Su voz había cambiado. “Ahora hablo con una voz que no es mía, ya no tiene el mismo tono. Yo ahora no soy yo”, dijo a Maricarmen Abascal en una conversación con este periódico dos días antes de que fuera desahuciada.. Seguir leyendo
EL PAÍS pasó varios días con la mujer de 87 años antes de dos de los cuatro intentos de desalojo, uno en 2025 y otro hace dos semanas
Feed MRSS-S Noticias
Su voz había cambiado. “Ahora hablo con una voz que no es mía, ya no tiene el mismo tono. Yo ahora no soy yo”, dijo Maricarmen Abascal en una conversación con este periódico dos días antes de que fuera desahuciada.. Ese día, 21 de septiembre, recordó la primera vez que se sentó con EL PAÍS en el salón de su casa, llena de cajas hasta los topes de los recuerdos atesorados durante siete décadas. De la adolescencia a la adultez. “¿Tú me has visto a mí? Antes andaba y ahora no ando. Las piernas no me van, los brazos no me dan. Me tienen que sacar y meter de la cama”. Se sentía menos ella, más débil y cansada. Y tenía claro por qué su cuerpo ya no respondía como antes: “Estoy pagando los siete años de juicios por mi casa. Eso es lo que a mí me ha dado”. Esa era la enfermedad que no la dejaba dormir tranquila, el no saber, el runrún de que este desahucio, el cuarto intento, podría ser el definitivo. Lo fue.. Tan solo un año antes, en octubre de 2025, a las puertas de su primer intento de desalojo, esta misma mujer, a sus 87 años, contaba que daba 10.000 pasos todos los días por su barrio. “Me gusta pasear por los escaparates de la calle Narváez y por El Corte Inglés. Al Retiro solo me gusta ir cuando hay poca gente”, contaba orgullosa en el salón lleno de fotos de sus padres, figuritas de decoración y paredes de gotelé con grandes pinturas e ilustraciones.. En aquel momento, su voz estaba llena de energía y repetía una y otra vez que no se iba a ir de su casa. Su fe seguía intacta. Era la mujer empoderada y luchadora que había vivido en aquella vivienda desde los 17 años. Reclamaba ―como hizo hasta el final― poder morir allí: “Se me debería dejar vivir en mi casa con mis recuerdos. Tenemos derechos y mi derecho es quedarme aquí. Y, si toca cambiar las leyes, pues que hagan algo”, repetía con dureza.. Una hora antes de su desalojo. Olmo Calvo. Maricarmen enumeraba otros desahucios que había seguido con atención y ya entonces proponía una opción: que el Gobierno aprobara un decreto que permitiera los alquileres indefinidos. “Hay muchos desahucios y, para que personas mayores como yo podamos descansar en paz en nuestras casas, esto podría ayudar”, defendía. Cuando estaba en el hospital, vio por la televisión cómo el Congreso de los Diputados, con los votos en contra de PP, Vox y Junts, tumbó precisamente un decreto que proponía lo que ella pedía.. En 2025, Maricarmen todavía creía que la justicia existía, aunque también decía que no siempre era igual para todos. Un año después había perdido parte de esa fe y fuerza. Sus cosas estaban ya empaquetadas en cajas y lo último que le dijo a este periódico 48 horas antes de abandonar su casa fue:. ―Lo que tenga que ser, será. Esto es lo último. No me queda más para jugar. Lo bueno que me queda es la gente y, por eso, a esa gente que me sigue le pido que siga luchando. Aunque ellos consideren que yo soy la primera vela que ha encendido este campo, que sigan jugando para ganar, siempre cuidando de sus casas. Que luchen, porque en esta vida está la lucha.. Su primo Vicente Lozada, de 78 años, contaba la semana pasada que Maricarmen ya no tenía ganas de comer y que los médicos seguían haciéndole pruebas. “Tengo varias pruebas médicas. De estas piernas van a hacerme un análisis de los nervios y de la sangre. Tengo un TAC para el cerebro, las cervicales y las lumbares”, afirmaba ella antes del desalojo. Desde entonces, su salud siguió deteriorándose. “Estoy contenta porque espero que alguien aprenda de mi lucha para seguir la suya”, dijo desde la cama del hospital Gregorio Marañón, donde falleció este miércoles.. Desde aquella cama vio cómo el decreto que llevaba años reclamando se rebautizaba con su nombre: decreto Maricarmen. También cómo miles de jóvenes salían a las calles para manifestarse, y cómo durante sus últimos días la acampada en la Puerta del Sol para presionar al Gobierno no hacía más que crecer.. Sus seres queridos también cuentan que vio por televisión cómo Pedro Sánchez anunció el lunes la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones. Lo único que no le dio tiempo a hacer fue volver a su casa para morir en su cama. Ahora su portal lo rodean cientos de velas con mensajes de despedida.. Este miércoles, la empresa municipal de vivienda de Madrid envió por la mañana un correo electrónico a la abogada y al primo de Maricarmen para firmar un nuevo contrato de alquiler, ofrecido por la empresa dueña de su piso tras el estallido social que provocó su desahucio. A petición de ambos, acordaron cerrarlo durante la mañana del 8 de octubre, este jueves. Pero no dio tiempo. Menos de 24 horas antes de lo que hubiera sido un nuevo comienzo, Maricarmen falleció.. Ahora el piso volverá a manos de sus dueños y sus cenizas descansarán al lado de las de sus padres. El sindicato de Inquilinas ha organizado este jueves una marcha homenaje desde Sol hasta la que fuera su casa por más de 70 años. “Esa en la que solo querías permanecer hasta el final. Nos vemos todas a las 20.00 horas frente al Oso y el Madroño para marchar juntas”, se puede leer en el texto de la convocatoria.
