Amó breve y furiosamente al gigante Sam Shepard, con quien escribió la obra teatral «Cowboy mouth», e hizo un pacto de sangre con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, a quien sigue unida, cuatro décadas después de la muerte de él, por un hilo de amor indestructible. El rock y el punk no habrían sido los mismos sin su elegancia de vampira, sin su mirada desafiante, sin esa libertad que empapa cada centímetro de su obra. España la premia con el Princesa de Asturias de las Artes y ella concluye esta entrevista con lágrimas de alegría.. −¿Con qué ánimo recibe un premio que ha recaído en grandes artistas de su país como Dylan, Woody Allen, Coppola , Scorsese…?. −La verdad es que estoy encantada de recibir un premio tan importante, de prestigio mundial. Este premio me hace rejuvenecer y me llena de esperanza. Cuando me llamaron para comunicármelo estaba durmiendo y me desperté de golpe, tan sorprendida y tan feliz… Voy a cumplir 80 años, he trabajado durante décadas y esto me resulta muy inspirador; me da una gran energía para continuar con mi trabajo. Así que estoy muy, muy agradecida.. «Mis años formativos fueron muy importantes, pero aún soy una artista que trata de evolucionar». −Usted es un icono de la cultura «underground»: se inició como artista en las calles y llevó la literatura al punk en unos años emocionantes y durísimos. ¿Cada vez que le conceden un premio institucional siente que se han debido de equivocar, acusa el llamado «síndrome del impostor»?. −No tengo ningún síndrome del impostor, no. Me siento feliz con el trabajo que he realizado y desde hace cinco décadas mantengo una hermosa relación con España y los españoles, y me tomo el premio como símbolo de esa relación tan bonita y fuerte. Tengo un buen concepto de mi propia vida y me siento segura del trabajo hecho, y sé que no me darían este premio si no creyeran que lo merezco. Así que estoy muy feliz y no, no tengo dudas. Soy demasiado vieja para tener el síndrome del impostor, ja, ja, ja.. −A los artistas de veras siempre los acompañan una serie de obsesiones y demonios. De hecho, levantan su obra a partir de ellos. ¿La suya ha girado siempre en torno a sus años de formación, los del Nueva York de finales de los 60 y principios de los 70, cuando aún quedaban cosas por inventar?. −Yo fui dotada de una imaginación muy poderosa. Nunca estoy sin ideas nuevas y sin cosas que inventar, y continúo haciendo mi trabajo. No era ningún prodigio y por eso tuve que trabajar muy duro durante años para desarrollar mi trabajo. Y siempre encuentro algo nuevo que crear, que estudiar, que escribir. Mis años formativos fueron muy importantes, pero aún soy una artista que trata de evolucionar. Creo que un artista siempre está evolucionando. Como Picasso, que hasta los 90 se estuvo reinventando, haciendo algo nuevo. Así es como me siento.. −¿Se siente parte de una generación de artistas irrepetible, tanto en los musical como en lo cinematográfico y poético? Hablamos de Dylan, Lou Reed, Springsteen, Al Pacino, Robert de Niro, Sam Shepard…. −He tenido mucha suerte de trabajar con muchas de esas personas y de ser su amiga. Llegué a Nueva York en un momento muy interesante y emocionante, cuando era muy barato vivir allí para tantos jóvenes poetas y artistas. El mundo ha cambiado enormemente y creo que ahora es mucho más difícil. Pero estoy agradecida porque muchos jóvenes están interesadas en mi trabajo. Y hay artistas nuevos, como Rosalía y otros jóvenes seguidores, que me inspiran. Muchas de las personas que conocí han muerto y yo todavía estoy aquí haciendo mi trabajo. Los recuerdo y estoy muy agradecida por su inspiración, especialmente a Sam Shepard, pero yo sigo trabajando.. «Creo que este es un momento muy malo para América y también para el mundo». −La IA generativa amenaza a los artistas, pues es difícil imaginar el control que llegará a tener. La calle, que es lo que alimenta al artista, y de la que usted extrajo tanto material para construir su obra, ya no será necesaria. El trabajo de campo, en fin, desaparecerá. ¿Le inquieta ese panorama? No ya por usted, sino por las nuevas generaciones de artistas.. −Sí, por supuesto. Creo que todos estamos preocupados en ese sentido. Yo no trabajo con AI en absoluto, no hago nada con ella. No me interesa. Creo que la mayor contribución de la IA debe estar en el campo médico, en cómo puede ayudar, es ahí donde debe aplicarse. Y creo que sí, que es un peligro para las artes y el cine, para todas las artes. Pero tengo fe en la imaginación humana y creo que las nuevas generaciones evolucionarán. Lo que la IA hará con las artes no me afectará a mí porque, como te digo, no estoy involucrada en ello y no tengo el deseo de usarla. No puedo predecir el futuro, pero las nuevas generaciones la utilizarán, espero, como herramienta. Esa es mi gran esperanza, que recuerden que la tecnología es solo una herramienta y que no debe ser la fuente principal. Tengo fe en los jóvenes y solo les pido que sean fuertes y que mantengan intacta su esencia.. −La llegada de Trump ha alterado drásticamente el orden mundial. Se cabreó porque no le concedieron el Nobel de la Paz y ha metido a Estados Unidos, y al mundo entero, en una guerra, como todas, de consecuencias inciertas. ¿Trump representa la cruz, el reverso, de lo que todo artista se pasa la vida buscando?. −No solo los artistas, sino la humanidad entera. Es lo contrario de lo que desean las personas buenas. Todos deseamos, en términos más simples, tener un ambiente limpio, tener agua limpia, tener seguridad para nuestros hijos, respetar a los otros, respetar la religión de los otros, ayudar al enfermo, ser caritativos… Todas las cosas que los seres humanos necesitan para crear una atmósfera positiva y para vivir en un mundo donde el amor esté en el centro, y creo que Trump no ofrece nada de eso, que no hay amor en nada de lo que hace, excepto amor a sí mismo. Y creo que este es un momento muy malo para América y también para el mundo, por tener ahí a un hombre como él, con tanto poder. Así que sí, siento que no puedo decir nada positivo de la presente situación. He intentado encontrar algún aspecto positivo, pero es imposible. Y lo peor es que, por muy malo que fuera, esperaba que nunca invadiera ni bombardease otro país. Y, por supuesto, también lo ha hecho. Así que lo siento mucho. Cada día me despierto preocupada, enfadada, frustrada…, es doloroso. Pero esta mañana me desperté a las seis de la mañana con la noticia de que he recibido este hermoso premio y hoy me estoy permitiendo sentir un poco de alegría.. −Allá donde se encuentre, ¿Robert Mapplethorpe está, hoy, orgulloso de usted?. −¡Oh, absolutamente! Él estaría orgulloso, claro. Estoy segura de que querría venir a España conmigo. Pienso en Robert todos los días, ¡lo conocí tan bien…! Él no sentía celos de los éxitos de los otros. Él quería que me fuera bien, que fuera reconocida y que pudiera desarrollar mi trabajo, y sé que hoy estaría orgulloso de mí. Pienso cada día en él. (Y tras recibir la enhorabuena de este periodista, lo agradece mientras se le rompe la voz).
La artista estadounidense, mito de la cultura popular, charla con LA RAZÓN a propósito de la concesión del Premio Princesa de Asturias de las Artes
Amó breve y furiosamente al gigante Sam Shepard, con quien escribió la obra teatral «Cowboy mouth», e hizo un pacto de sangre con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, a quien sigue unida, cuatro décadas después de la muerte de él, por un hilo de amor indestructible. El rock y el punk no habrían sido los mismos sin su elegancia de vampira, sin su mirada desafiante, sin esa libertad que empapa cada centímetro de su obra. España la premia con el Princesa de Asturias de las Artes y ella concluye esta entrevista con lágrimas de alegría.. −¿Con qué ánimo recibe un premio que ha recaído en grandes artistas de su país como Dylan, Woody Allen, Coppola , Scorsese…?. −La verdad es que estoy encantada de recibir un premio tan importante, de prestigio mundial. Este premio me hace rejuvenecer y me llena de esperanza. Cuando me llamaron para comunicármelo estaba durmiendo y me desperté de golpe, tan sorprendida y tan feliz… Voy a cumplir 80 años, he trabajado durante décadas y esto me resulta muy inspirador; me da una gran energía para continuar con mi trabajo. Así que estoy muy, muy agradecida.. «Mis años formativos fueron muy importantes, pero aún soy una artista que trata de evolucionar». −Usted es un icono de la cultura «underground»: se inició como artista en las calles y llevó la literatura al punk en unos años emocionantes y durísimos. ¿Cada vez que le conceden un premio institucional siente que se han debido de equivocar, acusa el llamado «síndrome del impostor»?. −No tengo ningún síndrome del impostor, no. Me siento feliz con el trabajo que he realizado y desde hace cinco décadas mantengo una hermosa relación con España y los españoles, y me tomo el premio como símbolo de esa relación tan bonita y fuerte. Tengo un buen concepto de mi propia vida y me siento segura del trabajo hecho, y sé que no me darían este premio si no creyeran que lo merezco. Así que estoy muy feliz y no, no tengo dudas. Soy demasiado vieja para tener el síndrome del impostor, ja, ja, ja.. −A los artistas de veras siempre los acompañan una serie de obsesiones y demonios. De hecho, levantan su obra a partir de ellos. ¿La suya ha girado siempre en torno a sus años de formación, los del Nueva York de finales de los 60 y principios de los 70, cuando aún quedaban cosas por inventar?. −Yo fui dotada de una imaginación muy poderosa. Nunca estoy sin ideas nuevas y sin cosas que inventar, y continúo haciendo mi trabajo. No era ningún prodigio y por eso tuve que trabajar muy duro durante años para desarrollar mi trabajo. Y siempre encuentro algo nuevo que crear, que estudiar, que escribir. Mis años formativos fueron muy importantes, pero aún soy una artista que trata de evolucionar. Creo que un artista siempre está evolucionando. Como Picasso, que hasta los 90 se estuvo reinventando, haciendo algo nuevo. Así es como me siento.. −¿Se siente parte de una generación de artistas irrepetible, tanto en los musical como en lo cinematográfico y poético? Hablamos de Dylan, Lou Reed, Springsteen, Al Pacino, Robert de Niro, Sam Shepard…. −He tenido mucha suerte de trabajar con muchas de esas personas y de ser su amiga. Llegué a Nueva York en un momento muy interesante y emocionante, cuando era muy barato vivir allí para tantos jóvenes poetas y artistas. El mundo ha cambiado enormemente y creo que ahora es mucho más difícil. Pero estoy agradecida porque muchos jóvenes están interesadas en mi trabajo. Y hay artistas nuevos, como Rosalía y otros jóvenes seguidores, que me inspiran. Muchas de las personas que conocí han muerto y yo todavía estoy aquí haciendo mi trabajo. Los recuerdo y estoy muy agradecida por su inspiración, especialmente a Sam Shepard, pero yo sigo trabajando.. «Creo que este es un momento muy malo para América y también para el mundo». −La IA generativa amenaza a los artistas, pues es difícil imaginar el control que llegará a tener. La calle, que es lo que alimenta al artista, y de la que usted extrajo tanto material para construir su obra, ya no será necesaria. El trabajo de campo, en fin, desaparecerá. ¿Le inquieta ese panorama? No ya por usted, sino por las nuevas generaciones de artistas.. −Sí, por supuesto. Creo que todos estamos preocupados en ese sentido. Yo no trabajo con AI en absoluto, no hago nada con ella. No me interesa. Creo que la mayor contribución de la IA debe estar en el campo médico, en cómo puede ayudar, es ahí donde debe aplicarse. Y creo que sí, que es un peligro para las artes y el cine, para todas las artes. Pero tengo fe en la imaginación humana y creo que las nuevas generaciones evolucionarán. Lo que la IA hará con las artes no me afectará a mí porque, como te digo, no estoy involucrada en ello y no tengo el deseo de usarla. No puedo predecir el futuro, pero las nuevas generaciones la utilizarán, espero, como herramienta. Esa es mi gran esperanza, que recuerden que la tecnología es solo una herramienta y que no debe ser la fuente principal. Tengo fe en los jóvenes y solo les pido que sean fuertes y que mantengan intacta su esencia.. −La llegada de Trump ha alterado drásticamente el orden mundial. Se cabreó porque no le concedieron el Nobel de la Paz y ha metido a Estados Unidos, y al mundo entero, en una guerra, como todas, de consecuencias inciertas. ¿Trump representa la cruz, el reverso, de lo que todo artista se pasa la vida buscando?. −No solo los artistas, sino la humanidad entera. Es lo contrario de lo que desean las personas buenas. Todos deseamos, en términos más simples, tener un ambiente limpio, tener agua limpia, tener seguridad para nuestros hijos, respetar a los otros, respetar la religión de los otros, ayudar al enfermo, ser caritativos… Todas las cosas que los seres humanos necesitan para crear una atmósfera positiva y para vivir en un mundo donde el amor esté en el centro, y creo que Trump no ofrece nada de eso, que no hay amor en nada de lo que hace, excepto amor a sí mismo. Y creo que este es un momento muy malo para América y también para el mundo, por tener ahí a un hombre como él, con tanto poder. Así que sí, siento que no puedo decir nada positivo de la presente situación. He intentado encontrar algún aspecto positivo, pero es imposible. Y lo peor es que, por muy malo que fuera, esperaba que nunca invadiera ni bombardease otro país. Y, por supuesto, también lo ha hecho. Así que lo siento mucho. Cada día me despierto preocupada, enfadada, frustrada…, es doloroso. Pero esta mañana me desperté a las seis de la mañana con la noticia de que he recibido este hermoso premio y hoy me estoy permitiendo sentir un poco de alegría.. −Allá donde se encuentre, ¿Robert Mapplethorpe está, hoy, orgulloso de usted?. −¡Oh, absolutamente! Él estaría orgulloso, claro. Estoy segura de que querría venir a España conmigo. Pienso en Robert todos los días, ¡lo conocí tan bien…! Él no sentía celos de los éxitos de los otros. Él quería que me fuera bien, que fuera reconocida y que pudiera desarrollar mi trabajo, y sé que hoy estaría orgulloso de mí. Pienso cada día en él. (Y tras recibir la enhorabuena de este periodista, lo agradece mientras se le rompe la voz).
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