La malagueña Ángela González lanzó el año pasado el disco «La recena», nueve temas de pop optimista que la han convertido en una de las revelaciones de la canción de autor actual y la han llevado a actuar en múltiples festivales tanto en España (Sonorama, Noches del Botánico) como en América (Uruguay y México). Ya tiene compuestas las canciones que conformarán su segundo álbum, que llevará por título «Ya no es tan gracioso» y cuya fecha de publicación está aún por concretar, y para el que ha contado con Carlos «Avatar» Manzanares, productor habitual de El Kanka, un músico al que admira. Pero entonces, le digo, ¿cantautora o cantante pop? «No sabría decirte –responde, y se toma unos segundos de reflexión–. A ver. Lo que sé es que soy cantautora cien por cien, porque escribo mis canciones. No sé si pop, aunque supongo que sí, porque la música que hago es bastante fácil de digerir. Al final, el pop es eso, música popular, que llega a bastante gente. Yo creo que mi música, como es fácil, es fácil que llegue, pero no sé si estoy dentro del pop. Yo solo hago canciones, y ya está. Cierto es que no hablo de temas, entre comillas, importantes, que no hago crítica social ni canción protesta, porque eso nunca me ha movido a la hora de componer. Siempre hay cosas que reivindicar, pero creo que hay también mucho de reivindicativo en hacer lo que te apetece y ser honesto contigo mismo. Yo no pensaba que me iba a dedicar a la música, ni siquiera que iba a intentarlo. Entonces, claro, nunca he tenido como meta enviar un mensaje, simplemente voy haciendo canciones».. ¿Y cómo entró en la música, por simple afición? «Fue un poco azaroso. Mi madre siempre había pensado que yo estudiase algo de música. Bueno, ella quería que tocara la guitarra para verbenas en las moragas, ahí en la playa, ja, ja. Y una semana antes de elegir instrumento, cuando ya había hecho la prueba, nos dijeron que me iban a salir callos en los dedos de tocar la guitarra y entonces dije, ah, no, no, y me puse con el piano. Luego me metí en Psicología, he hecho diseño y ahora estoy trabajando en otras cosas. Me ha costado ser constante, no sabía lo que quería. Es verdad –prosigue– que empecé a componer con 16 años porque mi tío había hecho Magisterio con Vanesa Martín y me dijo que yo podría empezar a componer. Pero todo fue viniendo poco a poco. Mi referente absoluto siempre ha sido Mundo Chillón, que es un cantautor que se autogestiona y que toca en salas pequeñas. Yo estuve tres años autogestionándome; contactaba con las salas y hacía el trabajo que hacía Pedro, el cantautor este. Pero luego vi que no me daba dinero y lo dejé, y empecé a trabajar en “marketing”. Y a los dos o tres días de ponerme a trabajar me escribió Alfonso, de la agencia de “management” Sideral, el que hoy es mi mánager, que ya me había contactado cinco años atrás para decirme que me quería representar y le dije que no, pero esa segunda vez acepté, y fue un acierto».. Ángela se muestra muy agradecida con la buena acogida de su trabajo: «Nunca he tenido una expectativa superalta con la música –confiesa–, todo lo que me está viniendo es como un regalo. La reacción con mi primer trabajo ha sido una gratísima sorpresa porque es un disco superpequeño que grabé en mi antigua casa. Nada que ver con el que estoy haciendo ahora, que va a sonar increíble porque se está grabando en un estudio profesional. Ya estoy consiguiendo mucho más de lo que pensaba que iba a conseguir nunca, son cosas con las que ni siquiera había soñado. Cuando la gente me dice que la música es muy dura, yo les digo que duro es trabajar en la obra. La música es, como mucho, sacrificada, pero te estás sacrificando porque el beneficio que obtienes es muchísimo mayor. Fliparía si esto fuera para siempre, la verdad. Pero si no, pues no pasa nada. También sería feliz de otra forma, lo he sido en otros trabajos. Es cuestión de perspectivas».. Un crimen contra Chopin. Estudió muchos años en el conservatorio, el cual abandonó cuando lo llevaba muy avanzado, en tercero superior, y su visión de esa institución es ambivalente. ¿Cuánto le ha ayudado saber música a la hora de componer? Porque casi todos los cantautores son autodidactas: «Creo que ayuda, pero que tampoco es realmente indispensable. O sea, con YouTube creo que se aprende mucho también, o con libros, o simplemente escuchando y estando pendiente de la gente. Sí que es cierto que la técnica que te da el conservatorio es genial, pero los traumas son mayores. O sea, un niño no está preparado para los mensajes que te dan en el conservatorio. Igual de mayor lo piensas y lo procesas de otra manera. Hay una especie de elitismo y una obsesión por el perfeccionismo que luego no es realista. Porque cuando te subes a un escenario es que es música, no es tan importante. Es decir, es lo más importante y a la vez no. Porque a Chopin no le va a pasar nada porque tú falles una nota y parece que estás cometiendo un crimen, cuando la música es mucho más que eso. Yo noto eso en la escuela en la que estoy dando clase, cuando viene un alumno que ha pasado por el conservatorio y otro que no, porque tienes unos sesgos y unos miedos… Y, sobre todo, te vas a las audiciones y ves a los alumnos tocando y dices “cómo les tiemblan las manos, ¡pero que están tocando el piano!”. De todas formas –prosigue–, creo que las cosas están cambiando porque entra gente con otra amplitud de miras diferente a la de quienes llevan toda la vida allí. También creo, e igual me estoy metiendo en un berenjenal, que hay mucho frustrado en el conservatorio. Muchos profesores a los que les habría gustado ser eso para lo que te preparan, que es concertista. Claro, procesar que te has tirado 14 años estudiando para que tu único contacto con la música sea dar clase… Pues tiene que ser triste, la verdad, y difícil de digerir».. Frente a esa parte áspera que señala, también tuvo su lado grato: «Tenía profesores increíbles. Siempre me ha interesado mucho el jazz, el acompañamiento, entonces, con los profesores que se salían un poco de lo clásico, nos retroalimentábamos mucho. Al final, pasas tantas horas allí que tus amigos son los del conservatorio. Pero la gente es superguay. Te entiendes con ellos y ellos te entienden a ti. Te creas un lenguaje», concluye.. CUANDO (CASI) TODO ERA GRACIOSO. Por Javier Menéndez Flores. Ángela no ha conocido nunca un cielo con diamantes. O tal vez sí, pero el suyo sería fruto de la sobriedad bien digerida aunque las recenas le salgan más opulentas que cualquier banquete de boda. Es lo que tienen el amor y, sobre todo, el deseo, que actúan como ese escape de gas que te mata ineluctablemente al tiempo que sonríes. Y ahí va ella, subida a una estela de quizás; aferrada muy fuerte a la primavera, que jamás se muestra esquiva con quien se arroja a la vida de cabeza y sin casco. Y allá va ella, sí, a la búsqueda de una canción de verdad desde lo que cree que es un corazón talla XS al que, si se descuida, llega el viento, ese canalla, y se lo roba.. Tenemos nueva chica en la oficina y se llama Ángela. Pero resulta que entre el mail urgentísimo y la fotocopia número mil, ha echado a volar sin despegar los pies del suelo. Y mientras le entrega unos documentos a su jefe y le mira a los ojos sin verle, está escribiendo una canción que puede que logre erizarle la piel a algún desconocido tanto como se la eriza a ella. Cuando entra en ti la droga de la creación, ese veneno sin antídoto, no puedes prever en qué momento te visitarán las musas o, en su caso, los musos. Y entonces hay que dejar todo lo que uno tenga entre las manos y agarrar ese bendito aire por el cuello.. Muy atrás en el retrovisor, en Las Flores, Ciudad Jardín, el dinero daba justito para llegar a fin de mes, pero el conservatorio te elevaba y te otorgaba cierto aire de marquesa. Solo que hay placeres que acaban doliendo, mucho, incluso, y te marchaste como se marchan las damas, sin dar portazo pero con la cabeza bien alta. Y en tu etapa de crecimiento descubriste que Madrid es la chistera sin fin de un mago; que de ella es posible extraer la soledad y la compañía anheladas. Y eso no te lo da, ni de coña, cualquier otro sitio, y menos aún cualquier ciudad en la que los coches y las prisas son balas que uno debe esquivar cada tres pasos.. El Kanka y Antílopez tienen ese sabor que siempre has buscado, como de guiso familiar o sabrosa tarta casera. Y «El poder del arte» es una centrifugadora en el estómago de los recuerdos y Silvana Estrada posee el don de penetrar en ti como el cuerpo de un niño en el agua virgen de un río. Y «The call» (Regina Spektor) y «Lately» (Stevie Wonder) son islas en las que perderse y encontrarse. Pero no hay nada que supere a aquel niño de Aute que miraba el mar y al que Luis Eduardo, a su vez, contemplaba como quien se observa en un espejo: cada uno con sus 400 golpes, con sus cicatrices distintas y tan iguales, hermosísimos en la desolación de lo imposible.. Anda, Ángela, dile a Bea que suelte la guitarra un rato y que, sentada al piano, toque esa canción tan redonda una y otra vez. Y si Andrés y Angie pasan por allí, que se sumen a la fiesta aunque sea desde la barrera. Puedes deshojar cuantas margaritas quieras, pero si haces inventario de todo lo que has hecho, concluirás que esta década será difícil de superar. Pero un movimiento ahí dentro y unas voces ahí fuera te dicen que te equivocas, que lo mejor está por llegar. Ay, amor, qué ilusión me hace vivir.
La artista malagueña ultima su segundo disco de estudio tras la buena acogida de su ópera prima, ‘La recena’, mientras ofrece conciertos por todo el país
La malagueña Ángela González lanzó el año pasado el disco «La recena», nueve temas de pop optimista que la han convertido en una de las revelaciones de la canción de autor actual y la han llevado a actuar en múltiples festivales tanto en España (Sonorama, Noches del Botánico) como en América (Uruguay y México). Ya tiene compuestas las canciones que conformarán su segundo álbum, que llevará por título «Ya no es tan gracioso» y cuya fecha de publicación está aún por concretar, y para el que ha contado con Carlos «Avatar» Manzanares, productor habitual de El Kanka, un músico al que admira. Pero entonces, le digo, ¿cantautora o cantante pop? «No sabría decirte –responde, y se toma unos segundos de reflexión–. A ver. Lo que sé es que soy cantautora cien por cien, porque escribo mis canciones. No sé si pop, aunque supongo que sí, porque la música que hago es bastante fácil de digerir. Al final, el pop es eso, música popular, que llega a bastante gente. Yo creo que mi música, como es fácil, es fácil que llegue, pero no sé si estoy dentro del pop. Yo solo hago canciones, y ya está. Cierto es que no hablo de temas, entre comillas, importantes, que no hago crítica social ni canción protesta, porque eso nunca me ha movido a la hora de componer. Siempre hay cosas que reivindicar, pero creo que hay también mucho de reivindicativo en hacer lo que te apetece y ser honesto contigo mismo. Yo no pensaba que me iba a dedicar a la música, ni siquiera que iba a intentarlo. Entonces, claro, nunca he tenido como meta enviar un mensaje, simplemente voy haciendo canciones».. ¿Y cómo entró en la música, por simple afición? «Fue un poco azaroso. Mi madre siempre había pensado que yo estudiase algo de música. Bueno, ella quería que tocara la guitarra para verbenas en las moragas, ahí en la playa, ja, ja. Y una semana antes de elegir instrumento, cuando ya había hecho la prueba, nos dijeron que me iban a salir callos en los dedos de tocar la guitarra y entonces dije, ah, no, no, y me puse con el piano. Luego me metí en Psicología, he hecho diseño y ahora estoy trabajando en otras cosas. Me ha costado ser constante, no sabía lo que quería. Es verdad –prosigue– que empecé a componer con 16 años porque mi tío había hecho Magisterio con Vanesa Martín y me dijo que yo podría empezar a componer. Pero todo fue viniendo poco a poco. Mi referente absoluto siempre ha sido Mundo Chillón, que es un cantautor que se autogestiona y que toca en salas pequeñas. Yo estuve tres años autogestionándome; contactaba con las salas y hacía el trabajo que hacía Pedro, el cantautor este. Pero luego vi que no me daba dinero y lo dejé, y empecé a trabajar en “marketing”. Y a los dos o tres días de ponerme a trabajar me escribió Alfonso, de la agencia de “management” Sideral, el que hoy es mi mánager, que ya me había contactado cinco años atrás para decirme que me quería representar y le dije que no, pero esa segunda vez acepté, y fue un acierto».. Ángela se muestra muy agradecida con la buena acogida de su trabajo: «Nunca he tenido una expectativa superalta con la música –confiesa–, todo lo que me está viniendo es como un regalo. La reacción con mi primer trabajo ha sido una gratísima sorpresa porque es un disco superpequeño que grabé en mi antigua casa. Nada que ver con el que estoy haciendo ahora, que va a sonar increíble porque se está grabando en un estudio profesional. Ya estoy consiguiendo mucho más de lo que pensaba que iba a conseguir nunca, son cosas con las que ni siquiera había soñado. Cuando la gente me dice que la música es muy dura, yo les digo que duro es trabajar en la obra. La música es, como mucho, sacrificada, pero te estás sacrificando porque el beneficio que obtienes es muchísimo mayor. Fliparía si esto fuera para siempre, la verdad. Pero si no, pues no pasa nada. También sería feliz de otra forma, lo he sido en otros trabajos. Es cuestión de perspectivas».. Un crimen contra Chopin. Estudió muchos años en el conservatorio, el cual abandonó cuando lo llevaba muy avanzado, en tercero superior, y su visión de esa institución es ambivalente. ¿Cuánto le ha ayudado saber música a la hora de componer? Porque casi todos los cantautores son autodidactas: «Creo que ayuda, pero que tampoco es realmente indispensable. O sea, con YouTube creo que se aprende mucho también, o con libros, o simplemente escuchando y estando pendiente de la gente. Sí que es cierto que la técnica que te da el conservatorio es genial, pero los traumas son mayores. O sea, un niño no está preparado para los mensajes que te dan en el conservatorio. Igual de mayor lo piensas y lo procesas de otra manera. Hay una especie de elitismo y una obsesión por el perfeccionismo que luego no es realista. Porque cuando te subes a un escenario es que es música, no es tan importante. Es decir, es lo más importante y a la vez no. Porque a Chopin no le va a pasar nada porque tú falles una nota y parece que estás cometiendo un crimen, cuando la música es mucho más que eso. Yo noto eso en la escuela en la que estoy dando clase, cuando viene un alumno que ha pasado por el conservatorio y otro que no, porque tienes unos sesgos y unos miedos… Y, sobre todo, te vas a las audiciones y ves a los alumnos tocando y dices “cómo les tiemblan las manos, ¡pero que están tocando el piano!”. De todas formas –prosigue–, creo que las cosas están cambiando porque entra gente con otra amplitud de miras diferente a la de quienes llevan toda la vida allí. También creo, e igual me estoy metiendo en un berenjenal, que hay mucho frustrado en el conservatorio. Muchos profesores a los que les habría gustado ser eso para lo que te preparan, que es concertista. Claro, procesar que te has tirado 14 años estudiando para que tu único contacto con la música sea dar clase… Pues tiene que ser triste, la verdad, y difícil de digerir».. Frente a esa parte áspera que señala, también tuvo su lado grato: «Tenía profesores increíbles. Siempre me ha interesado mucho el jazz, el acompañamiento, entonces, con los profesores que se salían un poco de lo clásico, nos retroalimentábamos mucho. Al final, pasas tantas horas allí que tus amigos son los del conservatorio. Pero la gente es superguay. Te entiendes con ellos y ellos te entienden a ti. Te creas un lenguaje», concluye.. CUANDO (CASI) TODO ERA GRACIOSO. Por Javier Menéndez Flores. Ángela no ha conocido nunca un cielo con diamantes. O tal vez sí, pero el suyo sería fruto de la sobriedad bien digerida aunque las recenas le salgan más opulentas que cualquier banquete de boda. Es lo que tienen el amor y, sobre todo, el deseo, que actúan como ese escape de gas que te mata ineluctablemente al tiempo que sonríes. Y ahí va ella, subida a una estela de quizás; aferrada muy fuerte a la primavera, que jamás se muestra esquiva con quien se arroja a la vida de cabeza y sin casco. Y allá va ella, sí, a la búsqueda de una canción de verdad desde lo que cree que es un corazón talla XS al que, si se descuida, llega el viento, ese canalla, y se lo roba.. Tenemos nueva chica en la oficina y se llama Ángela. Pero resulta que entre el mail urgentísimo y la fotocopia número mil, ha echado a volar sin despegar los pies del suelo. Y mientras le entrega unos documentos a su jefe y le mira a los ojos sin verle, está escribiendo una canción que puede que logre erizarle la piel a algún desconocido tanto como se la eriza a ella. Cuando entra en ti la droga de la creación, ese veneno sin antídoto, no puedes prever en qué momento te visitarán las musas o, en su caso, los musos. Y entonces hay que dejar todo lo que uno tenga entre las manos y agarrar ese bendito aire por el cuello.. Muy atrás en el retrovisor, en Las Flores, Ciudad Jardín, el dinero daba justito para llegar a fin de mes, pero el conservatorio te elevaba y te otorgaba cierto aire de marquesa. Solo que hay placeres que acaban doliendo, mucho, incluso, y te marchaste como se marchan las damas, sin dar portazo pero con la cabeza bien alta. Y en tu etapa de crecimiento descubriste que Madrid es la chistera sin fin de un mago; que de ella es posible extraer la soledad y la compañía anheladas. Y eso no te lo da, ni de coña, cualquier otro sitio, y menos aún cualquier ciudad en la que los coches y las prisas son balas que uno debe esquivar cada tres pasos.. El Kanka y Antílopez tienen ese sabor que siempre has buscado, como de guiso familiar o sabrosa tarta casera. Y «El poder del arte» es una centrifugadora en el estómago de los recuerdos y Silvana Estrada posee el don de penetrar en ti como el cuerpo de un niño en el agua virgen de un río. Y «The call» (Regina Spektor) y «Lately» (Stevie Wonder) son islas en las que perderse y encontrarse. Pero no hay nada que supere a aquel niño de Aute que miraba el mar y al que Luis Eduardo, a su vez, contemplaba como quien se observa en un espejo: cada uno con sus 400 golpes, con sus cicatrices distintas y tan iguales, hermosísimos en la desolación de lo imposible.. Anda, Ángela, dile a Bea que suelte la guitarra un rato y que, sentada al piano, toque esa canción tan redonda una y otra vez. Y si Andrés y Angie pasan por allí, que se sumen a la fiesta aunque sea desde la barrera. Puedes deshojar cuantas margaritas quieras, pero si haces inventario de todo lo que has hecho, concluirás que esta década será difícil de superar. Pero un movimiento ahí dentro y unas voces ahí fuera te dicen que te equivocas, que lo mejor está por llegar. Ay, amor, qué ilusión me hace vivir.
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