Algunos lugares parecen detenidos en el tiempo y otros, incluso sin salir de Galicia, transportan al viajero a paisajes que recuerdan a los Alpes. Seceda pertenece a esa segunda categoría. Esta pequeña parroquia del municipio lucense de Folgoso do Courel, situada a unos 770 metros de altitud y con apenas una treintena de habitantes, es uno de los conjuntos de arquitectura tradicional mejor conservados de la comunidad. En cuanto uno se adentra en la aldea comprende por qué es uno de los grandes tesoros escondidos de la montaña lucense. Las viviendas de piedra se agrupan formando un núcleo compacto, adaptado a la fuerte pendiente del terreno. Sobre las estrechas y empinadas calles aparecen corredores aéreos que unen unas casas con otras, compartiendo incluso las cubiertas. Es la denominada estructura «empoleirada», una disposición típica medieval que convierte el paseo por Seceda en una experiencia muy diferente a la de cualquier otra aldea gallega. La protagonista absoluta de este paisaje es la pizarra. Fachadas, tejados, muros, escaleras y callejones están construidos con la piedra que durante siglos ha definido la arquitectura de O Courel. El resultado es un conjunto perfectamente integrado en el entorno, donde las construcciones parecen surgir de la propia montaña. La restauración Durante décadas, como ocurrió en muchas aldeas del interior gallego, Seceda sufrió las consecuencias de la despoblación y el abandono. Sin embargo, una ambiciosa recuperación cambió por completo su aspecto. Las actuaciones permitieron restaurar fachadas, cubiertas, escaleras y calles, devolviendo al conjunto su imagen tradicional y convirtiéndolo en uno de los rincones más atractivos de la Serra do Courel. Hoy, recorrer sus callejuelas empedradas es hacerlo por un auténtico museo al aire libre de la arquitectura popular gallega. Este trabajo de recuperación fue reconocido con la declaración de Bien de Interés Turístico, una distinción que puso en valor tanto la singularidad del núcleo como el esfuerzo realizado para conservar su patrimonio. La iglesia y el castro A escasos metros del caserío se encuentra otro de los símbolos de la parroquia: la iglesia de San Silvestre. El templo se levanta sobre una pequeña elevación orientada hacia el sur, desde donde se disfruta de una amplia panorámica del valle y de las montañas que rodean la aldea. El entorno invita a detenerse sin prisas. El silencio, roto únicamente por el viento y los sonidos de la naturaleza, es parte esencial del encanto de Seceda. La historia de la parroquia se remonta mucho más atrás de la Edad Media. En sus inmediaciones se localiza el castro de A Torre, también conocido como castro de Sobredo, un asentamiento datado entre los siglos II y IV después de Cristo. El acceso está señalizado y, tras un breve paseo, el visitante llega hasta un gran promontorio con unas vistas espectaculares sobre la sierra. Allí todavía pueden apreciarse restos de la antigua fortificaci?
Conserva una arquitectura única, con viviendas unidas por corredores elevados, cubiertas de pizarra y un entramado medieval
Algunos lugares parecen detenidos en el tiempo y otros, incluso sin salir de Galicia, transportan al viajero a paisajes que recuerdan a los Alpes. Seceda pertenece a esa segunda categoría. Esta pequeña parroquia del municipio lucense de Folgoso do Courel, situada a unos 770 metros de altitud y con apenas una treintena de habitantes, es uno de los conjuntos de arquitectura tradicional mejor conservados de la comunidad.En cuanto uno se adentra en la aldea comprende por qué es uno de los grandes tesoros escondidos de la montaña lucense. Las viviendas de piedra se agrupan formando un núcleo compacto, adaptado a la fuerte pendiente del terreno.Sobre las estrechas y empinadas calles aparecen corredores aéreos que unen unas casas con otras, compartiendo incluso las cubiertas. Es la denominada estructura «empoleirada», una disposición típica medieval que convierte el paseo por Seceda en una experiencia muy diferente a la de cualquier otra aldea gallega.La protagonista absoluta de este paisaje es la pizarra. Fachadas, tejados, muros, escaleras y callejones están construidos con la piedra que durante siglos ha definido la arquitectura de O Courel. El resultado es un conjunto perfectamente integrado en el entorno, donde las construcciones parecen surgir de la propia montaña. La restauraciónDurante décadas, como ocurrió en muchas aldeas del interior gallego, Seceda sufrió las consecuencias de la despoblación y el abandono. Sin embargo, una ambiciosa recuperación cambió por completo su aspecto.Las actuaciones permitieron restaurar fachadas, cubiertas, escaleras y calles, devolviendo al conjunto su imagen tradicional y convirtiéndolo en uno de los rincones más atractivos de la Serra do Courel. Hoy, recorrer sus callejuelas empedradas es hacerlo por un auténtico museo al aire libre de la arquitectura popular gallega.Este trabajo de recuperación fue reconocido con la declaración de Bien de Interés Turístico, una distinción que puso en valor tanto la singularidad del núcleo como el esfuerzo realizado para conservar su patrimonio.La iglesia y el castroA escasos metros del caserío se encuentra otro de los símbolos de la parroquia: la iglesia de San Silvestre. El templo se levanta sobre una pequeña elevación orientada hacia el sur, desde donde se disfruta de una amplia panorámica del valle y de las montañas que rodean la aldea.El entorno invita a detenerse sin prisas. El silencio, roto únicamente por el viento y los sonidos de la naturaleza, es parte esencial del encanto de Seceda.La historia de la parroquia se remonta mucho más atrás de la Edad Media. En sus inmediaciones se localiza el castro de A Torre, también conocido como castro de Sobredo, un asentamiento datado entre los siglos II y IV después de Cristo. El acceso está señalizado y, tras un breve paseo, el visitante llega hasta un gran promontorio con unas vistas espectaculares sobre la sierra. Allí todavía pueden apreciarse restos de la antigua fortific
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