Hay futbolistas que pasan años intentando hacerse un nombre. Mahmoud Hassan tuvo que hacer justo lo contrario: aprender a convivir con uno que ya pertenecía a otra persona. Porque Trézéguet no se llama Trézéguet. Al menos este. El extremo egipcio que disputa el Mundial 2026 nació en Kafr el Sheij, una ciudad del delta del Nilo, y su nombre real es Mahmoud Ahmed Ibrahim Hassan. Sin embargo, desde la adolescencia casi nadie le conoce así.. En las categorías inferiores de Al Ahly, el club más grande de Egipto, empezó a destacar por su velocidad, su descaro y cierto parecido físico con David Trézéguet, el delantero francés que acababa de convertirse en una de las grandes figuras del fútbol mundial. El apodo surgió entre entrenadores y compañeros y acabó quedándose para siempre. La broma terminó transformándose en una identidad y, con el tiempo, el apodo eclipsó por completo al nombre real. Hoy, millones de aficionados conocen a Trézéguet sin saber quién es Mahmoud Hassan.. La coincidencia llegó a ser tan llamativa que el propio David Trézéguet bromeó años después preguntándose si su padre había estado alguna vez en Egipto. No existía ninguna relación familiar, sino solo un apodo nacido en un campo de entrenamiento que terminó viajando por todo el mundo. Pero reducir su historia a un nombre sería injusto. Trézéguet también representa la vida del futbolista emigrante. Formado en Al Ahly, abandonó Egipto siendo muy joven para intentar abrirse camino en Europa. Pasó por Bélgica, Turquía e Inglaterra en una carrera llena de mudanzas, adaptaciones y reinicios.. En la Premier encontró algunos de los mejores momentos de su carrera con el Aston Villa, pero también otros de los más duros. Las lesiones aparecieron cuando atravesaba una etapa de crecimiento y llegaron a encadenarse con otros problemas físicos y de salud que frenaron su progresión. Sin embargo, esos años fueron una época de alegrías para el egipcio. Unos meses antes fabricó una de las imágenes más importantes de su carrera, aunque no fuera anotando un gol.. En octubre de 2017, Egipto se jugaba clasificarse para un Mundial por primera vez en 28 años. El Congo se había adelantado y los faraones habían empatado a falta de tres minutos para el final del encuentro. La historia se acuerda de que, una vez ya en el tiempo de descuento, el penalti de la victoria lo transformó Mohamed Salah y certificó el billete para Rusia 2018. Sin embargo, unos instantes antes fue Trézéguet quien aceleró por la banda y provocó la jugada decisiva que acabó desembocando en aquella pena máxima histórica. La imagen de la celebración se la quedó el ya exjugador del Liverpool, pero el origen de la jugada fue de Trézéguet.. Ocho años después, el extremo llega a Estados Unidos como uno de los supervivientes de aquella generación. Junto a Salah y algunos veteranos más, representa el puente entre el Egipto que volvió a los Mundiales y el que intenta consolidarse ahora. Y quizá ahí resida el verdadero sentido de su historia. Durante años, Mahmoud Hassan vivió bajo la sombra de un nombre prestado. Hoy, cuando en Egipto alguien escucha Trézéguet, ya no piensa en el campeón del mundo francés; piensan en él.
El extremo egipcio lleva el nombre del famoso delantero francés que fue campeón del Mundial en 1998, pero realmente se llama Mahmoud Hassan. Hoy su selección debuta frente a Bélgica.
Hay futbolistas que pasan años intentando hacerse un nombre. Mahmoud Hassan tuvo que hacer justo lo contrario: aprender a convivir con uno que ya pertenecía a otra persona. Porque Trézéguet no se llama Trézéguet. Al menos este. El extremo egipcio que disputa el Mundial 2026 nació en Kafr el Sheij, una ciudad del delta del Nilo, y su nombre real es Mahmoud Ahmed Ibrahim Hassan. Sin embargo, desde la adolescencia casi nadie le conoce así.. En las categorías inferiores de Al Ahly, el club más grande de Egipto, empezó a destacar por su velocidad, su descaro y cierto parecido físico con David Trézéguet, el delantero francés que acababa de convertirse en una de las grandes figuras del fútbol mundial. El apodo surgió entre entrenadores y compañeros y acabó quedándose para siempre. La broma terminó transformándose en una identidad y, con el tiempo, el apodo eclipsó por completo al nombre real. Hoy, millones de aficionados conocen a Trézéguet sin saber quién es Mahmoud Hassan.. La coincidencia llegó a ser tan llamativa que el propio David Trézéguet bromeó años después preguntándose si su padre había estado alguna vez en Egipto. No existía ninguna relación familiar, sino solo un apodo nacido en un campo de entrenamiento que terminó viajando por todo el mundo. Pero reducir su historia a un nombre sería injusto. Trézéguet también representa la vida del futbolista emigrante. Formado en Al Ahly, abandonó Egipto siendo muy joven para intentar abrirse camino en Europa. Pasó por Bélgica, Turquía e Inglaterra en una carrera llena de mudanzas, adaptaciones y reinicios.. En la Premier encontró algunos de los mejores momentos de su carrera con el Aston Villa, pero también otros de los más duros. Las lesiones aparecieron cuando atravesaba una etapa de crecimiento y llegaron a encadenarse con otros problemas físicos y de salud que frenaron su progresión. Sin embargo, esos años fueron una época de alegrías para el egipcio. Unos meses antes fabricó una de las imágenes más importantes de su carrera, aunque no fuera anotando un gol.. En octubre de 2017, Egipto se jugaba clasificarse para un Mundial por primera vez en 28 años. El Congo se había adelantado y los faraones habían empatado a falta de tres minutos para el final del encuentro. La historia se acuerda de que, una vez ya en el tiempo de descuento, el penalti de la victoria lo transformó Mohamed Salah y certificó el billete para Rusia 2018. Sin embargo, unos instantes antes fue Trézéguet quien aceleró por la banda y provocó la jugada decisiva que acabó desembocando en aquella pena máxima histórica. La imagen de la celebración se la quedó el ya exjugador del Liverpool, pero el origen de la jugada fue de Trézéguet.. Ocho años después, el extremo llega a Estados Unidos como uno de los supervivientes de aquella generación. Junto a Salah y algunos veteranos más, representa el puente entre el Egipto que volvió a los Mundiales y el que intenta consolidarse ahora. Y quizá ahí resida el verdadero sentido de su historia. Durante años, Mahmoud Hassan vivió bajo la sombra de un nombre prestado. Hoy, cuando en Egipto alguien escucha Trézéguet, ya no piensa en el campeón del mundo francés; piensan en él.
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