A vueltas con la tradición, algo normal en tiempos digitales de velocidades asombrosas para quienes no sean jóvenes. Y son precisamente los jóvenes los que han decidido recrear esa tradición en lenguajes más veloces, a menudo digitales. Para unos sacrilegio, para otros, los más, simple evolución de un material que también se puede interpretar tal y como nos ha sido legado. Ninguna opción es un desdoro y ambas pueden coincidir. Este era el concepto que llevó a Paral·lel 62 dentro del GREC a dos artistas que traman historias en la red de la tradición, un gallego, Baiuca, y una cantante de Valldemosa, Julia Colom. Ambos, que además han realizado colaboraciones, se conocen y estiman recíprocamente, ofrecieron sendos conciertos ante un público que casi llenó la sala, o la llenó visualmente, y que pasó de la intimidad que propone la mallorquina al baile festivo, con botes, saltos y brazos al aire, del gallego. Una fiesta popular en dos tonos. Seguir leyendo
A vueltas con la tradición, algo normal en tiempos digitales de velocidades asombrosas para quienes no sean jóvenes. Y son precisamente los jóvenes los que han decidido recrear esa tradición en lenguajes más veloces, a menudo digitales. Para unos sacrilegio, para otros, los más, simple evolución de un material que también se puede interpretar tal y como nos ha sido legado. Ninguna opción es un desdoro y ambas pueden coincidir. Este era el concepto que llevó a Paral·lel 62 dentro del GREC a dos artistas que traman historias en la red de la tradición, un gallego, Baiuca, y una cantante de Valldemosa, Julia Colom. Ambos, que además han realizado colaboraciones, se conocen y estiman recíprocamente, ofrecieron sendos conciertos ante un público que casi llenó la sala, o la llenó visualmente, y que pasó de la intimidad que propone la mallorquina al baile festivo, con botes, saltos y brazos al aire, del gallego. Una fiesta popular en dos tonos. Seguir leyendo
A vueltas con la tradición, algo normal en tiempos digitales de velocidades asombrosas para quienes no sean jóvenes. Y son precisamente los jóvenes los que han decidido recrear esa tradición en lenguajes más veloces, a menudo digitales. Para unos sacrilegio, para otros, los más, simple evolución de un material que también se puede interpretar tal y como nos ha sido legado. Ninguna opción es un desdoro y ambas pueden coincidir. Este era el concepto que llevó a Paral·lel 62 dentro del GREC a dos artistas que traman historias en la red de la tradición, un gallego, Baiuca, y una cantante de Valldemosa, Julia Colom. Ambos, que además han realizado colaboraciones, se conocen y estiman recíprocamente, ofrecieron sendos conciertos ante un público que casi llenó la sala, o la llenó visualmente, y que pasó de la intimidad que propone la mallorquina al baile festivo, con botes, saltos y brazos al aire, del gallego. Una fiesta popular en dos tonos.
Julia canta como los ángeles y en ocasiones evoca a María del Mar Bonet, más que en su tono y rango en la forma de encajarla en las canciones y en el uso de melismas. Los matices electrónicos de Paradís, su último trabajo, desaparecieron en directo a favor de una batería acústica y dos guitarras también acústicas, con las que inició su concierto con la espléndida Sa teva barca,a la sazón también tema de apertura de Paradís.Aunque en algunos momentos la voz no estuvo perfecta, acabó imponiendo su personalidad, incluso en temas sin batería, como en la repesca que hizo de Olivera. Referencias clásicas en T’he cercat, que definió como su particular viaje a Ítaca y más referencias a espacios simbólicos, en esta caso la equiparación de una isla con su propia persona en Una illa per tu i per jo, una de sus mayores aproximaciones, en disco, a lo que podríamos considerar pop electrónico, una pieza tan reposada como hermosa. El concierto que hubo de luchar contra la socialización verbal del público, se cerró con una denuncia y un fragmento de canción. Julia denunció que dos jóvenes fuesen detenidas en Mallorca por hacer pintadas contra el turismo, y cantó a capella unas estrofas de un tema donde denuncia la masificación que, según cantó, no beneficia a la sociedad sino a unos pocos. “Mallorca, hace tiempo que te oigo llorar” añadió melódicamente instantes después.
Lo de Baiuca (taberna o tasca en gallego) es también reivindicativo, aunque sólo sea por emplear el gallego como idioma de su música, al que añadió incluso el euskera en Xorieri. Una fiesta de las periferias en lenguaje de electrónica, house y bombo a negras para ensalzar el baile con raíces en la tradición y la temática popular (cerró con una muñeira, Ribeirana,y con Valeno,la pieza que en disco canta Rodrigo Cuevas). En este sentido sonó Paxaro do demo,que narra la historia real de la impresión que a dos críos de una aldea (Lin, en Lugo) les produjo el avistamiento de un avión, el primero que veían, allí por inicios del siglo XX. El asombro, ingenuidad y miedo, los críos pensaban que el ingenio los iba a devorar, recuperados con tecnología décadas después. Aunque no todo fue tecnología digital, pues el percusionista, acústico, Xosé Lois Romero tocó, precisamente en Paxaro do demo, el charrasco, un mástil con una cuerda paralela al mismo para percutir, rematado por un armazón de madera que lleva sonajas metálicas (tipo las de la pandereta). También hubo azadas, conocidas en Galicia como sachos, en las que las coristas percutían su hoja metálica con varillas. Tecnología de ayer y de hoy. Sea todo por el baile y por sostener que el paso del tiempo no todo lo arrincona.
La pista fue una verbena con la socialización espoleada por temas como Meigallo y Vai tu,primera entregas de una noche que pronto cosquilleó la pista con hits como Fisterra, que en disco canta Carlangas y que en Paral·lel 62, además de las tres cantantes que incluye el grupo de Alejandro Guillán Castaño, que no canta, interpretó el público a pleno pulmón. Al menos los fragmentos de letra que conocía, un “eu també choro” con un ritmo que no sabes si te lleva a Jamaica, a Lima o a la propia Fisterra. O a los tres lugares a la vez, que en el fondo debe ser la idea. También sonó Sísamo,donde el gallego casa con la aceleración entrecortada del UK Garage. Julia Colom se sumó a la fiesta en la parte final, pero antes ya interpretó Diamante, una pieza que en disco canta Alba Reche pero que en directo se adaptó ejemplarmente a la mallorquina. Con ella estrenó Baiuca una pieza que transmitió la complicidad entre ambos, ejemplificada en la parte final y en los abrazos que despidieron el concierto. Antes, y como paradigma de lo escuchado, estalló Barullo, término que nos viene a decir que hay un hilo que une las fiestas populares y las raves, porque en el fondo, en temas sustanciales, no somos tan distintos de quienes nos precedieron. Las tradiciones, adaptadas o no, nos lo recuerdan.
EL PAÍS
