Hay brindis que se quedan en la memoria de una tarde. Y hay otros que, sin saberlo, terminan convirtiéndose en despedidas. El de Álvaro Serrano este martes en Las Ventas ya pertenece a esa segunda categoría.. El novillero madrileño, todavía con la emoción atravesándole la voz, dedicaba entre lágrimas a través de las cámaras la faena antes de comenzar la faena al sexto. Lo hacía a su abuelo, que estaba pasando un mal momento y era una persona fundamental en su vida y en afición. No podíamos imaginar entonces que horas después, ya con la Puerta Grande recién conquistada, llegaría la noticia más dolorosa: su abuelo había fallecido.. La historia cambia por completo vista desde hoy. Porque aquel brindis, que ya había emocionado a Las Ventas por su verdad y su desnudez, se convierte ahora en una escena casi imposible de olvidar. Serrano toreando con el alma rota sin saber que estaba viviendo el último adiós a su abuelo sobre la arena de Madrid.. Y quizá por eso pasó lo que pasó después. Porque hay tardes en las que el toreo parece gobernado por algo más fuerte que la técnica o el oficio. Álvaro Serrano se entregó de una manera feroz. Toreó con una intensidad brutal, quizá como quien necesita agarrarse a algo mientras por dentro se derrumba. Madrid lo percibió enseguida. Las Ventas, tan fría tantas veces, entendió que allí estaba ocurriendo algo verdadero. Porque su puesta en escena estaba llena de ella.. La Puerta Grande llegó plena de felicidad, ovaciones y una emoción difícil de explicar incluso para una plaza acostumbrada a las grandes historias. Más tarde, alejado ya de los ecos y la emoción del triunfo le esperaría otra realidad a este torero que se ha hecho un hueco en el corazón de Madrid.. Ahora aquel instante cobra todavía más fuerza: Álvaro Serrano llorando antes de empezar a torear, hablando de su abuelo, buscando aire, intentando recomponerse delante de Madrid. Sin saber que, en realidad, ya se estaba despidiendo de él.
El novillero reventaba la Monumental de Las Ventas y se enfrentaba a uno de los momentos más complejos
Hay brindis que se quedan en la memoria de una tarde. Y hay otros que, sin saberlo, terminan convirtiéndose en despedidas. El de Álvaro Serrano este martes en Las Ventas ya pertenece a esa segunda categoría.. El novillero madrileño, todavía con la emoción atravesándole la voz, dedicaba entre lágrimas a través de las cámaras la faena antes de comenzar la faena al sexto. Lo hacía a su abuelo, que estaba pasando un mal momento y era una persona fundamental en su vida y en afición. No podíamos imaginar entonces que horas después, ya con la Puerta Grande recién conquistada, llegaría la noticia más dolorosa: su abuelo había fallecido.. La historia cambia por completo vista desde hoy. Porque aquel brindis, que ya había emocionado a Las Ventas por su verdad y su desnudez, se convierte ahora en una escena casi imposible de olvidar. Serrano toreando con el alma rota sin saber que estaba viviendo el último adiós a su abuelo sobre la arena de Madrid.. Y quizá por eso pasó lo que pasó después. Porque hay tardes en las que el toreo parece gobernado por algo más fuerte que la técnica o el oficio. Álvaro Serrano se entregó de una manera feroz. Toreó con una intensidad brutal, quizá como quien necesita agarrarse a algo mientras por dentro se derrumba. Madrid lo percibió enseguida. Las Ventas, tan fría tantas veces, entendió que allí estaba ocurriendo algo verdadero. Porque su puesta en escena estaba llena de ella.. La Puerta Grande llegó plena de felicidad, ovaciones y una emoción difícil de explicar incluso para una plaza acostumbrada a las grandes historias. Más tarde, alejado ya de los ecos y la emoción del triunfo le esperaría otra realidad a este torero que se ha hecho un hueco en el corazón de Madrid.. Ahora aquel instante cobra todavía más fuerza: Álvaro Serrano llorando antes de empezar a torear, hablando de su abuelo, buscando aire, intentando recomponerse delante de Madrid. Sin saber que, en realidad, ya se estaba despidiendo de él.
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