Muchas veces los padres se dan cuenta de que su hijo está más nervioso de lo normal, le cuesta concentrarse o se aísla más. Ante esto, no siempre saben si es algo pasajero o si deben acudir a un profesional. Y la pregunta surge, casi inconscientemente: ¿será ansiedad? Para responder a estas dudas, Alejandro Martínez Rico (Córdoba, 33 años), psiquiatra nominado a mejor psiquiatra de España en 2024 —un premio otorgado por Doctoralia, directorio online de especialistas, en función de la puntuación de pacientes y otros compañeros—, publica su primer libro, Ansiedad, ¡déjame en paz! (Harper Collins, 2026), donde explica cómo identificarla y gestionarla con herramientas basadas en evidencia científica.. Seguir leyendo
Con casi medio millón de seguidores en Instagram, el también divulgador publica su primer libro. Con ‘Ansiedad, ¡déjame en paz!’ quiere enseñar a identificar y gestionar esta emoción con herramientas basadas en la ciencia
Muchas veces los padres se dan cuenta de que su hijo está más nervioso de lo normal, le cuesta concentrarse o se aísla más. Ante esto, no siempre saben si es algo pasajero o si deben acudir a un profesional. Y la pregunta surge, casi inconscientemente: ¿será ansiedad? Para responder a estas dudas, Alejandro Martínez Rico (Córdoba, 33 años), psiquiatra nominado a mejor psiquiatra de España en 2024 —un premio otorgado por Doctoralia, directorio online de especialistas, en función de la puntuación de pacientes y otros compañeros—, publica su primer libro, Ansiedad, ¡déjame en paz! (Harper Collins, 2026), donde explica cómo identificarla y gestionarla con herramientas basadas en evidencia científica.. En una sociedad en alerta constante, la ansiedad afecta también a los menores, según informa Martínez. “Es lógico que un niño esté nervioso antes de un examen o un partido”, señala, a la vez que alerta de que cuando hay cambios bruscos y sostenidos en el tiempo, hay que prestar atención. Martínez, que también es divulgador y cuenta con casi medio millón de seguidores en su perfil de Instagram, explica que la ansiedad suele reflejarse en tres áreas: el cuerpo (dolor de barriga, cefalea, náuseas sin causa médica), la conducta (irritabilidad, aislamiento o problemas de sueño) y el rendimiento (bajón inexplicable o rechazo de actividades). “Todas estas son señales que probablemente merezcan la pena atender”, añade.. PREGUNTA. ¿Qué es la ansiedad y qué deben observar los padres en el día a día del chaval?. RESPUESTA. La ansiedad es una emoción que nos dice que algo no funciona bien y lo que hay detrás en los niños y la adolescencia, muchas veces, es un problema escolar, de autoestima, de perfeccionismo, de autoexigencia, que tenemos que atender y en el que tenemos que poner el foco, porque muchas veces se manifiesta con ansiedad, pero también a veces solo es la punta del iceberg y detrás hay un problema más grave, como puede ser un trastorno, conducta alimentaria, ideas autolíticas, acoso escolar…. P. ¿Qué errores cometen los padres cuando intentan calmar la ansiedad de sus hijos?. R. Los errores más típicos siempre nacen normalmente de un amor muy grande, pero que no se enfoca bien, y suelen ser la hiperprotección y la invalidación emocional. Solemos caer en el “venga, que no pasa nada” o en el “tú puedes con todo”. Muchas veces esconde una propia intolerancia a reconocer el sufrimiento del padre ante algo tan doloroso como ver cómo su hijo lo pasa mal. Entonces tratamos de taponar ese dolor, y eso invalida el malestar del hijo. Otro error es evitar la fuente del miedo.. P. ¿Hasta qué punto la ansiedad infantil es heredada y cuánta se desarrolla por el entorno familiar y del propio estrés de los adultos?. R. Hay una parte genética, una vulnerabilidad biológica, pero el peso del entorno evidentemente es gigantesco. Los niños no solo heredan nuestro ADN, heredan nuestra forma de mirar el mundo. Yo siempre explico que los padres funcionan como regulador externo de los sistemas nerviosos de sus hijos. Si el termostato de los padres está roto, el del niño difícilmente se va a mantener estable. Una metáfora que a mí me encanta para entender mejor esto es: los genes cargan la pistola, pero el ambiente no tiene por qué apretar el gatillo. Por ejemplo, lo que más se contagia en una familia es el miedo. Padres e hijos que comparten miedo a la muerte, a la enfermedad, a la contaminación, a mancharse las manos… Y es que los progenitores nos tenemos que trabajar nuestros miedos para intentar no transmitirlos a nuestra prole.. Alejandro Martínez Rico, psiquiatra, posa con su primer libro, en el que habla de la ansiedad.. P. ¿Cómo explicarle a un niño qué es la ansiedad, ponerle nombre y hacerlo sin asustarle?. R. Depende de la edad. A veces no está preparado para ponerle nombre a lo que le pasa, así que se puede recurrir al juego o al dibujo: pedirle que represente lo que siente y, a partir de ahí, entender su estado emocional y ayudarle a expresarse. También se le puede explicar de forma sencilla: esa sensación en la barriga, el corazón acelerado o la dificultad para respirar es ansiedad, algo que nos pasa a todos cuando estamos preocupados o tenemos miedo, y no pasa nada. Para hacerlo más comprensible, se pueden usar metáforas, como la del detector de humo. La clave es enseñarle a calmarse y darle herramientas, como la respiración diafragmática —técnica profunda que utiliza el diafragma para maximizar la oxigenación y reducir el estrés—.. P. ¿Los padres están criando niños más vulnerables emocionalmente o más conscientes de lo que sienten?. R. Estamos en plena transición. Por un lado, tenemos niños cada vez más alfabetizados emocionalmente, que saben ponerle nombre a la tristeza o a la frustración mejor que generaciones previas. Pero, al mismo tiempo, a veces se confunde gestionar las emociones con no sentir nada. Algunos padres pueden caer en el error de amortiguar cualquier atisbo de malestar, privándoles a sus hijos de desarrollar la musculatura emocional necesaria para afrontar la vida. Dicho esto, también se han hecho avances maravillosos: que se hable cada vez más de las emociones en casa o que los padres reconozcan mejor las suyas propias. En salud mental y en crianza, si los padres nos trabajamos y nos cuidamos es la mejor forma de cuidar a los hijos.. View this post on Instagram. P. ¿Qué hábitos ayudan a prevenir la ansiedad en los más pequeños?. R. Hay hábitos que reducen el nivel de activación y mejoran la regulación en los niños. Los principales son horarios previsibles, buen descanso y suficiente actividad física, que actúa como un antídoto frente a la ansiedad. También es clave el tiempo de calidad con los padres, hablar de emociones en el día a día y fomentar una cultura familiar donde se pueda pedir ayuda sin vergüenza. En resumen, hábitos protectores y acompañamiento, especialmente ante miedos pequeños, de forma gradual.. P. Si un padre detecta ansiedad en su hijo, ¿cuál sería el primer paso práctico que recomienda?. R. Lo importante es acompañar más que solucionar. Ante el sufrimiento del hijo, la reacción instintiva es intentar apagar el problema, pero el niño necesita acompañamiento y validación. Sentarse con él, mirarle a los ojos, ponerse a su altura, abrazarle si lo permite y decirle: “Veo que lo estás pasando mal y estoy aquí contigo”. Ese es el primer paso. Si el problema es mayor, conviene animarle a pedir ayuda profesional, en un espacio donde se sienta cómodo y pueda hablar con libertad. Acompañarle en ese proceso facilita que todo empiece a ordenarse, porque muchas veces la ansiedad es solo la señal de algo más profundo.. P. En el libro propone un plan práctico de 10 días para hacer las paces con la ansiedad, ¿funciona también con niños?. R. El reto funciona muy bien para padres y adolescentes, pero con niños lo adaptaría a menos días y con un enfoque más lúdico. Empezaría, por ejemplo, pidiéndoles que dibujen cómo sienten la ansiedad: si es como un nudo en el estómago, una nube en la cabeza o qué color le pondrían. Después, les propondría ponerle nombre y convertirla en un personaje —Don Catástrofes o La radio del miedo, por ejemplo—, para que entiendan que la ansiedad no son ellos, sino algo que les ocurre. A partir de ahí, introduciría ejercicios sencillos y muy eficaces, como la respiración del globo (consiste en inhalar profundamente inflando el abdomen), el bote de las preocupaciones —para decidir cuándo preocuparse— o el juego del detective, que les ayuda a buscar pruebas reales frente a lo que dice el miedo. También funciona muy bien el semáforo emocional (dibujar un semáforo rojo, amarillo y verde. Cuando estoy rojo, estoy muy nervioso; en amarillo, estoy empezando a preocuparme; y en verde, estoy tranquilo) para aprender a detectar la ansiedad antes de que explote, y terminar con una escalera de valentía, avanzando poco a poco hacia aquello que les asusta. La idea es convertir la teoría en práctica y acompañar al niño paso a paso, recurriendo a ayuda profesional cuando sea necesario.
