actualidad todo, «desde el ritmo de vida hasta la política, parece estar fuera de nuestro control. Cada día nos despertamos con malas noticias». Pero, continúa, «aunque el entorno internacional nos hace sentir débiles e impotentes, existen lugares a los que podemos acudir para renovar nuestra inspiración, nuestra esperanza y optimismo». Ya sea cuidando un lebrato o dando un paseo por el parque más cercano. «La naturaleza –insiste– es esa gran fuente silenciosa de consuelo, que nos recuerda quiénes somos los seres humanos en su esencia más básica, qué corremos el riesgo de perder y qué podemos construir». Es decir: hay mundo más allá de las ciudades y de los discursos. «Nos hemos alejado de nuestros instintos naturales y de nuestra humanidad», reflexiona la autora, «pero, incluso a pesar de todo lo que está pasando hoy, y de llevar años trabajando en política, sigo teniendo esperanza en las personas».. Instinto frustrado. No defiende Dalton que hayamos perdido el instinto, pues no hay nada más animal que tenerlo. Y las personas, como los lebratos, y a pesar del escaparatismo forzado e internauta en el que vivimos, también lo somos. Pero es cierto que «el instinto lo tenemos frustrado». Y, si hablamos de política, de dirigentes y tensiones entre países… ¿más aún? «Existe una ligera tendencia a que las plataformas que usamos favorezcan opiniones extremas, puntos de vista exagerados, y esto no es bueno. Necesitamos calma y un debate sereno», expone la asesora, defendiendo que «hay que valorar enormemente las fuentes de información autorizadas». El gran riesgo de ello reside «en que hay tanta información y todo cambia tan rápido que los políticos no rinden cuentas por lo que dicen, porque todo es noticia de ayer. Creo firmemente en la democracia parlamentaria y en que hay que exigir responsabilidades a los líderes». Y, si no… ¿que prueben a cuidar a un lebrato? «A mí me ha hecho más consciente de nuestra humanidad compartida», apunta. Y celebra su cambio: «Seguiré preocupada por mi trabajo con la misma intensidad, pero con una vida más equilibrada», concluye.. El animal salvaje, uno frágil pero diverso. ►Chloe Dalton no le puso nombre a la liebre, pese a convivir con ella durante un tiempo. «Tenía la convicción de respetar su naturaleza salvaje, y nombrarla significaría disminuirla», explica. En la Tierra, el 96% de los seres vivos son humanos, ganado o mascotas. «Y sólo el 4% son animales salvajes, como la liebre», subraya Dalton, definiendo dicha cantidad de una «muy frágil, pero que sin embargo alberga una diversidad increíble». Parece que, cuando escuchamos hablar de ciertos animales, o incluso cuando nos topamos con ellos en mitad de la naturaleza, tendemos a grabarlos, fotografiarlos, a subirlos a redes sociales. «Pero un animal salvaje en libertad es lo más inspirador que podemos conocer», defiende Dalton, «tienen mucho que enseñarnos». Ante esto, espera que con «La liebre y yo» «los lectores experimenten momentos similares en sus propias vidas, de descubrimientos inesperados».
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