La artista Kinlaw ejecuta la performance «Fall Risk», colgando en Nueva York, para denunciar la falta de acceso a la asistencia sanitaria
El 5 de noviembre de 1917 Harry Houdini realizó una espectacular acción en Times Square: suspendido cabeza debajo de una grúa a unos 18 metros de altura, consiguió liberarse de una camisa de fuerza ante una multitud de sorprendidos espectadores. Este ejercicio de escapismo –que duró diez minutos– ha sido el referente histórico empleado por la artista Kinlaw para ejecutar «Fall Risk» –la que está llamada a ser una de las performances de 2026–. A las 20:00 horas del pasado 13 de octubre, en plena Times Square, Kinlaw permaneció, durante treinta minutos, colgada de una grúa a 45 metros de altura. Su objetivo, en este caso, no era impactar con un truco de magia, sino convertir su prueba de supervivencia en un reivindicativo monumento público. ¿Qué condujo a la artista a ese momento? Como ella misma ha reconocido, «Fall Risk» nace de su experiencia personal al enfrentarse al sistema de seguros médicos de EE UU, y a las dificultades económicas que han condicionado el acceso a la asistencia sanitaria de sus padres –personas mayores con discapacidad–. El cuerpo de Kinlaw, pendiente en el vacío, y rodeado de ese paisaje amenazador de elevadas arquitecturas, pantallas gigantes, y el ruido horrísono del tráfico, se convierte en una «inscripción de vulnerabilidad» que reproduce la indefensión de tantas personas ante un sistema sanitario que dificulta los cuidados a quienes menos poseen.. A fin de abrirle paso a la fragilidad en medio del estruendo, la artista se valió de un micrófono para amplificar su respiración y las palabras que pronunciaba bajo la durísima presión física de la acción. La estrategia es tan lúcida como potente: ¿quién escucha la respiración del otro en un enclave de tamaña polución acústica como es Times Square? ¿Alguien entendería las palabras de socorro de cualquier persona que transita por tu lado en el gran epicentro del consumo mundial? Convertir la fragilidad en monumento es la única posibilidad con la que cuenta Kinlaw para que lo molecular pueda competir con lo desmesurado. Pero, en contra de lo que pudiera parecer, esta maniobra de la «performer» no conlleva una perversión de lo vulnerable por medio de su agigantamiento; por el contrario, elevar su cuerpo a 45 metros de altura para situarlo en el punto de fuga efímero de todas las miradas implica un aumento de su fragilidad, de la soledad y el olvido al que es sometido por un sistema deshumanizado.. ¿Es «Fall Risk» la performance en la que un artista ha quedado suspendido a mayor altura del suelo? La respuesta es no. En 1985, Stelarc llevó a cabo, en Copenhague, una de sus elevaciones más célebres: «City Suspension». En ella permaneció suspendido –en posición horizontal y cabeza abajo–, a 60 metros de altura, durante veinte minutos: se encontraba desnudo y con la única –y dolorosa– sujeción de unos ganchos introducidos en los pliegues de su piel. El objetivo de Stelarc no era sentir más su cuerpo, sino literalmente «suspenderlo», ponerlo entre paréntesis, dejarlo de padecer. El propósito de Kinlaw, en cambio, es que los cuerpos que parece que no importan y que no «pesan» adquieran relevancia y se transformen en la más grande realidad a contemplar.
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El 5 de noviembre de 1917 Harry Houdini realizó una espectacular acción en Times Square: suspendido cabeza debajo de una grúa a unos 18 metros de altura, consiguió liberarse de una camisa de fuerza ante una multitud de sorprendidos espectadores. Este ejercicio de escapismo –que duró diez minutos– ha sido el referente histórico empleado por la artista Kinlaw para ejecutar «Fall Risk» –la que está llamada a ser una de las performances de 2026–. A las 20:00 horas del pasado 13 de octubre, en plena Times Square, Kinlaw permaneció, durante treinta minutos, colgada de una grúa a 45 metros de altura. Su objetivo, en este caso, no era impactar con un truco de magia, sino convertir su prueba de supervivencia en un reivindicativo monumento público. ¿Qué condujo a la artista a ese momento? Como ella misma ha reconocido, «Fall Risk» nace de su experiencia personal al enfrentarse al sistema de seguros médicos de EE UU, y a las dificultades económicas que han condicionado el acceso a la asistencia sanitaria de sus padres –personas mayores con discapacidad–. El cuerpo de Kinlaw, pendiente en el vacío, y rodeado de ese paisaje amenazador de elevadas arquitecturas, pantallas gigantes, y el ruido horrísono del tráfico, se convierte en una «inscripción de vulnerabilidad» que reproduce la indefensión de tantas personas ante un sistema sanitario que dificulta los cuidados a quienes menos poseen.. A fin de abrirle paso a la fragilidad en medio del estruendo, la artista se valió de un micrófono para amplificar su respiración y las palabras que pronunciaba bajo la durísima presión física de la acción. La estrategia es tan lúcida como potente: ¿quién escucha la respiración del otro en un enclave de tamaña polución acústica como es Times Square? ¿Alguien entendería las palabras de socorro de cualquier persona que transita por tu lado en el gran epicentro del consumo mundial? Convertir la fragilidad en monumento es la única posibilidad con la que cuenta Kinlaw para que lo molecular pueda competir con lo desmesurado. Pero, en contra de lo que pudiera parecer, esta maniobra de la «performer» no conlleva una perversión de lo vulnerable por medio de su agigantamiento; por el contrario, elevar su cuerpo a 45 metros de altura para situarlo en el punto de fuga efímero de todas las miradas implica un aumento de su fragilidad, de la soledad y el olvido al que es sometido por un sistema deshumanizado.. ¿Es «Fall Risk» la performance en la que un artista ha quedado suspendido a mayor altura del suelo? La respuesta es no. En 1985, Stelarc llevó a cabo, en Copenhague, una de sus elevaciones más célebres: «City Suspension». En ella permaneció suspendido –en posición horizontal y cabeza abajo–, a 60 metros de altura, durante veinte minutos: se encontraba desnudo y con la única –y dolorosa– sujeción de unos ganchos introducidos en los pliegues de su piel. El objetivo de Stelarc no era sentir más su cuerpo, sino literalmente «suspenderlo», ponerlo entre paréntesis, dejarlo de padecer. El propósito de Kinlaw, en cambio, es que los cuerpos que parece que no importan y que no «pesan» adquieran relevancia y se transformen en la más grande realidad a contemplar.
