Hace mucho que no tengo abuela, pero podría comunicarme un día entero usando únicamente las frases que ella utilizaba y que venían de una mezcla de experiencia y sabiduría popular. Para decir que fulanito y menganita estaban saliendo decía que «hablaban» y si lo que pasaba era que no se llevaban bien, que no había «feeling», soltaba un contundente: «Estos dos no trillan». Si remoloneabas en la cama mucho después de sonar el despertador, te lanzaba: «Vas a hacer de pronto tarde», y sin duda, ese día no llegabas a tiempo a clase o al entrenamiento. Cuando hablaba de alguien que era bueno en lo suyo o que tenía talento para aquello a lo que se dedicaba, una de sus frases era: «Algo tiene el agua cuando la bendicen», que le va perfecta a Carlo Ancelotti. El italiano ya ni se enfada cuando escucha aquello de que es un buen «alineador», como se indignaba cuando conducía desde su casa hasta Valdebebas con la radio del coche encendida. La convención general era que sabía tener a los jugadores contentos, una virtud que en muchos momentos llegó a sonar como un descrédito. Vaya tela. En el Real Madrid, como en El Padrino, mejoró la segunda parte con respecto a la primera, y a esta Brasil, en poco tiempo, la ha colocado en la lista de grandes favoritas. Se ha metido al país en el bolsillo con las imágenes en las que se le ve cantando el himno como si hubiera nacido en el Mato Grosso, un detalle que puede parecer pequeño, pero que no lo es. Igual que la gestión que está haciendo con Neymar. Era un asunto nacional si iba a ir convocado, Ancelotti lo anunció en la lista en mitad de una gran ovación, ya lo ha hecho debutar, y su aparición ha motivado al resto, que creció soñando ser como él. Ha convencido al vestuario de que Vinicius es la estrella y que hay que ayudarlo a brillar. El jugador del Real Madrid ha respondido con un gol por partido, asistencias y hasta un remate de cabeza con los ojos cerrados. Es un súper crack, por mucho que se empeñen algunas tribunas del Bernabéu donde abundan las bolsas de Grefusa, y Ancelotti sabe sacar lo mejor de él. Con esa fórmula ganó el técnico dos Champions en el Madrid y ahora la está aplicando con Brasil. Parece fácil, pero de eso nada, y es que algo tiene Ancelotti cuando lo bendicen.
Ha convencido al vestuario de Brasil de que Vinicius es la estrella y hay que ayudarlo a brillar. Una fórmula que le dio dos Champions en el Real Madrid
Hace mucho que no tengo abuela, pero podría comunicarme un día entero usando únicamente las frases que ella utilizaba y que venían de una mezcla de experiencia y sabiduría popular. Para decir que fulanito y menganita estaban saliendo decía que «hablaban» y si lo que pasaba era que no se llevaban bien, que no había «feeling», soltaba un contundente: «Estos dos no trillan». Si remoloneabas en la cama mucho después de sonar el despertador, te lanzaba: «Vas a hacer de pronto tarde», y sin duda, ese día no llegabas a tiempo a clase o al entrenamiento.Cuando hablaba de alguien que era bueno en lo suyo o que tenía talento para aquello a lo que se dedicaba, una de sus frases era: «Algo tiene el agua cuando la bendicen», que le va perfecta a Carlo Ancelotti. El italiano ya ni se enfada cuando escucha aquello de que es un buen «alineador», como se indignaba cuando conducía desde su casa hasta Valdebebas con la radio del coche encendida. La convención general era que sabía tener a los jugadores contentos, una virtud que en muchos momentos llegó a sonar como un descrédito. Vaya tela.En el Real Madrid, como en El Padrino, mejoró la segunda parte con respecto a la primera, y a esta Brasil, en poco tiempo, la ha colocado en la lista de grandes favoritas. Se ha metido al país en el bolsillo con las imágenes en las que se le ve cantando el himno como si hubiera nacido en el Mato Grosso, un detalle que puede parecer pequeño, pero que no lo es. Igual que la gestión que está haciendo con Neymar. Era un asunto nacional si iba a ir convocado, Ancelotti lo anunció en la lista en mitad de una gran ovación, ya lo ha hecho debutar, y su aparición ha motivado al resto, que creció soñando ser como él.Ha convencido al vestuario de que Vinicius es la estrella y que hay que ayudarlo a brillar. El jugador del Real Madrid ha respondido con un gol por partido, asistencias y hasta un remate de cabeza con los ojos cerrados. Es un súper crack, por mucho que se empeñen algunas tribunas del Bernabéu donde abundan las bolsas de Grefusa, y Ancelotti sabe sacar lo mejor de él. Con esa fórmula ganó el técnico dos Champions en el Madrid y ahora la está aplicando con Brasil. Parece fácil, pero de eso nada, y es que algo tiene Ancelotti cuando lo bendicen.
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