Existen determinadas ocasiones en las que contraviniendo aquel manido refrán de que la experiencia es un grado, el componente de lo prematuro, de lo temprano, lo joven, en la creación de cualquier obra de arte, pasa a formar parte de una cualidad positiva y relevante, incluso de un marchamo identitario capaz de revalorizar el producto presentado. Kane Parsons sólo tenía 16 años cuando, inspirado por un «creepypasta» –un relato diseñado para copiarse y difundirse rápidamente a través de foros y blogs con la intención de inquietar al lector– en Internet, utilizó los programas 3D Blender y Adobe After Effects para crear lo que debía ser una prueba de efectos visuales.. Después de subirlo a YouTube en 2022, el corto «The Backrooms», de 9 minutos de duración, tuvo la colosal cifra de 20 millones de visualizaciones en dos semanas y ha sido descrito como «el vídeo más aterrador en Internet». Parsons aún estaba en el instituto cuando empezó a ampliar el concepto del clip inicial a 22 episodios, lo que implicaba crear toda una mitología, a la vez que su popularidad crecía sin parar en Internet. Hasta la fecha, la serie cuenta con 216 millones de visualizaciones, además de numerosos vídeos dedicados al análisis de sus normas.. Decorados vaciados. El fenómeno de «The Backrooms» y su omnipresente e infeccioso malestar nace de la estética de espacios alternos construidos a partir de imágenes de umbrales transitorios, banales o incluso anodinos. Se trata a menudo de ambientes familiares, como oficinas al parecer desocupadas, que dejan la sensación de que algo no está bien aunque nunca se sabe si física, espiritual o psicológicamente. Esos decorados desolados, aparentemente vaciados de estímulos visuales como los cuadros de la pintura metafísica italiana pintados por Giorgio de Chirico que se convierten en una trampa hasta ahora desconocida, palpitan con amenazas: un centro comercial con tiendas vacías y sin compradores; un largo pasillo que no lleva a ninguna parte y, concretamente en el caso particular de Backrooms, un laberinto surrealista de misteriosas oficinas cuyos detalles no acaban de encajar.. Ambientada en 1990 y basada en la mencionada serie viral para la web creada por Parsons, este bautismo cinematográfico que aterriza hoy en salas manteniendo el nombre primigenio y precedida de una expectación realmente sorprendente cuenta la historia de Clark (a quien da vida Chiwetel Ejiofor, actor cuya popularidad saltó tras su participación en «12 años de esclavitud»), el dueño de una tienda de muebles, a partir del momento exacto en que realiza un descubrimiento de lo más sorprendente en el sótano: un umbral iluminado por luces fluorescentes amarillas lleno de objetos familiares que se adentra en un inquietante e interminable laberinto de espacios típicos de una oficina.. Incapaz de entender lo que acaba de descubrir y atraído por las anomalías que plagan el lugar, convence a Kat, su escéptica empleada, y al novio de esta, Bobby, para que le ayuden a explorar la desconcertante extensión de salas y pasillos donde unos extraños ruidos dejan entender que algo de otro mundo puede estar escondido allí. Al no presentarse Clark a la cita con su psicóloga, la Dra. Mary Kline (magnética una vez más la actriz europea del momento, Renate Reinsve) decide ir en su busca, y enfrentándose a sus propios traumas, acaba perdida en Backrooms, buscando respuestas y una salida.. El hecho de que esta cinta ambientalmente asfixiante y psicológicamente retadora esté rodada principalmente en decorados reales, confiere al desarrollo y a la propuesta escénica dimensiones hasta ahora desconocidas del escalofriante universo de su director, llevando los códigos estructurales de las imágenes generadas por ordenador y configuradas gracias a la intervención del diseño gráfico al reino de la acción en vivo y vaticinando la llegada de una voz muy singular, personalísima, al cine de terror. Reconocía el director en una reciente entrevista que esta película representa «el resultado acumulativo del agotamiento de una sociedad por culpa de la monocultura industrializada en la que hemos caído».. Es decir, «la repetición y los patrones en la sociedad equivalen a una privación sensorial, y poco a poco, la mente intenta encontrar sentido y estructura dentro de toda esa cacofonía incoherente. Cuando se aísla a las personas de la sociedad, se desconectan y nacen los pensamientos conspiratorios. Cuán aterrador sería que la vida fuera así siempre y que se volviera a vivir lo mismo una y otra vez», señalaba atribuyendo a las dinámicas sociales y productivas de homogeneización actuales, en donde todos hacemos prácticamente lo mismo, los principales problemas relacionales contemporáneos que exprimen al sujeto hasta reducirlo a una mera partícula despojada de su capacidad para sentir.. De hecho, esto es algo que ejemplifica muy bien el momento en el que Clark entra en las Backrooms y descubrimos esa estética aséptica y alienante: las oficinas no pueden ser más banales, con sus luces fluorescentes amarillentas. «Es posible que no haya un símbolo mejor que el falso techo para este tipo de monocultura», reconocía el propio Parsons. La réplica, de la réplica, de la réplica, de la réplica. Reproducir espacios multiplicados infinitamente hasta conseguir anular el sentido mismo del tiempo. Qué viaje circular, qué grito nietzscheano, qué falta de aire. ¿Dónde estará la próxima puerta?
Basada en un boom digital, el youtuber y debutante cineasta Kane Parsons, de tan sólo veinte años, estrena su excelente ópera prima
Existen determinadas ocasiones en las que contraviniendo aquel manido refrán de que la experiencia es un grado, el componente de lo prematuro, de lo temprano, lo joven, en la creación de cualquier obra de arte, pasa a formar parte de una cualidad positiva y relevante, incluso de un marchamo identitario capaz de revalorizar el producto presentado.Kane Parsons sólo tenía 16 años cuando, inspirado por un «creepypasta» –un relato diseñado para copiarse y difundirse rápidamente a través de foros y blogs con la intención de inquietar al lector– en Internet, utilizó los programas 3D Blender y Adobe After Effects para crear lo que debía ser una prueba de efectos visuales.. Después de subirlo a YouTube en 2022, el corto «The Backrooms», de 9 minutos de duración, tuvo la colosal cifra de 20 millones de visualizaciones en dos semanas y ha sido descrito como «el vídeo más aterrador en Internet». Parsons aún estaba en el instituto cuando empezó a ampliar el concepto del clip inicial a 22 episodios, lo que implicaba crear toda una mitología, a la vez que su popularidad crecía sin parar en Internet. Hasta la fecha, la serie cuenta con 216 millones de visualizaciones, además de numerosos vídeos dedicados al análisis de sus normas.. El fenómeno de «The Backrooms» y su omnipresente e infeccioso malestar nace de la estética de espacios alternos construidos a partir de imágenes de umbrales transitorios, banales o incluso anodinos. Se trata a menudo de ambientes familiares, como oficinas al parecer desocupadas, que dejan la sensación de que algo no está bien aunque nunca se sabe si física, espiritual o psicológicamente. Esos decorados desolados, aparentemente vaciados de estímulos visuales como los cuadros de la pintura metafísica italiana pintados por Giorgio de Chirico que se convierten en una trampa hasta ahora desconocida, palpitan con amenazas: un centro comercial con tiendas vacías y sin compradores; un largo pasillo que no lleva a ninguna parte y, concretamente en el caso particular de Backrooms, un laberinto surrealista de misteriosas oficinas cuyos detalles no acaban de encajar.. Ambientada en 1990 y basada en la mencionada serie viral para la web creada por Parsons, este bautismo cinematográfico que aterriza hoy en salas manteniendo el nombre primigenio y precedida de una expectación realmente sorprendente cuenta la historia de Clark (a quien da vida Chiwetel Ejiofor, actor cuya popularidad saltó tras su participación en «12 años de esclavitud»), el dueño de una tienda de muebles, a partir del momento exacto en que realiza un descubrimiento de lo más sorprendente en el sótano: un umbral iluminado por luces fluorescentes amarillas lleno de objetos familiares que se adentra en un inquietante e interminable laberinto de espacios típicos de una oficina.. Incapaz de entender lo que acaba de descubrir y atraído por las anomalías que plagan el lugar, convence a Kat, su escéptica empleada, y al novio de esta, Bobby, para que le ayuden a explorar la desconcertante extensión de salas y pasillos donde unos extraños ruidos dejan entender que algo de otro mundo puede estar escondido allí. Al no presentarse Clark a la cita con su psicóloga, la Dra. Mary Kline (magnética una vez más la actriz europea del momento, Renate Reinsve) decide ir en su busca, y enfrentándose a sus propios traumas, acaba perdida en Backrooms, buscando respuestas y una salida.. El hecho de que esta cinta ambientalmente asfixiante y psicológicamente retadora esté rodada principalmente en decorados reales, confiere al desarrollo y a la propuesta escénica dimensiones hasta ahora desconocidas del escalofriante universo de su director, llevando los códigos estructurales de las imágenes generadas por ordenador y configuradas gracias a la intervención del diseño gráfico al reino de la acción en vivo y vaticinando la llegada de una voz muy singular, personalísima, al cine de terror. Reconocía el director en una reciente entrevista que esta película representa «el resultado acumulativo del agotamiento de una sociedad por culpa de la monocultura industrializada en la que hemos caído».. Es decir, «la repetición y los patrones en la sociedad equivalen a una privación sensorial, y poco a poco, la mente intenta encontrar sentido y estructura dentro de toda esa cacofonía incoherente. Cuando se aísla a las personas de la sociedad, se desconectan y nacen los pensamientos conspiratorios. Cuán aterrador sería que la vida fuera así siempre y que se volviera a vivir lo mismo una y otra vez», señalaba atribuyendo a las dinámicas sociales y productivas de homogeneización actuales, en donde todos hacemos prácticamente lo mismo, los principales problemas relacionales contemporáneos que exprimen al sujeto hasta reducirlo a una mera partícula despojada de su capacidad para sentir.. De hecho, esto es algo que ejemplifica muy bien el momento en el que Clark entra en las Backrooms y descubrimos esa estética aséptica y alienante: las oficinas no pueden ser más banales, con sus luces fluorescentes amarillentas. «Es posible que no haya un símbolo mejor que el falso techo para este tipo de monocultura», reconocía el propio Parsons. La réplica, de la réplica, de la réplica, de la réplica. Reproducir espacios multiplicados infinitamente hasta conseguir anular el sentido mismo del tiempo. Qué viaje circular, qué grito nietzscheano, qué falta de aire. ¿Dónde estará la próxima puerta?
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