Muchos son los bellos rincones españoles que bien merecen una visita, aunque sea una vez en la vida. Es el caso de la recomendación que hace la principal revista de viajes del mundo «National Geographic» para este mes de diciembre. La publicación se fija en una pequeña villa medieval, que sorprende por su belleza, y por la gran cantidad de románico que alberga.. Según destaca National Geographic, su relevancia histórica se debe a que fue «un centro de poder medieval», con fuero propio otorgado por Alfonso VIII y jurisdicción sobre decenas de aldeas vecinas. Aquella prosperidad atrajo comercio, riqueza y la posibilidad de levantar monumentos que hoy aún se mantienen en pie. Como detalla la revista, su aislamiento también ha contribuido a preservar su esencia arquitectónica.. Pese a contar con poco más de 15 habitantes, el pueblo guarda uno de los legados medievales más poderosos de España, y además “National Geographic” lo define como uno de los “pueblos olvidados más atractivos” de nuestro país. Y es que su espectacularidad destaca sobre todo por la gran cantidad de monumentos románicos con los que cuenta, hasta el punto de ser considerada como la “Capital del Románico Soriano”.. La arquitectura románica supone una manera de construir dentro del estilo conocido como arte románico desarrollado en Europa, con sus características propias y su especial evolución a lo largo de más de dos siglos, que comprende desde principios del siglo XI hasta la mitad del siglo XIII. Esa misma arquitectura en España adquiere sus propias peculiaridades dejándose influir tanto por las modas que le llegan desde el exterior a través de Italia y Francia como por la tradición y recursos artísticos antiguos en la península ibérica.. Mientras en el siglo VIII se pudo sentir en la Europa cristiana occidental la restauración carolingia, la España cristiana siguió apegada a la cultura tradicional hispanorromana y goda, sin dejarse influir por los movimientos culturales europeos, hasta la llegada del románico.. La arquitectura románica se extendió en España en la mitad norte llegando hasta el río Tajo, en plena época de Reconquista y repoblación, en especial tras la conquista de Toledo (1085) que aseguró la paz al norte del Duero y favoreció en gran medida su desarrollo. Entró tempranamente en primer lugar por tierras catalanas de los condados de la Marca Hispánica donde desarrolló un primer románico y se extendió por el resto con la ayuda del Camino de Santiago y de los monasterios benedictinos.. Dejó su huella especialmente en edificios religiosos (catedrales, iglesias, monasterios, claustros, ermitas…) que son los que han llegado al siglo XXI mejor o peor conservados, pero se construyeron también en este estilo monumentos civiles correspondientes a su época, aunque de estos últimos se conservan bastantes menos (puentes, palacios) y militares (murallas como las de Ávila, castillos de Pedraza y Sepúlveda y torres). Tal esfuerzo constructor sólo puede entenderse como consecuencia de la pujanza de la sociedad de los reinos cristianos, capaces incluso de extraer recursos (pago de parias) de los divididos reinos taifas.. El románico se desarrolló tempranamente en los siglos X y XI, antes de la influencia de Cluny, en los Pirineos catalanes y aragoneses, simultáneamente con el norte de Italia, en lo que se ha llamado «primer románico» o «románico lombardo». Fue un estilo muy primitivo, caracterizado por los muros gruesos, la falta de escultura y la presencia de ornamentación rítmica con arcos, tipificada en el conjunto de las iglesias románicas del Valle de Boí, con piezas tan singulares como San Juan de Boí, San Clemente de Tahull o Santa María de Taüll (las dos últimas consagradas en 1123), según señala Wikipedia.. Caracena. Pues la preciosa villa medieval que recomienda visitar en diciembre “National Geographic” es la soriana de Caracena. Este pueblo que sigue teniendo su encanto, fue un enclave estratégico en las guerras entre árabes y cristianos. Las «guerras fronterizas entre árabes y cristianos» se refieren principalmente a dos grandes conflictos: las “Guerras de la Reconquista” en la península ibérica, donde los reinos cristianos lucharon contra los reinos y califatos musulmanes desde el siglo VIII hasta el siglo XV para recuperar el territorio, y las “Cruzadas”, una serie de campañas militares cristianas, iniciadas en el siglo XI, con el objetivo de recuperar Tierra Santa del control musulmán y que llevaron a enfrentamientos entre el mundo islámico y la Europa cristiana. La denominada “Capital del Románico Soriano”, es el lugar perfecto para respirar arte y naturaleza.. Sus pintorescas y tranquilas calles invitan a transitar sin prisa en busca de rincones de singular belleza plagados de historia y leyendas. Los primeros moradores de lo que actualmente es la tierra de Caracena, se pueden encontrar en un paraje cercano denominado «Los Tolmos» en un periodo comprendido entre los años 1500 a. C. y 1200 a. C. encontrando asentamientos de carácter temporal tanto al aire libre como en las cuevas naturales existentes en la zona.. Una de las tribus celtíberas que se asentó en la zona fue la tribu de los arévacos, de los que pudo surgir el nombre de Caracena. Otro de los posibles orígenes vendría por un posible asentamiento de los antiguos habitantes de lo que actualmente se conoce como sierra de Cazorla.. En tiempos del Imperio Romano el término de la actual localidad de Caracena era parte integrante del municipio de Tiermes, en el conventus Cluniensis (Tarraconense) ciudad de origen arévaco que fue sometida a Roma por el procónsul Tito Didio durante su proconsulado en la Hispania Citerior (97-93 a. C.) y que atesora varios restos arqueológicos de su pasado romano, según señala Wikipedia.. Una de las primeras noticias que se tienen, llega en el año 912. Esta zona al sur del Duero es un lugar donde se suceden diferentes batallas. Con el fin de asentar esta franja de terreno, el conde de Castilla Gonzalo Fernández de Burgos intenta repoblar la zona. Además de construir una pequeña fortaleza que en el año 939 se fortificaría de nuevo.. De los primeros escritos que se pueden encontrar en los cuales aparecería Caracena provendría del califato de Abderramán III (Primer califa) que tras perder la batalla de Simancas (año 939) huye de la contienda y toma como camino de huida, el camino de Caracena (en aquellos años llamada Al-handega) hacia Tarancueña.. Durante el califato de Hisham II (976-1009) Almanzor monta una base permanente en lo que hoy es Caracena. Sabedor de la importancia estratégica de esta zona, en su camino hacia Atienza, decide montar una plaza fija, con soldados y personas que cultivasen la tierra, además de reforzar la fortaleza – año 981 (en el lugar donde se encuentra hoy el castillo) y fortificar con murallas la zona.. En el año 1061 se produce la toma definitiva de la plaza y castillo de Caracena por parte de las tropas de Fernando I, rey de Castilla, León y Galicia. De aquí surge la leyenda del nombre de Caracena pues la conquista del castillo se produjo durante la cena; estando los habitantes del castillo en una especie de fiesta por todo lo alto. El bando cristiano entró sin demasiada dificultad y tomó el castillo rindiendo así la plaza.. Y así se llega al siglo XII auténtico siglo de esplendor en el cual más de treinta aldeas (sexmo de Caracena) pertenecían a la comunidad de villa y tierra de Caracena de la Extremadura castellana. Parece ser que Alfonso VII valoraba la importancia de este lugar, pues solo dos años después, el 16 de septiembre de 1138, lo recuperó para la corona a cambio de la villa de Serón. Volvió Caracena a formar parte de las tierras de la diócesis de Sigüenza en 1140, y nuevamente Alfonso VII, en 1146, gestionó el canje de la villa contra entrega de las salinas de Santiuste y otras propiedades reales.. En 1492 los Reyes Católicos hicieron merced a Alfonso Carrillo de Acuña del señorío de las villas de Caracena e Ines para recompensarle por el préstamo de dieciséis millones de maravedíes dado con motivo de la Guerra de Granada que había comenzado en 1482.. El 10 de septiembre de 1607 Felipe III convirtió el señorío en Marquesado, entregándole dicho título nobiliario a Luis Carrillo de Toledo, virrey del Reino de Valencia, cargo desde el que supervisó la expulsión de los moriscos en 1609. A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituyó en municipio constitucional en la región de Castilla la Vieja, partido de El Burgo de Osma que en el censo de 1842 contaba con 37 hogares y 146 vecinos.. En la actualidad solo viven 14 personas y está situado en la margen izquierda del río Caracena o Adante, a unos 30 kilómetros al sur de El Burgo de Osma. Limita al sur con las localidades de Tarancueña, Cañicera y Valderromán, al oeste con la Hoz de Arriba y la Hoz de Abajo, al norte con el municipio de Carrascosa de Abajo y al este con el despoblado de Pozuelo, y las localidades de La Perera y Madruédano.. Atractivos patrimoniales. A pesar de su pequeño tamaño, este pueblo atesora joyas de un gran valor histórico y cultural, construcciones medievales, entre las que destacan:. Castillo. El castillo de Caracena está situado sobre un cerro desde el que se domina la localidad y el paso del río entre los cortados y cañones que forman el Barranco de los Pilones y el de las Gargantas; ambos llevan sus aguas estacionales al río Caracena.. La fortaleza se construyó en mampostería protegido por una muralla que recorre el altozano entre las barranqueras. Tiene un doble recinto fortificado y foso; la cerca cuenta con cubos de refuerzo, aljibes y garitas voladas. El acceso se hace a través de un paso quebrado. La planta es cuadrangular con la torre del homenaje situada en el ángulo sur.. Este primitivo castillo estuvo activo en el siglo XV durante los enfrentamientos mantenidos entre los Reyes Católicos y el señor de la villa, Juan de Tovar. En nombre de aquellos, su leal don Pedro de Acuña, conde de Buendía, rindió la fortaleza y la confiscó. Su propietario y señor de Caracena, Francisco de Tovar, se vio obligado a demolerla.. En 1491, Alfonso Carrillo de Acuña, sobrino del arzobispo de Toledo, obtiene el señorío de Caracena y procede a la reedificación del castillo siguiendo las pautas constructivas de una época en la que se había generalizado el uso de la artillería, por lo que habían sido concebidas tanto para la mejor defensa frente a las armas de fuego como para su más eficaz empleo desde el interior. A ello responden las troneras que salpican los muros castelares.. Iglesia de Santa María de la Asunción. Es un templo románico, del siglo XII que destaca por su torre de origen defensivo de época musulmana y la mezcla de elementos decorativos románicos y islámicos, como las celosías y la decoración de sus portadas y ábside. La torre, de planta cuadrada y de origen bereber (siglo X), formaba parte de las fortificaciones de la frontera entre los reinos cristianos y musulmanes. A pesar de ser un edificio románico, conserva interesantes elementos de origen islámico, como algunas de sus celosías y la decoración de sus portadas y ábside.. Posee dos portadas, una al norte (ciegada y más rica) y otra al sur (la principal). Ambas muestran decoraciones con arquivoltas y motivos como el taqueado jaqués. Las ventanas del templo, algunas de las cuales están rotas y reformadas, conservan parcialmente las celosías de piedra calada, de una belleza y pureza técnica notables, con diseños de gran sabor árabe. El ábside, de forma semicircular, está decorado con una ventana que cuenta con columnas y capiteles con motivos vegetales y animales, y una arquivolta con decoración de trenzas o cordones.. Iglesia de San Pedro Apóstol. Este bellísimo templo se localiza en un extremo de la parte más alta de la villa de Caracena, camino del Castillo. Es uno de los más importantes del románico soriano ya que destaca sobre todo por su galería porticada y las esculturas de sus capiteles y canecillos. La iglesia fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional en 1935.. Su construcción comenzó en el siglo XII, siendo un templo de nave única. La cabecera está formada por un ábside semicircular, decorado con canecillos esculpidos que nos muestran escenas de caza, cabezas de animales y motivos vegetales.. Posteriormente ya bien avanzado el siglo XII se adosó al muro sur la bella galería porticada, que no pasa desapercibida, dándole prestancia al templo. Sin duda es el elemento más característico y está formada por siete arcos apoyados en columnas dobles, con capiteles esculpidos muy cuidadosamente que nos muestran un rico repertorio de animales fantásticos, escenas de luchas entre caballeros y la Resurrección de Cristo.. Llama especialmente la atención la columna torsa que hay en el arco de entrada, formada por fustes entrelazados, dando la ilusión óptica de que en realidad hay cuatro. El arco de entrada al porche está decorado con motivos entrelazados y la cornisa que apoya el tejado está compuesta por una serie de 25 canecillos de variada temática figurativa.. Puente Medieval. Se llama Puente de Cantos y salva el río Caracena, comunicando los pueblos de ambas orillas del Duero. Con orígenes alto medievales, esta estructura ha sido reformada en varias ocasiones, siendo un elemento clave de la comunicación en la zona.. Rollo. El rollo o picota era el lugar donde se exponían a los reos o sus restos, tras ser ajusticiados. Contar con este elemento, distinguía a la población con el rango de villa ya que solo éstas contaban con jurisdición civil y criminal. Aunque fueron condenados a la demolición por un Decreto de las Cortes de Cádiz, muchos se salvaron al ser revocado por Fernando VII.. Yacimiento arqueológico de Los Tolmos. El yacimiento arqueológico de Los Tolmos se encuentra al sur de la localidad de Caracena, ocupando 4,9 hectáreas sobre las pendientes de un meandro del río, en el estrecho desfiladero en el que destacan dos pequeñas mesetas pétreas o tolmos que le dan el nombre. Las excavaciones arqueológicas realizadas han permitido reconocer asentamientos de la etapa media de la Edad del Bronce, época tardorromana y medieval.. Las características favorables del emplazamiento y la existencia de un poblamiento humano a lo largo de casi 4000 años, en el que destaca, por su antigüedad y tipología, el asentamiento estacional de gentes que levantaron y habitaron cabañas de entramado vegetal, realizaron fuegos al exterior y de las que se reconocen varias inhumaciones del Bronce Medio, datadas en la primera mitad del II milenio a. C., hacen de este uno de los yacimientos arqueológicos más señeros de la época reconocidos e investigados en el oriente de la Meseta Norte.
Se trata de uno de los pueblos con mayor patrimonio románico de España
Muchos son los bellos rincones españoles que bien merecen una visita, aunque sea una vez en la vida. Es el caso de la recomendación que hace la principal revista de viajes del mundo «National Geographic» para este mes de diciembre. La publicación se fija en una pequeña villa medieval, que sorprende por su belleza, y por la gran cantidad de románico que alberga.. Según destaca National Geographic, su relevancia histórica se debe a que fue «un centro de poder medieval», con fuero propio otorgado por Alfonso VIII y jurisdicción sobre decenas de aldeas vecinas. Aquella prosperidad atrajo comercio, riqueza y la posibilidad de levantar monumentos que hoy aún se mantienen en pie. Como detalla la revista, su aislamiento también ha contribuido a preservar su esencia arquitectónica.. Pese a contar con poco más de 15 habitantes, el pueblo guarda uno de los legados medievales más poderosos de España, y además “National Geographic” lo define como uno de los “pueblos olvidados más atractivos” de nuestro país. Y es que su espectacularidad destaca sobre todo por la gran cantidad de monumentos románicos con los que cuenta, hasta el punto de ser considerada como la “Capital del Románico Soriano”.. La arquitectura románica supone una manera de construir dentro del estilo conocido como arte románico desarrollado en Europa, con sus características propias y su especial evolución a lo largo de más de dos siglos, que comprende desde principios del siglo XI hasta la mitad del siglo XIII. Esa misma arquitectura en España adquiere sus propias peculiaridades dejándose influir tanto por las modas que le llegan desde el exterior a través de Italia y Francia como por la tradición y recursos artísticos antiguos en la península ibérica.. Mientras en el siglo VIII se pudo sentir en la Europa cristiana occidental la restauración carolingia, la España cristiana siguió apegada a la cultura tradicional hispanorromana y goda, sin dejarse influir por los movimientos culturales europeos, hasta la llegada del románico.. La arquitectura románica se extendió en España en la mitad norte llegando hasta el río Tajo, en plena época de Reconquista y repoblación, en especial tras la conquista de Toledo (1085) que aseguró la paz al norte del Duero y favoreció en gran medida su desarrollo. Entró tempranamente en primer lugar por tierras catalanas de los condados de la Marca Hispánica donde desarrolló un primer románico y se extendió por el resto con la ayuda del Camino de Santiago y de los monasterios benedictinos.. Dejó su huella especialmente en edificios religiosos (catedrales, iglesias, monasterios, claustros, ermitas…) que son los que han llegado al siglo XXI mejor o peor conservados, pero se construyeron también en este estilo monumentos civiles correspondientes a su época, aunque de estos últimos se conservan bastantes menos (puentes, palacios) y militares (murallas como las de Ávila, castillos de Pedraza y Sepúlveda y torres). Tal esfuerzo constructor sólo puede entenderse como consecuencia de la pujanza de la sociedad de los reinos cristianos, capaces incluso de extraer recursos (pago de parias) de los divididos reinos taifas.. El románico se desarrolló tempranamente en los siglos X y XI, antes de la influencia de Cluny, en los Pirineos catalanes y aragoneses, simultáneamente con el norte de Italia, en lo que se ha llamado «primer románico» o «románico lombardo». Fue un estilo muy primitivo, caracterizado por los muros gruesos, la falta de escultura y la presencia de ornamentación rítmica con arcos, tipificada en el conjunto de las iglesias románicas del Valle de Boí, con piezas tan singulares como San Juan de Boí, San Clemente de Tahull o Santa María de Taüll (las dos últimas consagradas en 1123), según señala Wikipedia.. Caracena. Pues la preciosa villa medieval que recomienda visitar en diciembre “National Geographic” es la soriana de Caracena. Este pueblo que sigue teniendo su encanto, fue un enclave estratégico en las guerras entre árabes y cristianos. Las «guerras fronterizas entre árabes y cristianos» se refieren principalmente a dos grandes conflictos: las “Guerras de la Reconquista” en la península ibérica, donde los reinos cristianos lucharon contra los reinos y califatos musulmanes desde el siglo VIII hasta el siglo XV para recuperar el territorio, y las “Cruzadas”, una serie de campañas militares cristianas, iniciadas en el siglo XI, con el objetivo de recuperar Tierra Santa del control musulmán y que llevaron a enfrentamientos entre el mundo islámico y la Europa cristiana. La denominada “Capital del Románico Soriano”, es el lugar perfecto para respirar arte y naturaleza.. Sus pintorescas y tranquilas calles invitan a transitar sin prisa en busca de rincones de singular belleza plagados de historia y leyendas. Los primeros moradores de lo que actualmente es la tierra de Caracena, se pueden encontrar en un paraje cercano denominado «Los Tolmos» en un periodo comprendido entre los años 1500 a. C. y 1200 a. C. encontrando asentamientos de carácter temporal tanto al aire libre como en las cuevas naturales existentes en la zona.. Una de las tribus celtíberas que se asentó en la zona fue la tribu de los arévacos, de los que pudo surgir el nombre de Caracena. Otro de los posibles orígenes vendría por un posible asentamiento de los antiguos habitantes de lo que actualmente se conoce como sierra de Cazorla.. En tiempos del Imperio Romano el término de la actual localidad de Caracena era parte integrante del municipio de Tiermes, en el conventus Cluniensis (Tarraconense) ciudad de origen arévaco que fue sometida a Roma por el procónsul Tito Didio durante su proconsulado en la Hispania Citerior (97-93 a. C.) y que atesora varios restos arqueológicos de su pasado romano, según señala Wikipedia.. Una de las primeras noticias que se tienen, llega en el año 912. Esta zona al sur del Duero es un lugar donde se suceden diferentes batallas. Con el fin de asentar esta franja de terreno, el conde de Castilla Gonzalo Fernández de Burgos intenta repoblar la zona. Además de construir una pequeña fortaleza que en el año 939 se fortificaría de nuevo.. De los primeros escritos que se pueden encontrar en los cuales aparecería Caracena provendría del califato de Abderramán III (Primer califa) que tras perder la batalla de Simancas (año 939) huye de la contienda y toma como camino de huida, el camino de Caracena (en aquellos años llamada Al-handega) hacia Tarancueña.. Durante el califato de Hisham II (976-1009) Almanzor monta una base permanente en lo que hoy es Caracena. Sabedor de la importancia estratégica de esta zona, en su camino hacia Atienza, decide montar una plaza fija, con soldados y personas que cultivasen la tierra, además de reforzar la fortaleza – año 981 (en el lugar donde se encuentra hoy el castillo) y fortificar con murallas la zona.. En el año 1061 se produce la toma definitiva de la plaza y castillo de Caracena por parte de las tropas de Fernando I, rey de Castilla, León y Galicia. De aquí surge la leyenda del nombre de Caracena pues la conquista del castillo se produjo durante la cena; estando los habitantes del castillo en una especie de fiesta por todo lo alto. El bando cristiano entró sin demasiada dificultad y tomó el castillo rindiendo así la plaza.. Y así se llega al siglo XII auténtico siglo de esplendor en el cual más de treinta aldeas (sexmo de Caracena) pertenecían a la comunidad de villa y tierra de Caracena de la Extremadura castellana. Parece ser que Alfonso VII valoraba la importancia de este lugar, pues solo dos años después, el 16 de septiembre de 1138, lo recuperó para la corona a cambio de la villa de Serón. Volvió Caracena a formar parte de las tierras de la diócesis de Sigüenza en 1140, y nuevamente Alfonso VII, en 1146, gestionó el canje de la villa contra entrega de las salinas de Santiuste y otras propiedades reales.. En 1492 los Reyes Católicos hicieron merced a Alfonso Carrillo de Acuña del señorío de las villas de Caracena e Ines para recompensarle por el préstamo de dieciséis millones de maravedíes dado con motivo de la Guerra de Granada que había comenzado en 1482.. El 10 de septiembre de 1607 Felipe III convirtió el señorío en Marquesado, entregándole dicho título nobiliario a Luis Carrillo de Toledo, virrey del Reino de Valencia, cargo desde el que supervisó la expulsión de los moriscos en 1609. A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituyó en municipio constitucional en la región de Castilla la Vieja, partido de El Burgo de Osma que en el censo de 1842 contaba con 37 hogares y 146 vecinos.. En la actualidad solo viven 14 personas y está situado en la margen izquierda del río Caracena o Adante, a unos 30 kilómetros al sur de El Burgo de Osma. Limita al sur con las localidades de Tarancueña, Cañicera y Valderromán, al oeste con la Hoz de Arriba y la Hoz de Abajo, al norte con el municipio de Carrascosa de Abajo y al este con el despoblado de Pozuelo, y las localidades de La Perera y Madruédano.. Atractivos patrimoniales. A pesar de su pequeño tamaño, este pueblo atesora joyas de un gran valor histórico y cultural, construcciones medievales, entre las que destacan:. Castillo. El castillo de Caracena está situado sobre un cerro desde el que se domina la localidad y el paso del río entre los cortados y cañones que forman el Barranco de los Pilones y el de las Gargantas; ambos llevan sus aguas estacionales al río Caracena.. La fortaleza se construyó en mampostería protegido por una muralla que recorre el altozano entre las barranqueras. Tiene un doble recinto fortificado y foso; la cerca cuenta con cubos de refuerzo, aljibes y garitas voladas. El acceso se hace a través de un paso quebrado. La planta es cuadrangular con la torre del homenaje situada en el ángulo sur.. Este primitivo castillo estuvo activo en el siglo XV durante los enfrentamientos mantenidos entre los Reyes Católicos y el señor de la villa, Juan de Tovar. En nombre de aquellos, su leal don Pedro de Acuña, conde de Buendía, rindió la fortaleza y la confiscó. Su propietario y señor de Caracena, Francisco de Tovar, se vio obligado a demolerla.. En 1491, Alfonso Carrillo de Acuña, sobrino del arzobispo de Toledo, obtiene el señorío de Caracena y procede a la reedificación del castillo siguiendo las pautas constructivas de una época en la que se había generalizado el uso de la artillería, por lo que habían sido concebidas tanto para la mejor defensa frente a las armas de fuego como para su más eficaz empleo desde el interior. A ello responden las troneras que salpican los muros castelares.. Iglesia de Santa María de la Asunción. Es un templo románico, del siglo XII que destaca por su torre de origen defensivo de época musulmana y la mezcla de elementos decorativos románicos y islámicos, como las celosías y la decoración de sus portadas y ábside. La torre, de planta cuadrada y de origen bereber (siglo X), formaba parte de las fortificaciones de la frontera entre los reinos cristianos y musulmanes. A pesar de ser un edificio románico, conserva interesantes elementos de origen islámico, como algunas de sus celosías y la decoración de sus portadas y ábside.. Posee dos portadas, una al norte (ciegada y más rica) y otra al sur (la principal). Ambas muestran decoraciones con arquivoltas y motivos como el taqueado jaqués. Las ventanas del templo, algunas de las cuales están rotas y reformadas, conservan parcialmente las celosías de piedra calada, de una belleza y pureza técnica notables, con diseños de gran sabor árabe. El ábside, de forma semicircular, está decorado con una ventana que cuenta con columnas y capiteles con motivos vegetales y animales, y una arquivolta con decoración de trenzas o cordones.. Iglesia de San Pedro Apóstol. Este bellísimo templo se localiza en un extremo de la parte más alta de la villa de Caracena, camino del Castillo. Es uno de los más importantes del románico soriano ya que destaca sobre todo por su galería porticada y las esculturas de sus capiteles y canecillos. La iglesia fue declarada Monumento Histórico Artístico Nacional en 1935.. Su construcción comenzó en el siglo XII, siendo un templo de nave única. La cabecera está formada por un ábside semicircular, decorado con canecillos esculpidos que nos muestran escenas de caza, cabezas de animales y motivos vegetales.. Posteriormente ya bien avanzado el siglo XII se adosó al muro sur la bella galería porticada, que no pasa desapercibida, dándole prestancia al templo. Sin duda es el elemento más característico y está formada por siete arcos apoyados en columnas dobles, con capiteles esculpidos muy cuidadosamente que nos muestran un rico repertorio de animales fantásticos, escenas de luchas entre caballeros y la Resurrección de Cristo.. Llama especialmente la atención la columna torsa que hay en el arco de entrada, formada por fustes entrelazados, dando la ilusión óptica de que en realidad hay cuatro. El arco de entrada al porche está decorado con motivos entrelazados y la cornisa que apoya el tejado está compuesta por una serie de 25 canecillos de variada temática figurativa.. Puente Medieval. Se llama Puente de Cantos y salva el río Caracena, comunicando los pueblos de ambas orillas del Duero. Con orígenes alto medievales, esta estructura ha sido reformada en varias ocasiones, siendo un elemento clave de la comunicación en la zona.. Rollo. El rollo o picota era el lugar donde se exponían a los reos o sus restos, tras ser ajusticiados. Contar con este elemento, distinguía a la población con el rango de villa ya que solo éstas contaban con jurisdición civil y criminal. Aunque fueron condenados a la demolición por un Decreto de las Cortes de Cádiz, muchos se salvaron al ser revocado por Fernando VII.. Yacimiento arqueológico de Los Tolmos. El yacimiento arqueológico de Los Tolmos se encuentra al sur de la localidad de Caracena, ocupando 4,9 hectáreas sobre las pendientes de un meandro del río, en el estrecho desfiladero en el que destacan dos pequeñas mesetas pétreas o tolmos que le dan el nombre. Las excavaciones arqueológicas realizadas han permitido reconocer asentamientos de la etapa media de la Edad del Bronce, época tardorromana y medieval.. Las características favorables del emplazamiento y la existencia de un poblamiento humano a lo largo de casi 4000 años, en el que destaca, por su antigüedad y tipología, el asentamiento estacional de gentes que levantaron y habitaron cabañas de entramado vegetal, realizaron fuegos al exterior y de las que se reconocen varias inhumaciones del Bronce Medio, datadas en la primera mitad del II milenio a. C., hacen de este uno de los yacimientos arqueológicos más señeros de la época reconocidos e investigados en el oriente de la Meseta Norte.
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