Hoy por hoy parece que nada puede afectarles. Ni las críticas a su nula austeridad o esa fama que tienen de poco trabajadores y su gusto por las largas vacaciones y sus muchas salidas del país por razones de ocio. Según el instituto Epinion, que realizaba a comienzos de año un estudio para DR, la plataforma de noticias de la radiotelevisión pública danesa, la casa de Glücksburg sigue gozando de una inmensa popularidad, con el 72% de los encuestados muestra su sólido apoyo a la monarquía y apenas un 15% queriendo abolirla, aunque el cambio de trono tuviese lugar hace dos años.. De hecho, en dicha encuesta no solo subían en popularidad sus hijos, los príncipes Christina e Isabella, sino también los monarcas, con una aceptación del 87% para el rey Federico X de Dinamarca y un 85% para su esposa, la reina Mary. Unas cifras que dejaban claro que el modelo de reinado que están llevando a cabo, además de su firme oposición a Donald Trump, que por aquel entonces acababa de amenazar con anexionarse uno de sus territorios, Groenlandia, funcionaba y les daba rédito en forma de prestigio.. De ahí, quizá, que la familia real danesa continúe todavía protagonizando poco a poco tradiciones en el marco de la abdicación de la reina Margarita II, a pesar de que esta se efectuase el 14 de enero de 2024. Esos cambios dinásticos han dado pie hace apenas unas semanas a que los reyes ya sean por fin propietarios de uno de los lugares más históricos que forman parte de la fortuna de la corona escandinava: el castillo de Marselisborg, de cuyas llave la reina emérita le ha hecho entrega a su primogénito.. Tal y como ha informado la revista Se og Hør, la casa real «ha confirmado que el cambio de propiedad se produce como consecuencia natural de la sucesión al trono», añadiendo asimismo que la incorporación de esta nueva propiedad al patrimonio de Federico y Mary es un paso lógico si se tiene en cuenta la historia y costumbres de la familia real, máxime la que comienza en el siglo XIX. Porque aunque la residencia oficial de la corona del país escandinavo sea el palacio de Amalienborg, en Copenhague, el capital con el que cuentan los reyes daneses es inmenso, siendo una de las casas reales con una de las mayores posesiones de joyas y propiedades.. El castillo de Marselisborg, en concreto, tiene una valoración estimada en 1,5 millones de coronas danesas, alrededor de los 200.000 euros, y es sobre todo conocida por sus amplísimos jardines, con un perímetro alrededor de cerca de 13 hectáreas, lo que lo convierte casi en un refugio total contra curiosos y paparazzis, con un enorme dispositivo de seguridad, y en un punto de encuentro ideal para desconectar en fechas muy señaladas, como las vacaciones de Pascua y Navidad. Como señalan desde ¡Hola!, un enclave idóneo para escapadas breves cuando la agenda oficial no obligue a permanecer en la capital.. Porque el castillo se encuentra en una de las ciudades más importantes del país, Aarhus, que a diferencia de Copenhague no está en una isla, sino en la península de Jutlandia. Quizá por ello, por haber sido un emblema de algunos encuentros familiares y privados, el interior del castillo de Marselisborg no se encuentra abierto al público, siendo la única zona visitable los jardines que lo cercan y que, aun así, son restringidos en su mayor parte cuando está siendo utilizado por los monarcas —y, se entiende que a partir de ahora también por sus hijos—.. Aun así, el público podrá descubrir el estilo inglés de la propiedad, con impresionantes estanques y esculturas, si bien no la piscina privada ni lo que encierran sus muros, siendo la primera planta la destinada a los dormitorios y habitaciones privadas de la familia real, mientras que en la planta baja se hallan las zonas comunes, la cocina, el comedor y una imponente escalinata flanqueada por los salones donde se encuentra la colección de arte, desde cuadros a esculturas, que afianzan el legado artístico de la dinastía real.. Asimismo, la historia del propio castillo es paralela a la de la familia. El municipio de Aarhus había adquirido la finca de Marselisborg en 1896, incluyendo la casa. Sin embargo, esta última fue pasto de las llamas. El diseño original, obra del arquitecto Hack Kampmann, hubo de ser ampliamente remodelado, prácticamente en su totalidad, debido al tremendo incendio que destruyó casi todo el edificio, aunque tras tres años, entre 1899 y 1902, se acabó su construcción.. Para entonces, eso sí, el pueblo danés se lo había regalado ya al entonces príncipe Christian, que acabaría siendo el rey Cristian X, tras contraer matrimonio con la princesa Alexandrina en 1898. Con este gesto, la propiedad y su uso exclusivo pasaba a manos de la corona, que ha ido pasándose el testigo, siendo la última vez, antes de la reciente entrega de llaves, en 1967, cuando el entonces rey Federico IX de Dinamarca le cedió el castillo a una muy joven princesa Margarita como regalo de bodas.
Hoy por hoy parece que nada puede afectarles. Ni las críticas a su nula austeridad o esa fama que tienen de poco trabajadores y su gusto por las largas vacaciones y sus muchas salidas del país por razones de ocio. Según el instituto Epinion, que realizaba a comienzos de año un estudio para DR, la plataforma de noticias de la radiotelevisión pública danesa, la casa de Glücksburg sigue gozando de una inmensa popularidad, con el 72% de los encuestados muestra su sólido apoyo a la monarquía y apenas un 15% queriendo abolirla, aunque el cambio de trono tuviese lugar hace dos años.. De hecho, en dicha encuesta no solo subían en popularidad sus hijos, los príncipes Christina e Isabella, sino también los monarcas, con una aceptación del 87% para el rey Federico X de Dinamarca y un 85% para su esposa, la reina Mary. Unas cifras que dejaban claro que el modelo de reinado que están llevando a cabo, además de su firme oposición a Donald Trump, que por aquel entonces acababa de amenazar con anexionarse uno de sus territorios, Groenlandia, funcionaba y les daba rédito en forma de prestigio.. De ahí, quizá, que la familia real danesa continúe todavía protagonizando poco a poco tradiciones en el marco de la abdicación de la reina Margarita II, a pesar de que esta se efectuase el 14 de enero de 2024. Esos cambios dinásticos han dado pie hace apenas unas semanas a que los reyes ya sean por fin propietarios de uno de los lugares más históricos que forman parte de la fortuna de la corona escandinava: el castillo de Marselisborg, de cuyas llave la reina emérita le ha hecho entrega a su primogénito.. Tal y como ha informado la revista Se og Hør, la casa real «ha confirmado que el cambio de propiedad se produce como consecuencia natural de la sucesión al trono», añadiendo asimismo que la incorporación de esta nueva propiedad al patrimonio de Federico y Mary es un paso lógico si se tiene en cuenta la historia y costumbres de la familia real, máxime la que comienza en el siglo XIX. Porque aunque la residencia oficial de la corona del país escandinavo sea el palacio de Amalienborg, en Copenhague, el capital con el que cuentan los reyes daneses es inmenso, siendo una de las casas reales con una de las mayores posesiones de joyas y propiedades.. El castillo de Marselisborg, en concreto, tiene una valoración estimada en 1,5 millones de coronas danesas, alrededor de los 200.000 euros, y es sobre todo conocida por sus amplísimos jardines, con un perímetro alrededor de cerca de 13 hectáreas, lo que lo convierte casi en un refugio total contra curiosos y paparazzis, con un enorme dispositivo de seguridad, y en un punto de encuentro ideal para desconectar en fechas muy señaladas, como las vacaciones de Pascua y Navidad. Como señalan desde ¡Hola!, un enclave idóneo para escapadas breves cuando la agenda oficial no obligue a permanecer en la capital.. Porque el castillo se encuentra en una de las ciudades más importantes del país, Aarhus, que a diferencia de Copenhague no está en una isla, sino en la península de Jutlandia. Quizá por ello, por haber sido un emblema de algunos encuentros familiares y privados, el interior del castillo de Marselisborg no se encuentra abierto al público, siendo la única zona visitable los jardines que lo cercan y que, aun así, son restringidos en su mayor parte cuando está siendo utilizado por los monarcas —y, se entiende que a partir de ahora también por sus hijos—.. Aun así, el público podrá descubrir el estilo inglés de la propiedad, con impresionantes estanques y esculturas, si bien no la piscina privada ni lo que encierran sus muros, siendo la primera planta la destinada a los dormitorios y habitaciones privadas de la familia real, mientras que en la planta baja se hallan las zonas comunes, la cocina, el comedor y una imponente escalinata flanqueada por los salones donde se encuentra la colección de arte, desde cuadros a esculturas, que afianzan el legado artístico de la dinastía real.. Asimismo, la historia del propio castillo es paralela a la de la familia. El municipio de Aarhus había adquirido la finca de Marselisborg en 1896, incluyendo la casa. Sin embargo, esta última fue pasto de las llamas. El diseño original, obra del arquitecto Hack Kampmann, hubo de ser ampliamente remodelado, prácticamente en su totalidad, debido al tremendo incendio que destruyó casi todo el edificio, aunque tras tres años, entre 1899 y 1902, se acabó su construcción.. Para entonces, eso sí, el pueblo danés se lo había regalado ya al entonces príncipe Christian, que acabaría siendo el rey Cristian X, tras contraer matrimonio con la princesa Alexandrina en 1898. Con este gesto, la propiedad y su uso exclusivo pasaba a manos de la corona, que ha ido pasándose el testigo, siendo la última vez, antes de la reciente entrega de llaves, en 1967, cuando el entonces rey Federico IX de Dinamarca le cedió el castillo a una muy joven princesa Margarita como regalo de bodas.
