Madrid ha amanecido este sábado con acento extremeño. Antes de que el sol apretara sobre el asfalto de la capital, cuatro autobuses llegados desde Cáceres y Coria entraban en la ciudad con peregrinos de la Diócesis de Coria-Cáceres dispuestos a vivir una jornada que, para muchos, quedará grabada como uno de esos recuerdos que se cuentan durante años.. Habían salido temprano, muy temprano. A las seis de la mañana partieron los autobuses desde distintos puntos de la diócesis. Los seminaristas, por su parte, dejaron Cáceres a las 6:45, aún con el sueño en los ojos, pero con una emoción difícil de disimular. La peregrinación, organizada por la Delegación de Pastoral Juvenil, tiene un objetivo claro: encontrarse con el Papa León XIV, participar esta tarde en la Vigilia de la Plaza de Lima y celebrar mañana la misa en Cibeles.. En las mochilas no faltaban los imprescindibles de una jornada larga en Madrid: bocadillo, botella de agua, crema solar y alguna gorra para defenderse del calor. Pero los seminaristas lo explicaban con una sonrisa: venían también «con la mochila cargada de ilusiones». Algunos verán por primera vez a un Papa. Otros ya han participado en encuentros similares. Pero todos comparten la sensación de estar ante “un momento de fe y esperanza”, una oportunidad para escuchar al cabeza de la Iglesia y recibir el mensaje que quiera ofrecerles.. El seminario de la Diócesis de Coria-Cáceres ha viajado al completo, acompañado por su rector. Entre ellos se respiraba esa mezcla de nervios, alegría y recogimiento que acompaña a las grandes citas eclesiales. «Todos estamos muy emocionados», reconocían. Y añadían una intención muy concreta: «Cuando veamos al Santo Padre le vamos a ofrecer nuestra vocación».. En el grupo también había una ausencia muy presente: la de David Flores, formador del seminario menor, que finalmente no ha podido participar en la actividad. Su nombre surgía con naturalidad en la conversación, como quien sabe que una peregrinación también se vive con quienes no han podido subirse al autobús.. Durante las últimas semanas, el ambiente en el seminario ha estado marcado por la preparación de esta visita apostólica de León XIV a España. No ha sido solo una excursión ni una salida más. Para los jóvenes seminaristas, este encuentro toca algo más profundo: la propia llamada, la entrega, el futuro. Por eso, cuando se les pregunta qué esperan escuchar del Papa, la respuesta brota casi de inmediato: les gustaría que hablara de la vocación. Pero también tienen muy presentes a los jóvenes. «En nuestros días son muy importantes; hay que dedicarles un especial interés», subrayan.. La Diócesis llega a Madrid con una representación amplia y variada. En los autobuses viajan jóvenes y peregrinos vinculados a Carmelitas, como Rosa Higueras y sus trillizos, Scout, Effetá, Bartimeo, Emaús, Hospitalidad de Lourdes, la parroquia del Beato Spínola, San Pedro de Alcántara y Franciscanos, entre otros grupos. Todos comparten una misma logística sencilla y peregrina: mochila al hombro, comida preparada, agua para el camino y alojamiento en un colegio para pasar la noche.. Madrid, mientras tanto, empieza a llenarse de grupos, banderas, cánticos y conversaciones a pie de calle. En medio del ruido habitual de la ciudad, los peregrinos extremeños aportan una nota distinta: la de quienes han venido no solo a mirar, sino a dejarse interpelar. Buscan en León XIV la imagen de «un Papa cercano», capaz de ofrecer un testimonio de fe y esperanza.. Esta tarde, en la Plaza de Lima, sus voces se unirán a las de miles de jóvenes y peregrinos llegados de distintos lugares. Mañana, en Cibeles, volverán a encontrarse en torno al altar. Para los seminaristas de Coria-Cáceres, el viaje comenzó de madrugada, pero la verdadera llegada será cuando vean al Santo Padre y puedan poner ante él, aunque sea en silencio y desde lejos, lo más valioso que traen: su vocación, su alegría y una esperanza que ha viajado desde Extremadura hasta el corazón de Madrid.
Cuatro autobuses con peregrinos de Cáceres y Coria han llegado esta mañana a Madrid para participar en la Vigilia con el Papa León XIV en la Plaza de Lima y en la misa de mañana en Cibeles
Madrid ha amanecido este sábado con acento extremeño. Antes de que el sol apretara sobre el asfalto de la capital, cuatro autobuses llegados desde Cáceres y Coria entraban en la ciudad con peregrinos de la Diócesis de Coria-Cáceres dispuestos a vivir una jornada que, para muchos, quedará grabada como uno de esos recuerdos que se cuentan durante años.. Habían salido temprano, muy temprano. A las seis de la mañana partieron los autobuses desde distintos puntos de la diócesis. Los seminaristas, por su parte, dejaron Cáceres a las 6:45, aún con el sueño en los ojos, pero con una emoción difícil de disimular. La peregrinación, organizada por la Delegación de Pastoral Juvenil, tiene un objetivo claro: encontrarse con el Papa León XIV, participar esta tarde en la Vigilia de la Plaza de Lima y celebrar mañana la misa en Cibeles.. En las mochilas no faltaban los imprescindibles de una jornada larga en Madrid: bocadillo, botella de agua, crema solar y alguna gorra para defenderse del calor. Pero los seminaristas lo explicaban con una sonrisa: venían también «con la mochila cargada de ilusiones». Algunos verán por primera vez a un Papa. Otros ya han participado en encuentros similares. Pero todos comparten la sensación de estar ante “un momento de fe y esperanza”, una oportunidad para escuchar al cabeza de la Iglesia y recibir el mensaje que quiera ofrecerles.. El seminario de la Diócesis de Coria-Cáceres ha viajado al completo, acompañado por su rector. Entre ellos se respiraba esa mezcla de nervios, alegría y recogimiento que acompaña a las grandes citas eclesiales. «Todos estamos muy emocionados», reconocían. Y añadían una intención muy concreta: «Cuando veamos al Santo Padre le vamos a ofrecer nuestra vocación».. En el grupo también había una ausencia muy presente: la de David Flores, formador del seminario menor, que finalmente no ha podido participar en la actividad. Su nombre surgía con naturalidad en la conversación, como quien sabe que una peregrinación también se vive con quienes no han podido subirse al autobús.. Durante las últimas semanas, el ambiente en el seminario ha estado marcado por la preparación de esta visita apostólica de León XIV a España. No ha sido solo una excursión ni una salida más. Para los jóvenes seminaristas, este encuentro toca algo más profundo: la propia llamada, la entrega, el futuro. Por eso, cuando se les pregunta qué esperan escuchar del Papa, la respuesta brota casi de inmediato: les gustaría que hablara de la vocación. Pero también tienen muy presentes a los jóvenes. «En nuestros días son muy importantes; hay que dedicarles un especial interés», subrayan.. La Diócesis llega a Madrid con una representación amplia y variada. En los autobuses viajan jóvenes y peregrinos vinculados a Carmelitas, como Rosa Higueras y sus trillizos, Scout, Effetá, Bartimeo, Emaús, Hospitalidad de Lourdes, la parroquia del Beato Spínola, San Pedro de Alcántara y Franciscanos, entre otros grupos. Todos comparten una misma logística sencilla y peregrina: mochila al hombro, comida preparada, agua para el camino y alojamiento en un colegio para pasar la noche.. Madrid, mientras tanto, empieza a llenarse de grupos, banderas, cánticos y conversaciones a pie de calle. En medio del ruido habitual de la ciudad, los peregrinos extremeños aportan una nota distinta: la de quienes han venido no solo a mirar, sino a dejarse interpelar. Buscan en León XIV la imagen de «un Papa cercano», capaz de ofrecer un testimonio de fe y esperanza.. Esta tarde, en la Plaza de Lima, sus voces se unirán a las de miles de jóvenes y peregrinos llegados de distintos lugares. Mañana, en Cibeles, volverán a encontrarse en torno al altar. Para los seminaristas de Coria-Cáceres, el viaje comenzó de madrugada, pero la verdadera llegada será cuando vean al Santo Padre y puedan poner ante él, aunque sea en silencio y desde lejos, lo más valioso que traen: su vocación, su alegría y una esperanza que ha viajado desde Extremadura hasta el corazón de Madrid.
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