Un Papa de blanco en el Bernabéu. Un Robert Prevost apasionado del Real Madrid. Y un estadio lleno. Hasta la bandera. En total, 77.000 peregrinos, en torno a un pastor que fue ovacionado desde el minuto uno en el que hizo entrada al terreno de juego hasta la prórroga. Si de los asistentes dependiera, se habría alargado hasta una tanda infinita de penaltis, con tal de no dejar escapar al Pontífice en su último acto multitudinario en la capital española. Allí estaban congregados quienes en el día a día sacan adelante las diócesis de Madrid, Getafe y Alcala. Lo mismo quienes forman parte del consejo pastoral de una parroquia de Boadilla del Monte que quienes preparan las jornadas del Domund en las Delegaciones de Misiones.. Y a ellos se dirigió León XIV, en una tarde donde la música jugó un papel clave como hilo conductor a través de un coro de más de mil voces conformado ex profeso para la ocasión, dirigidos por el sacerdote Toño Casado. Un foro planteado con la mirada puesta en el mañana, esto es, en buscar los frutos de este viaje papal, para que no se quede únicamente en un magno acontecimiento. Prueba de esta proyección al futuro fue la bendición de las primeras piedras de 17 nuevas iglesias y de la futura biblioteca de la Universidad Eclesiástica San Dámaso.. «Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios». Este fue el principal encargo que les hizo a los católicos madrileños. Y no lo hizo en abstracto. Fue más allá, al concretar que «el amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa». Una vez, como viene siendo una tónica en todos y cada uno de los discursos que ha pronunciado estos días en Madrid este mensaje iba dirigido a favorecer la acogida de la población migrante, que está revitalizando a la Iglesia y pluralizando su rostro. De hecho, hizo referencia al testimonio de una compatriota del país donde él fue misionero y obispo, para alertar de los riesgos de estigmatizar al que viene de fuera. «Cuando llega al corazón, hace que uno diga haberse sentido acogido con los brazos abiertos, como la hermana que vino desde Perú a Madrid», expresó Robert Prevost. Justo después denunció cómo «muchos, como ella y su familia, al comienzo sienten temor a acercarse, pues han oído hablar de prejuicios y decepciones».. Con esta premisa, el Papa instó a los católicos madrileños a no aislarse y a establecer alianza a pie de barrio con las diferentes asociaciones y entidades, subrayando que ha de ser «una relación que, naturalmente, se materializa entre personas de carne y hueso, en las relaciones laborales y de proximidad, pero también en las distintas comunidades, asociaciones y entidades barriales».. Como sucediera el sábado en el Movistar Arena durante el encuentro con la sociedad civil, el Papa echó mano de su encíclica Magnifica humanitas para proponer «como alternativa a la homologación y confusión» que representa Babel, la necesidad de conformar una comunidad unida en la Iglesia para «reconstruir» la sociedad. Para el Pontífice, reconstruir significa «reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad».. De puertas para adentro, León XIV ratificó una de las principales apuestas del pontificado de Francisco: la sinodalidad. O lo que es lo mismo, la participación corresponsable entre los sacerdotes, los consagrados y los laicos: «Nos ha permitido conocernos y escucharnos con mayor profundidad en los contextos en los que la comunidad diocesana vive y se configura». «Por eso es tan importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía», reivindicó en una clara llamada a una Iglesia plural y poliédrica.. En su empeño constante por aterrizar sus postulados a hecho concretos, puso deberse a los sacerdotes madrileños para aplicar en el trabajo diario de sus templos, a través de la puesta en marcha consejos parroquiales para promover el trabajo en equipo y uno liderazgos unipersonales: «Invito a los presbíteros a reconocer la práctica del discernimiento comunitario como una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a su ministerio».. En este sentido, detalló que esta misión compartida con los seglares no debe reducirse a «trámites burocráticos». Esos consejos parroquiales y diocesanos deben ser «espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué espera de nosotros, a qué conversiones nos llama». «Cuando atendemos estos espacios, entonces el culto se convierte en vida y entre las personas surgen lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad», dejó caer sobre ese vínculo entre el altar y la acción social en el que tanto hizo hincapié el domingo en la misa del Corpus Chirsti.. Sobre hombros de los curas de Madrid también puso otro reto: «Sin apartaros de lo esencial, el hecho de deteneros regularmente con vuestro pueblo para interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio enriquecerá y consolará vuestro ministerio». O, dicho en otras palabras, ser capaces de avistar cuáles son las heridas que hay en las calles y plazas de sus vecinos más allá del dintel de la sacristía.A la par, les alertó del riesgo de convertirse en funcionarios de lo divino, convencido de que, cuando reducimos la vida eclesial a una rutina en la que cada uno permanece encerrado en sus hábitos y en su papel, lo que nos falta es el Espíritu.. En un nuevo guiño a su identificación pastoral con Bergoglio, planteó a su auditorio a cielo abierto a hacer vida la «alegría del Evangelio» que abanderaba la primera exhortación apostólica del Pontífice argentino: Evangelii gaudium: «Vuestra alegría será contagiosa si, de ser una emoción pasajera, se convierte en un modo estable de ser, en un sentimiento profundo que renueva a las personas, a los grupos y a la comunidad diocesana». En este contexto, planteó el recuperar un principio que parece haberse diluido en medio de un ambiente de crispación generalizada: la cordialidad: «Hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza». Y es que el Papa es un convenido de que «para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera».. Por ello se mostró convencido que «la presencia de la Iglesia en una gran ciudad es una parábola de este misterio de salvación», capaz de acoger «tradiciones y almas diferentes». «Juntos, como Iglesia diocesana, podéis ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad», deseó el Papa matemático y canonista, que una vez más encomendó a los fieles presentes a santa Teresa de Jesús: «¡Nada os turbe, nada os espante!».
El Papa sueña con una Iglesia que sea casa de acogida en su último acto multitudinario en Madrid
Un Papa de blanco en el Bernabéu. Un Robert Prevost apasionado del Real Madrid. Y un estadio lleno. Hasta la bandera. En total, 77.000 peregrinos, en torno a un pastor que fue ovacionado desde el minuto uno en el que hizo entrada al terreno de juego hasta la prórroga. Si de los asistentes dependiera, se habría alargado hasta una tanda infinita de penaltis, con tal de no dejar escapar al Pontífice en su último acto multitudinario en la capital española. Allí estaban congregados quienes en el día a día sacan adelante las diócesis de Madrid, Getafe y Alcala. Lo mismo quienes forman parte del consejo pastoral de una parroquia de Boadilla del Monte que quienes preparan las jornadas del Domund en las Delegaciones de Misiones.. Y a ellos se dirigió León XIV, en una tarde donde la música jugó un papel clave como hilo conductor a través de un coro de más de mil voces conformado ex profeso para la ocasión, dirigidos por el sacerdote Toño Casado. Un foro planteado con la mirada puesta en el mañana, esto es, en buscar los frutos de este viaje papal, para que no se quede únicamente en un magno acontecimiento. Prueba de esta proyección al futuro fue la bendición de las primeras piedras de 17 nuevas iglesias y de la futura biblioteca de la Universidad Eclesiástica San Dámaso.. «Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios». Este fue el principal encargo que les hizo a los católicos madrileños. Y no lo hizo en abstracto. Fue más allá, al concretar que «el amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa». Una vez, como viene siendo una tónica en todos y cada uno de los discursos que ha pronunciado estos días en Madrid este mensaje iba dirigido a favorecer la acogida de la población migrante, que está revitalizando a la Iglesia y pluralizando su rostro. De hecho, hizo referencia al testimonio de una compatriota del país donde él fue misionero y obispo, para alertar de los riesgos de estigmatizar al que viene de fuera. «Cuando llega al corazón, hace que uno diga haberse sentido acogido con los brazos abiertos, como la hermana que vino desde Perú a Madrid», expresó Robert Prevost. Justo después denunció cómo «muchos, como ella y su familia, al comienzo sienten temor a acercarse, pues han oído hablar de prejuicios y decepciones».. Con esta premisa, el Papa instó a los católicos madrileños a no aislarse y a establecer alianza a pie de barrio con las diferentes asociaciones y entidades, subrayando que ha de ser «una relación que, naturalmente, se materializa entre personas de carne y hueso, en las relaciones laborales y de proximidad, pero también en las distintas comunidades, asociaciones y entidades barriales».. Como sucediera el sábado en el Movistar Arena durante el encuentro con la sociedad civil, el Papa echó mano de su encíclica Magnifica humanitas para proponer «como alternativa a la homologación y confusión» que representa Babel, la necesidad de conformar una comunidad unida en la Iglesia para «reconstruir» la sociedad. Para el Pontífice, reconstruir significa «reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad».. De puertas para adentro, León XIV ratificó una de las principales apuestas del pontificado de Francisco: la sinodalidad. O lo que es lo mismo, la participación corresponsable entre los sacerdotes, los consagrados y los laicos: «Nos ha permitido conocernos y escucharnos con mayor profundidad en los contextos en los que la comunidad diocesana vive y se configura». «Por eso es tan importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía», reivindicó en una clara llamada a una Iglesia plural y poliédrica.. En su empeño constante por aterrizar sus postulados a hecho concretos, puso deberse a los sacerdotes madrileños para aplicar en el trabajo diario de sus templos, a través de la puesta en marcha consejos parroquiales para promover el trabajo en equipo y uno liderazgos unipersonales: «Invito a los presbíteros a reconocer la práctica del discernimiento comunitario como una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a su ministerio».. En este sentido, detalló que esta misión compartida con los seglares no debe reducirse a «trámites burocráticos». Esos consejos parroquiales y diocesanos deben ser «espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué espera de nosotros, a qué conversiones nos llama». «Cuando atendemos estos espacios, entonces el culto se convierte en vida y entre las personas surgen lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad», dejó caer sobre ese vínculo entre el altar y la acción social en el que tanto hizo hincapié el domingo en la misa del Corpus Chirsti.. Sobre hombros de los curas de Madrid también puso otro reto: «Sin apartaros de lo esencial, el hecho de deteneros regularmente con vuestro pueblo para interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio enriquecerá y consolará vuestro ministerio». O, dicho en otras palabras, ser capaces de avistar cuáles son las heridas que hay en las calles y plazas de sus vecinos más allá del dintel de la sacristía.A la par, les alertó del riesgo de convertirse en funcionarios de lo divino, convencido de que, cuando reducimos la vida eclesial a una rutina en la que cada uno permanece encerrado en sus hábitos y en su papel, lo que nos falta es el Espíritu.. En un nuevo guiño a su identificación pastoral con Bergoglio, planteó a su auditorio a cielo abierto a hacer vida la «alegría del Evangelio» que abanderaba la primera exhortación apostólica del Pontífice argentino: Evangelii gaudium: «Vuestra alegría será contagiosa si, de ser una emoción pasajera, se convierte en un modo estable de ser, en un sentimiento profundo que renueva a las personas, a los grupos y a la comunidad diocesana». En este contexto, planteó el recuperar un principio que parece haberse diluido en medio de un ambiente de crispación generalizada: la cordialidad: «Hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza». Y es que el Papa es un convenido de que «para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera».. Por ello se mostró convencido que «la presencia de la Iglesia en una gran ciudad es una parábola de este misterio de salvación», capaz de acoger «tradiciones y almas diferentes». «Juntos, como Iglesia diocesana, podéis ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad», deseó el Papa matemático y canonista, que una vez más encomendó a los fieles presentes a santa Teresa de Jesús: «¡Nada os turbe, nada os espante!».
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