Hay un conocido dicho popular que señala: “El peor enemigo de una mujer es otra mujer”. Sería estupendo que todas fuéramos feministas pero no es así, y eso es lo primero que pensé cuando leí que capitanas de distintos equipos de fútbol habían pedido a la Real Federación Española de Fútbol que creara un acuerdo —ya está en marcha— con una clínica de fertilidad para sufragar los tratamientos de preservación de óvulos a las jugadoras. El argumento que justifica esta petición es que el momento de máxima exigencia deportiva coincide con los años de mayor fertilidad de las mujeres.. Seguir leyendo
Me sorprende que las reivindicaciones no pasen por demandar que no se pueda penalizar ser madre, ni en el deporte ni en la sociedad
Hay un conocido dicho popular que señala: “El peor enemigo de una mujer es otra mujer”. Sería estupendo que todas fuéramos feministas pero no es así, y eso es lo primero que pensé cuando leí que capitanas de distintos equipos de fútbol habían pedido a la Real Federación Española de Fútbol que creara un acuerdo —ya está en marcha— con una clínica de fertilidad para sufragar los tratamientos de preservación de óvulos a las jugadoras. El argumento que justifica esta petición es que el momento de máxima exigencia deportiva coincide con los años de mayor fertilidad de las mujeres.. Quiero pensar que esas deportistas obvian que congelar óvulos no es lo mismo que asegurar la maternidad y que desconocen las consecuencias que tiene para el cuerpo de la mujer ese tratamiento: hay que someterse a una estimulación hormonal de los ovarios, deben realizarles una punción ovárica para recuperarlos y vitrificarlos… Y aunque es un procedimiento seguro, no es, y el matiz no es pequeño, inocuo. Es más, a día de hoy se desconocen los efectos que tiene ese tratamiento en el cuerpo de la mujer.. Entiendo que la petición está asociada a una “sensación” que tienen las futbolistas de “penalización” si se quedan embarazadas. Pero me ha sorprendido que la demanda no sea para exigir que se aplique a rajatabla lo que ya contempla la FIFA: un mínimo de 14 semanas de baja por maternidad pagada (con al menos dos tercios del sueldo) y la prohibición explícita del despido o cualquier perjuicio contractual por embarazo. O que no reclamen mayor conciliación familiar, unos contratos a los clubes en los que las trabajadoras estén protegidas durante el embarazo, o que obvien que a día de hoy una empresa no te puede preguntar si estás embarazada y que quieran ofrecerles en bandeja una herramienta perfecta para presionar. ¿Acaso dudáis de qué decisión adoptará un equipo (empresario) entre firmar con una futbolista que acepta congelar sus óvulos (que ya no se quedará embarazada) y otra que no los haya congelado?. En definitiva, me ha extrañado que no se asuma y se defienda que hombres y mujeres tenemos diferencias biológicas y que las reivindicaciones no pasen por demandar que no puede penalizar ser madre.. Es evidente que, asumiendo que una puede hacer lo que considere mejor, congelar óvulos para que nos adaptemos a las exigencias laborales, para que seamos más productivas, no puede considerarse un logro social de las mujeres. Lo que se está haciendo, sin embargo, es trasladar la presión del mercado (laboral o deportivo) a nuestro cuerpo y asumir que las trabajadoras somos “objetos” al servicio de la empresa que será la que nos permita, o no, ser madres en el momento en el que a la organización le convenga. O sea, que prevalezcan los deseos de la empresa que es a la que le conviene que se retrase la maternidad.. Es de primero de feminismo reclamar que ser madre no debe penalizar la carrera de una deportista, ni de ninguna mujer, y así lo han visto las federaciones de otros deportes. La WTA, la asociación de mujeres tenistas, tiene un protocolo específico para respaldar el embarazo, la maternidad y la salud de las tenistas. No solo protege la clasificación mundial de las jugadoras durante el embarazo, para que puedan regresar a la competición en el mismo puesto en el que se encontraban antes, sino que las deportistas durante este período cobran una prestación. También la WNBA (la liga de baloncesto norteamericana) tiene previsto un protocolo en el que se cubre la baja por maternidad y una ayuda a la crianza o la Federación Española de Natación (waterpolo) ha aprobado normativas específicas para asegurar los contratos de las waterpolistas gestantes y regular su regreso seguro al agua. Es justo todo lo contrario. No se trata de penalizar la maternidad sino de facilitarla.. Porque… ¿qué pasará con aquellas futbolistas que no quieran adaptar sus tiempos reproductivos a los tiempos de los clubes? Es más, si la medida prospera, ¿quién te dice que eso no se va a trasladar a todos los sectores? Doctoras, profesoras, abogadas… O cualquier profesión de esfuerzo físico en el que prefieran a las mujeres jóvenes trabajando y dejar el embarazo para más tarde (policías, bomberas, militares). Ya sabemos que “eso de la maternidad” es un problema para las empresas, porque no es rentable.. Y puestos a “buscar beneficios para las empresas”, lo raro es que no hayan mencionado los vientres de alquiler, tiempo al tiempo. Así se busca a mujeres pobres y las ponemos al servicio de mujeres con alta cualificación profesional para evitar bajas maternales que repercutan en las ganancias económicas de las empresas… de los países ricos, claro.. La medida, engañosa, pretende ofrecer a las deportistas un “contexto favorable” para decidir, pero es justo lo contrario, el coste de tener hijos sigue siendo enorme para las mujeres. Tener hijos no puede ser un privilegio, es la condición necesaria para el mantenimiento de una sociedad, es por tanto obligación de esa sociedad facilitarlo y no condicionarlo en nombre de la productividad.. Carmen Domingo es escritora. Su último libro es La soledad fue el precio. Vida de Carmen Díez de Rivera (Tusquets), premio Comillas 2026.
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