Una investigación internacional con participación de la Universidad de Murcia (UMU) concluye que los patrones naturales de precipitación pueden explicar por qué las rogativas para pedir lluvia fueron percibidas durante siglos como eficaces, favoreciendo así la persistencia de estos rituales y de las creencias asociadas a ellos.El estudio, liderado por el profesor de Geografía de la UMU Salvador Gil-Guirado junto a investigadores del Departamento de Economía de la Universidad de Yale, ha sido publicado en la revista The Quarterly Journal of Economics y combina geografía, economía, climatología, antropología e historia.La probabilidad de que llueva durante una sequía prolongada no evoluciona igual en todos los territorios. En zonas como Murcia, esa probabilidad aumenta conforme se alarga el periodo sin precipitaciones, lo que favorecía que la lluvia llegara después del inicio de las rogativas, aunque el ritual no fuera su causa, según ha informado la UMU.Para comprobar esta hipótesis, los investigadores analizaron dos series documentales independientes correspondientes a Murcia entre 1600 y 1836: los registros eclesiásticos de rogativas y los registros municipales de precipitaciones.Los resultados muestran que haber celebrado una rogativa durante el mes anterior se asociaba con un incremento del 71% en la probabilidad diaria de registrar una lluvia relevante. No obstante, los autores subrayan que esta relación no implica causalidad, sino que las rogativas se celebraban cuando las sequías ya eran prolongadas y, por tanto, cuando la lluvia era estadísticamente más probable.El trabajo sostiene que esta sucesión de acontecimientos pudo reforzar la percepción de que las plegarias habían sido eficaces y contribuir a la continuidad de estos rituales a lo largo del tiempo.Los investigadores ampliaron además el análisis a escala mundial mediante una base de datos elaborada a partir de 370 fuentes antropológicas sobre 1.208 grupos étnicos. Según el estudio, las sociedades asentadas en lugares donde la probabilidad de lluvia aumenta durante las sequías son un 47% más propensas a practicar rituales para pedir lluvia que aquellas ubicadas en climas donde esa probabilidad permanece estable.La investigación también señala que la dependencia de la agricultura intensiva incrementó la importancia de estas prácticas, al convertir la lluvia en un elemento esencial para la supervivencia y la cohesión de las comunidades.Gil-Guirado destaca que «el medio geográfico no solo condiciona nuestra economía o nuestras formas de subsistencia; también condiciona la información que recibimos y la manera en que interpretamos la realidad», al tiempo que afirma que el estudio muestra cómo el entorno natural puede influir en la formación y persistencia de determinadas tradiciones y creencias. Noticias de Murcia: última hora de hoy en La Razón
Una investigación internacional con participación de la Universidad de Murcia (UMU) concluye que los patrones naturales de precipitación pueden explicar por qué las rogativas para pedir lluvia fueron percibidas durante siglos como eficaces, favoreciendo así la persistencia de estos rituales y de las creencias asociadas a ellos. El estudio, liderado por el profesor de Geografía de la UMU Salvador Gil-Guirado junto a investigadores del Departamento de Economía de la Universidad de Yale, ha sido publicado en la revista The Quarterly Journal of Economics y combina geografía, economía, climatología, antropología e historia. La probabilidad de que llueva durante una sequía prolongada no evoluciona igual en todos los territorios. En zonas como Murcia, esa probabilidad aumenta conforme se alarga el periodo sin precipitaciones, lo que favorecía que la lluvia llegara después del inicio de las rogativas, aunque el ritual no fuera su causa, según ha informado la UMU. Para comprobar esta hipótesis, los investigadores analizaron dos series documentales independientes correspondientes a Murcia entre 1600 y 1836: los registros eclesiásticos de rogativas y los registros municipales de precipitaciones. Los resultados muestran que haber celebrado una rogativa durante el mes anterior se asociaba con un incremento del 71% en la probabilidad diaria de registrar una lluvia relevante. No obstante, los autores subrayan que esta relación no implica causalidad, sino que las rogativas se celebraban cuando las sequías ya eran prolongadas y, por tanto, cuando la lluvia era estadísticamente más probable. El trabajo sostiene que esta sucesión de acontecimientos pudo reforzar la percepción de que las plegarias habían sido eficaces y contribuir a la continuidad de estos rituales a lo largo del tiempo. Los investigadores ampliaron además el análisis a escala mundial mediante una base de datos elaborada a partir de 370 fuentes antropológicas sobre 1.208 grupos étnicos. Según el estudio, las sociedades asentadas en lugares donde la probabilidad de lluvia aumenta durante las sequías son un 47% más propensas a practicar rituales para pedir lluvia que aquellas ubicadas en climas donde esa probabilidad permanece estable. La investigación también señala que la dependencia de la agricultura intensiva incrementó la importancia de estas prácticas, al convertir la lluvia en un elemento esencial para la supervivencia y la cohesión de las comunidades. Gil-Guirado destaca que «el medio geográfico no solo condiciona nuestra economía o nuestras formas de subsistencia; también condiciona la información que recibimos y la manera en que interpretamos la realidad», al tiempo que afirma que el estudio muestra cómo el entorno natural puede influir en la formación y persistencia de determinadas tradiciones y creencias.
El trabajo, publicado en ‘The Quarterly Journal of Economics’, analiza registros históricos de Murcia entre 1600 y 1836
