Leí «Un año y tres meses» de Luis García Montero y el impacto emocional fue tal, que las lágrimas me brotaban sin control mientras, lápiz en mano, devoraba sus páginas. Qué sensibilidad. Qué manera más bella de decir te quiero. Una de las muchas lecciones que saqué de los poemas es que la ausencia es una forma de presencia. Y, a llorar, con un libro en la mano o sin él, se rompe. Acertado verbo, puesto que las lágrimas quiebran nuestro equilibrio, nuestra paz.. Acostumbrado como está mi hijo Joan, de diez años, a verme literalmente pegada a un ordenador y escribiendo, cuando observa que las lágrimas ruedan por mi rostro, busca respuestas. – Mamá, ¿lloras porque te duele el trabajo?. – No, amor mío, el trabajo, no; la vida y mucho. Solo a veces. Volviendo a las presencias y ausencias cuando, en calidad de periodista, acudo a cubrir las sesiones de la comisión que, en el seno del Ayuntamiento, investiga cómo se concedieron las viviendas de protección pública de la urbanización Les Naus de Alicante me entran ganas de llorar. En este caso, de rabia e impotencia.. Porque las sillas vacías de las personas -técnicos municipales y cargos políticos- que hasta la fecha no han tenido a bien comparecer para explicar su forma de obrar en relación a esa promoción de pisos me parece un insulto a los ciudadanos de Alicante, entre los que me incluyo. Y que tres funcionarios municipales no se presentaran ante la juez que instruye qué ocurrió es bochornoso. Ahora la notificación para que comparezcan se la entregará la Policía e irán al juzgado, el día 20 para ser exactos. Creo que no dar explicaciones hoy es hambre para mañana.. Pues eso, que, también en calidad de periodista, conocí a García Montero. Le dije que me llamaba Almudena y le di las gracias por su poesía. Por tanta belleza.
Las sillas vacías de las personas que no han tenido a bien comparecer para dar explicaciones sobre los pisos de Les Naus me parece un insulto a los alicantinos
Leí «Un año y tres meses» de Luis García Montero y el impacto emocional fue tal, que las lágrimas me brotaban sin control mientras, lápiz en mano, devoraba sus páginas. Qué sensibilidad. Qué manera más bella de decir te quiero. Una de las muchas lecciones que saqué de los poemas es que la ausencia es una forma de presencia. Y, a llorar, con un libro en la mano o sin él, se rompe. Acertado verbo, puesto que las lágrimas quiebran nuestro equilibrio, nuestra paz.. Acostumbrado como está mi hijo Joan, de diez años, a verme literalmente pegada a un ordenador y escribiendo, cuando observa que las lágrimas ruedan por mi rostro, busca respuestas. – Mamá, ¿lloras porque te duele el trabajo?. – No, amor mío, el trabajo, no; la vida y mucho. Solo a veces. Volviendo a las presencias y ausencias cuando, en calidad de periodista, acudo a cubrir las sesiones de la comisión que, en el seno del Ayuntamiento, investiga cómo se concedieron las viviendas de protección pública de la urbanización Les Naus de Alicante me entran ganas de llorar. En este caso, de rabia e impotencia.. Porque las sillas vacías de las personas -técnicos municipales y cargos políticos- que hasta la fecha no han tenido a bien comparecer para explicar su forma de obrar en relación a esa promoción de pisos me parece un insulto a los ciudadanos de Alicante, entre los que me incluyo. Y que tres funcionarios municipales no se presentaran ante la juez que instruye qué ocurrió es bochornoso. Ahora la notificación para que comparezcan se la entregará la Policía e irán al juzgado, el día 20 para ser exactos. Creo que no dar explicaciones hoy es hambre para mañana.. Pues eso, que, también en calidad de periodista, conocí a García Montero. Le dije que me llamaba Almudena y le di las gracias por su poesía. Por tanta belleza.
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