Nada como una imagen – o acción- disruptiva para, en milésimas de segundo, lograr que cale o, mejor dicho, impacte un mensaje en la población. Nada como observar los tractores desfilando al lado de los veleros del puerto deportivo de Alicante, en paralelo a la Explanada, para caer en la cuenta de qué algo pasa. De qué el campo se asfixia en una Comunitat y provincia que tiene en el sector primario uno de los pilares de su economía.. Por algo el sur de la provincia de Alicante, la comarca de la Vega Baja, se conoce como la huerta de Europa. Territorio fronterizo, se debate entre la Comunidad de Murcia y la Comunitat Valenciana, y se asemeja a Andalucía, a Almería. Sus alcachofas, tomates o cítricos surten las despensas de media Europa. Que, a lomos de sus tractores, agricultores de Orihuela, Dolores o Elche llegaran el jueves a Alicante para lanzar un grito de auxilio es toda una declaración de intenciones.. No tienen previsto quedarse de brazos cruzados ante lo que denominan la «política de puertas abiertas de la UE» hacia hortalizas, frutas y verduras de terceros países. «Si el campo no produce, la ciudad no come», avisan. Se quejan de la competencia desleal que para sus cultivos suponen, por ejemplo, los boniatos de Egipto y protestan por la falta de agua; porque los recortes del trasvase de agua de la cuenca del Tajo a la del Segura cercenan cualquier esperanza en una comarca atravesada por el río Segura.. La foto fija de los tractores al lado del mar es en sí misma bella; como también lo es la carga simbólica que encierra. El de unos agricultores que por amor a la tierra quieren seguir produciendo. Pues eso, que Alicante es mar, veleros, sol y alcachofas y habas. Y miel de azahar, hecha con la flor del naranjo; la que distingue a la Comunitat.
La foto fija de los tractores al lado del mar es en sí misma bella; como también lo es la carga simbólica que encierra
Nada como una imagen – o acción- disruptiva para, en milésimas de segundo, lograr que cale o, mejor dicho, impacte un mensaje en la población. Nada como observar los tractores desfilando al lado de los veleros del puerto deportivo de Alicante, en paralelo a la Explanada, para caer en la cuenta de qué algo pasa. De qué el campo se asfixia en una Comunitat y provincia que tiene en el sector primario uno de los pilares de su economía.. Por algo el sur de la provincia de Alicante, la comarca de la Vega Baja, se conoce como la huerta de Europa. Territorio fronterizo, se debate entre la Comunidad de Murcia y la Comunitat Valenciana, y se asemeja a Andalucía, a Almería. Sus alcachofas, tomates o cítricos surten las despensas de media Europa. Que, a lomos de sus tractores, agricultores de Orihuela, Dolores o Elche llegaran el jueves a Alicante para lanzar un grito de auxilio es toda una declaración de intenciones.. No tienen previsto quedarse de brazos cruzados ante lo que denominan la «política de puertas abiertas de la UE» hacia hortalizas, frutas y verduras de terceros países. «Si el campo no produce, la ciudad no come», avisan. Se quejan de la competencia desleal que para sus cultivos suponen, por ejemplo, los boniatos de Egipto y protestan por la falta de agua; porque los recortes del trasvase de agua de la cuenca del Tajo a la del Segura cercenan cualquier esperanza en una comarca atravesada por el río Segura.. La foto fija de los tractores al lado del mar es en sí misma bella; como también lo es la carga simbólica que encierra. El de unos agricultores que por amor a la tierra quieren seguir produciendo. Pues eso, que Alicante es mar, veleros, sol y alcachofas y habas. Y miel de azahar, hecha con la flor del naranjo; la que distingue a la Comunitat.
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