En estos tiempos turbulentos y oscuros, nada mejor que una rumba con el sello íntimo y humildemente filosófico de Kiko Veneno. «Vivimos en la era de la angustia, del sufrimiento y de un mundo dislocado que parece que va para atrás. Basura espacial e inteligencia artificial son las mejores metáforas del presente», dice para hablar, por contraste, de la atmósfera cálida y orgánica de sus nuevas canciones. «He querido hacer un álbum alegre, luminoso, para contestar al retroceso que vivimos como Humanidad, a la infamia y a la crueldad del mundo», dice el músico sobre las canciones de «Precisamente» (Subterfuge), un trabajo –que se publica este viernes– que huele a mar y que hace sentir los rayos del sol. «Esto que nos pasa es una cosa tristísima, porque en el fondo sabemos que las personas, una por una, tienen buen corazón. Pero parece que haya que recordar la gente lo que nos hace humanos».. José María López Sanfeliu (Figueras, 1952) ha asumido, por fin, que es «un clásico». «Eso me ha costado bastantes conversaciones con mi mánager –Carlos Mariño–, que me lo decía constantemente y yo me resistía a darle la razón. ‘‘Déjame ya, hombre, que eso me hace viejo y parece que ya no tenga nada que decir’’, le decía yo. Pero ha logrado convencerme de que hay canciones de hace 50 años que las sigo cantando y a la gente le gustan mucho. Eso tiene valor, es cierto, y ya no me da vergüenza admitirlo», reconoce el autor de obras maestras como «Veneno», «Échate un cantecito» y «Está muy bien eso del cariño» y firmante de la universal «Volando voy» de «La leyenda del tiempo». Pero en los últimos tiempos Kiko ha grabado trabajos sobresalientes como «Sombrero roto» y «Hambre», discos de canción pop, incluso de producción vanguardista. Pero ahora, buscando ese calorcito, vuele a la rumba con «Precisamente» (Subterfuge), un trabajo producido por Bronquio y en el que logra conmover e incluso hacer reír con «Yo y mi mánager». «Es una de esas canciones que, si la oyes en un chiringuito, entras a tomarte algo –sonríe Kiko–. Habla de los tejemanejes, de las contradicciones de este negocio. Yo estoy contento con el tema y a Carlos le gusta mucho». En la canción, compuesta y grabada con Estopa, cantan: «Mi manager no quiere que fume crack / Dice que el crack soy yo / Mi manager dice que soy el mejor, / y que fumarse a sí mismo es el colmo del egoísmo». «No tiene moraleja ninguna –confirma Kiko para desmentir cualquier parecido con la realidad–. Es solamente una canción de humor». Y, además, la segunda sobre la temática de su trayectoria tras la mítica «Los mánagers», cuya turuta asoma al final del tema.. No «mendigar» con la música. A sus 74 años, cerca de la edad oficial de jubilación, no piensa en el tema: «Yo estudié en la universidad y no viví esa parte batalladora e ingrata de los músicos en furgonetas que tienen que bregar y pasar noches infames para construir algo. Se puede decir que fui un señorito en ese sentido. Cuando desapareció Veneno, que fue algo muy fugaz, malviví. Y lo que hice fue buscarme un trabajo porque nunca quise mendigar con mi música. Trabajé en una imprenta, de noche, con mi mujer. Puse un chiringuito en la playa, un bar en Conil, trabajé en ventas de cosas e incluso tenía un puesto en el jueves de Sevilla, de vendedor ambulante. Hasta que conseguí un empleo en la Diputación de Sevilla. Por eso, cuando me piden un consejo para los músicos que empiezan, les digo que no quieran vender su música a cualquier precio. Que si aman su música sean consecuentes con ella y no desesperen. Que no hagan concesiones por el dinero».. El hilo conductor de su nuevo disco es el amor. «El dinero no se puede amar. Se codicia, se desea, pero el dinero nunca te va a querer a ti y la primera condición del amor es que sea algo compartido. El dinero es una bacteria que solo quiere reproducirse. Pero el amor es, como la música, un puente de comunicación. Es la alegría de encontrarnos los unos a los otros y que los demás no sean gente con la que competir y a la que destrozar, sino nuestros iguales». Contra la basura espacial y la inteligencia… artificial.. «La IA me asquea». Nunca la ha cacharreado: «No la quiero en mi vida, ni cerca. La inteligencia artificial me da asco», dice Kiko Veneno sobre el ascenso imparable de una tecnología que, a su juicio, «uniformiza». «No quiero ni verla, igual que a Amazon. Están levantando, sin que nos demos cuenta o sin que lo podamos evitar, un armazón monopolístico. No existe la libra competencia». Y, cada vez, menos disidencia.
En «Precisamente», su nuevo álbum, vuelve a la rumba y reivindica el amor frente al retroceso de la humanidad
En estos tiempos turbulentos y oscuros, nada mejor que una rumba con el sello íntimo y humildemente filosófico de Kiko Veneno. «Vivimos en la era de la angustia, del sufrimiento y de un mundo dislocado que parece que va para atrás. Basura espacial e inteligencia artificial son las mejores metáforas del presente», dice para hablar, por contraste, de la atmósfera cálida y orgánica de sus nuevas canciones. «He querido hacer un álbum alegre, luminoso, para contestar al retroceso que vivimos como Humanidad, a la infamia y a la crueldad del mundo», dice el músico sobre las canciones de «Precisamente» (Subterfuge), un trabajo –que se publica este viernes– que huele a mar y que hace sentir los rayos del sol. «Esto que nos pasa es una cosa tristísima, porque en el fondo sabemos que las personas, una por una, tienen buen corazón. Pero parece que haya que recordar la gente lo que nos hace humanos».. José María López Sanfeliu (Figueras, 1952) ha asumido, por fin, que es «un clásico». «Eso me ha costado bastantes conversaciones con mi mánager –Carlos Mariño–, que me lo decía constantemente y yo me resistía a darle la razón. ‘‘Déjame ya, hombre, que eso me hace viejo y parece que ya no tenga nada que decir’’, le decía yo. Pero ha logrado convencerme de que hay canciones de hace 50 años que las sigo cantando y a la gente le gustan mucho. Eso tiene valor, es cierto, y ya no me da vergüenza admitirlo», reconoce el autor de obras maestras como «Veneno», «Échate un cantecito» y «Está muy bien eso del cariño» y firmante de la universal «Volando voy» de «La leyenda del tiempo». Pero en los últimos tiempos Kiko ha grabado trabajos sobresalientes como «Sombrero roto» y «Hambre», discos de canción pop, incluso de producción vanguardista. Pero ahora, buscando ese calorcito, vuele a la rumba con «Precisamente» (Subterfuge), un trabajo producido por Bronquio y en el que logra conmover e incluso hacer reír con «Yo y mi mánager». «Es una de esas canciones que, si la oyes en un chiringuito, entras a tomarte algo –sonríe Kiko–. Habla de los tejemanejes, de las contradicciones de este negocio. Yo estoy contento con el tema y a Carlos le gusta mucho». En la canción, compuesta y grabada con Estopa, cantan: «Mi manager no quiere que fume crack / Dice que el crack soy yo / Mi manager dice que soy el mejor, / y que fumarse a sí mismo es el colmo del egoísmo». «No tiene moraleja ninguna –confirma Kiko para desmentir cualquier parecido con la realidad–. Es solamente una canción de humor». Y, además, la segunda sobre la temática de su trayectoria tras la mítica «Los mánagers», cuya turuta asoma al final del tema.. No «mendigar» con la música. A sus 74 años, cerca de la edad oficial de jubilación, no piensa en el tema: «Yo estudié en la universidad y no viví esa parte batalladora e ingrata de los músicos en furgonetas que tienen que bregar y pasar noches infames para construir algo. Se puede decir que fui un señorito en ese sentido. Cuando desapareció Veneno, que fue algo muy fugaz, malviví. Y lo que hice fue buscarme un trabajo porque nunca quise mendigar con mi música. Trabajé en una imprenta, de noche, con mi mujer. Puse un chiringuito en la playa, un bar en Conil, trabajé en ventas de cosas e incluso tenía un puesto en el jueves de Sevilla, de vendedor ambulante. Hasta que conseguí un empleo en la Diputación de Sevilla. Por eso, cuando me piden un consejo para los músicos que empiezan, les digo que no quieran vender su música a cualquier precio. Que si aman su música sean consecuentes con ella y no desesperen. Que no hagan concesiones por el dinero».. El hilo conductor de su nuevo disco es el amor. «El dinero no se puede amar. Se codicia, se desea, pero el dinero nunca te va a querer a ti y la primera condición del amor es que sea algo compartido. El dinero es una bacteria que solo quiere reproducirse. Pero el amor es, como la música, un puente de comunicación. Es la alegría de encontrarnos los unos a los otros y que los demás no sean gente con la que competir y a la que destrozar, sino nuestros iguales». Contra la basura espacial y la inteligencia… artificial.. «La IA me asquea». Nunca la ha cacharreado: «No la quiero en mi vida, ni cerca. La inteligencia artificial me da asco», dice Kiko Veneno sobre el ascenso imparable de una tecnología que, a su juicio, «uniformiza». «No quiero ni verla, igual que a Amazon. Están levantando, sin que nos demos cuenta o sin que lo podamos evitar, un armazón monopolístico. No existe la libra competencia». Y, cada vez, menos disidencia.
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